26 de septiembre de 2020
26.09.2020

Contra la meritocracia

Desde perspectivas distintas, dos pensadores dispares como Michael Sandel y César Rendueles coinciden en desmontar la falacia de la igualdad de oportunidades

26.09.2020 | 06:45
Contra la meritocracia

La desigualdad es una brecha que tiende a abismarse, una potencial bomba antisistema cebada por los mecanismos desbocados del propio sistema. Lo que en otro tiempo pudo parecer una afirmación radical gana consenso ahora entre quienes se dedican al análisis de lo social, sean economistas, sociólogos o filósofos, con independencia de su perspectiva ideológica. Es el caso de César Rendueles (Gerona, 1975) y Michael Sandel (Minneapolis, 1953), dos generaciones distantes y dos perfiles de pensamiento muy distintos, cuyos libros más recientes coinciden en dejar en evidencia uno de los mecanismos internos de ascenso social que, bajo la apariencia de la igualdad de oportunidades, más agranda la brecha social. La tiranía del mérito (Sandel) y Contra la igualdad de oportunidades (Rendueles) ponen en evidencia la falacia meritocrática, la idea arraigada de que todo lo que se consigue es resultado exclusivo del esfuerzo individual, que el éxito justifica que a los triunfadores todo les esté permitido, incluido amasar fortunas absurdamente desproporcionadas. La meritocracia, sostienen ambos, disuelve los vínculos sociales y arruina el bien común, pero además entroniza a unas elites, muchas veces con apariencia progresista, que se autoconsideran superiores a quienes no han alcanzado su prosperidad y generan el resentimiento social que alimenta los populismos y a bestias políticas del tamaño de Donald Trump.

Desde la publicación, hace ya siete años, de Sociofobia (El cambio político en la era digital), César Rendueles ha conseguido acreditarse como un perspicaz analista de la realidad social. Profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, combina una sólida formación filosófica, muy arraigada en el marxismo, con una escritura clara, que se nutre del amplio universo alimentado como lector, del que daba cuenta en Capitalismo canalla (2015). Sus libros dejan constancia de que nacer en Gerona fue un accidente y su crecer en Asturias está muy presente en los casos a los que recurre para ejemplificar sus tesis.

Rendueles es un teórico inclinado al activismo, algunas de cuyas ideas están muy presentes en el origen de movimientos con el 15-M o en formulaciones programáticas de Podemos. Esa cercanía nunca fue obstáculo para reclamar la autocrítica a medida que lo que en origen era la promesa de una formación de izquierdas radical fraguaba como otro partido más, siguiendo la línea trazada desde el hiperliderazgo de Iglesias. Contra la igualdad de las oportunidades (un panfleto igualitarista) mantiene exigencia de que la izquierda revise planteamientos que la desconectan de aquellos en favor de los que dice trabajar. Baste a modo de ejemplo su defensa de una institución siempre bajo sospecha para ciertas sensibilidades: "No reconocer el valor intrínseco que la mayor parte de la gente atribuye a la familia equivale a regalar a las fuerzas conservadoras un espacio de socialización que, podemos estar seguros, no va a desaparecer". El libro más reciente de César Rendueles adopta la forma provocadora del panfleto, pero es el resultado de diez años de reflexión, según su autor, que lo llevan a la conclusión de que "la igualdad no solo tiene condiciones jurídicas, como pensó la tradición liberal, y materiales, como defendieron los marxistas. Tiene, sobre todo, condiciones políticas, en el sentido de sociales, un tipo de vínculo interpersonal más sólido que el que nos ofrecen las sociedades líquidas posmodernas".

Frente a un pensador emergente como Rendueles, Michael Sandel, tiene tras de sí cuarenta años de enseñanza en Harvard. El premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de 2018 combina su reputación académica con un éxito mediático que lo convierte en el Sócrates de la era de internet por su dominio del método de enseñanza filosófica más elemental, y a la vez más complicado, que no es otro que el diálogo. Fiel a esa forma de desentrañar la verdad, el subtítulo de su último libro tiene la forma de pregunta, ¿Qué ha sido del bien común?, pero el título, La tiranía del mérito, desconcierta por el fuerte arraigo de la falsa idea de que todo se lo debemos al esfuerzo personal ("Las intuiciones meritocráticas son comunes a todas las sensibilidades del espectro político"). Por ello, Sandel busca responder a la pregunta de "¿Cuándo se volvió tóxico el mérito y cómo lo hizo?". El prólogo de la obra alude, como no podía ser de otra manera, al contexto pandémico: "Movilizarnos para enfrentarnos a la crisis de salud pública mundial que tenemos ante nosotros requiere no solo del conocimiento experto médico y científico, sino también de una renovación moral y política". Sandel también aporta, desde la perspectiva de la filosofía política y moral, material para quienes quieren reformular sus propuestas sociales sobre aquello que deberíamos aprender de la excepcional situación que vivimos.

La reflexión de Sandel se centra mucho en el modelo universitario estadounidense para ejemplificar los efectos perversos de la meritocracia, lo que puede crear cierta distancia con el lector español, pero resulta muy ilustrativo de su tesis. Un título universitario es, en Estados Unidos, la antesala de la prosperidad y del éxito máximo si además lleva el sello de uno de los centro del reducido club del prestigio universitario. En España, la formación superior no garantiza nada y nos enfrentamos a una sobrecualificación que devalúa la enseñanza universitaria y frustra a sus supuestos beneficiarios.

Al igual que en libros anteriores, como Lo que el dinero no puede comprar (2013), en La tiranía del mérito Sandel cuestiona la capacidad de la sociedad de mercado para dar respuesta a muchas necesidades básicas que están más allá de las leyes de la oferta y la demanda y que resultan básica para tejer una urdimbre social compacta. Rendueles coincide con esa perspectiva cuando afirma que "necesitamos mercados, sí. La cuestión crucial es cuáles son sus límites y qué lugar ocupan en nuestras sociedades".

La meritocracia, escribe Sandel, "tiene un efecto corrosivo en las sensibilidades cívicas, puesto que, cuanto más nos concebimos como seres hechos a sí mismos y autosuficientes, más difícil nos resulta aprender gratitud y humildad. Y, sin estos dos sentimientos, cuesta mucho preocuparse por el bien común". El profesor de Harvard constata que "la cultura pública ha ido potenciando la impresión de que somos responsables de nuestro destino y nos merecemos lo que tenemos". El triunfo del neoliberalismo sin restricciones en la década de los 80 del siglo pasado imprime una aceleración a ese proceso y "el gran aumento de la desigualdad de las últimas décadas tuvo como correlato un crecimiento rapidísimo de la creencia en los valores meritocráticos", apunta César Rendueles. Todo ello desemboca en "un momento como el actual, en que la ira contra las elites ha llevado a la democracia hasta el borde del abismo", por lo que "la del mérito es una cuestión que debe tratarse con particular urgencia" (Sandel).

La igualdad de oportunidades es un presupuesto falso. "La meritocracia actual ha fraguado en una especie de aristocracia hereditaria" (Sandel) y "los jóvenes procedentes de las clases populares siempre llegan tarde a la carrera meritocrática" (Rendueles). Pero además arruina el valor de trabajos básicos, esenciales para la sociedad, como la pandemia pone en evidencia, pero carentes de toda relevancia desde esa visión meritocrática en la medida en que están en manos de aquellos que se supone que son los que menos han hecho por sí mismos. "Nuestra versión tecnocrática de la meritocracia corta el vínculo entre mérito y juicio moral. En el terreno de la economía, se limita a asumir que el bien viene definido por el PIB y que el valor de las aportaciones de las personas equivale al valor de mercado de los bienes o servicios que venden. En el terreno del gobierno, presupone que el mérito significa un conocimiento experto tecnocrático", resume Sandel. "Algunos de los trabajos mejor pagados son socialmente muy destructivos mientras que muchos empleos imprescindibles para el sostenimiento de la vida tienen remuneraciones miserables", certifica Rendueles.

Desde dos trayectorias y perspectivas distintas, La tiranía del mérito y Contra la igualdad de oportunidades coinciden en desnudar la falacia meritocrática y son elementos valiosos para roturar el debate sobre la cada vez más amenazante desigualdad.

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