05 de septiembre de 2020
05.09.2020

'El cuerpo' cumple 80

Raquel Welch, que desde hoy es octogenaria, fue lastrada por el cliché erótico que encarnó y la industria castigó su rebelión

04.09.2020 | 22:48
'El cuerpo' cumple 80

En su época de esplendor la apodaron El cuerpo, término reduccionista que hoy no aceptaría ninguna actriz de Hollywood mínimamente concienciada. Eran otros tiempos y muchas actrices se medían por sus atributos físicos antes que por los interpretativos. En una de las películas que protagonizó en los años 60, La mujer de cemento, su director, Gordon Douglas, dirigió unos cuantos zooms muy poco elegantes al trasero de Raquel Welch. Entonces no pasaba nada. Hollywood se regía por sus normas más bien poco liberales. Ella tuvo que rentabilizar ese cuerpo y asumir que se convertía en una de las sex symbols más poderosas de su tiempo. Triunfó en cierta medida, pero ese calificativo también lastró buena parte de su carrera.

Welch cumple hoy 80 años. Lo hace prácticamente apartada de las pantallas que la convirtieron en mito erótico universal en los años 60 y 70. Le tocó cambiar su nombre original latino, Jo Raquel Tejada, como hizo Rita Cansino para convertirse en Rita Hayworth. Welch era hija de un ingeniero aeronáutico boliviano instalado en Chicago, Armando Carlos Tejada. A los 19 años se casó con James Westley Welch, el primero de sus cuatro maridos, y desde entonces adoptó el apellido de su esposo. Eso sí, no quiso americanizar su nombre de pila.

Ajustado traje prehistórico

La suya fue una carrera fulgurante. El traje prehistórico ajustado que lució en Hace un millón de años (1966) -o cómo convertir los tiempos de las cavernas en alto voltaje erótico-, que se rodó en varios rincones de Canarias, y causó revuelo. Era su primer filme importante después de haber intervenido en uno de Elvis Presley, El trotamundos (1964), y de haber formado pareja con Marcello Mastroianni en Dispara fuerte, más fuerte... no lo entiendo (1964).

Tan popular llegó a ser que una de sus películas, The biggest bundle of them all (1968), tuvo entre nosotros el título de Raquel y sus bribones cuando su personaje se llama... ¡Juliana! Fue heroína proactiva de wéstern en Anna Caulder (1971), amante de Barba Azul en la película homónima de 1972 protagonizada por Richard Burton y la doncella de la reina en Los tres mosqueteros / Los cuatro mosqueteros (1973-1974). Intentó un giro radical con Myra Breckinridge (1970), filme escrito por Gore Vidal, y coprotagonizado con la diva vamp Mae West, sobre el cambio de sexo, pero fue un escándalo saldado con malas críticas.

Demanda ganada

Uno de los casos más sonados en la carrera de la actriz ocurrió en 1981. Metro Goldwyn Mayer la había contratado para protagonizar junto a Nick Nolte, Cannery Row, adaptación de la novela homónima de John Steinbeck centrada en la relación entre un biólogo marino y una prostituta. A los pocos días de haber comenzado el rodaje, Welch fue despedida y sustituida por Debra Winger, que tenía 15 años menos que ella y estaba a punto de saltar a la fama con Oficial y caballero.

"Lo que hicieron fue utilizar mi nombre para conseguir la financiación de la película y luego me sustituyeron por Debra Winger, que era en quien habían pensado desde el principio", explicó Welch años después. La actriz se rebeló contra las circunstancias e interpuso una demanda de 24 millones de dólares a MGM por incumplimiento de contrato.

Relegada a la televisión

Los estudios de Hollywood no tenían en los 80 la fuerza de antaño, de modo que Welch ganó la demanda en 1988. Las razones que adujeron los abogados de la compañía resultaban bastante peregrinas: argumentaron que su obstinación en peinarse y maquillarse en casa y no en el plató representaba una violación de su contrato. Si el estudio la consideraba demasiado mayor para el papel (y ese era el quid de la cuestión), ¿por qué la habían contratado? Nunca se había caracterizado por ser combativa contra el sistema, pero Welch se convirtió de este modo en heroína de los derechos de las actrices, aunque a partir de ese momento su carrera se ciñó básicamente a la televisión. Ganó la demanda, pero la industria la castigó.

Una de sus pocas intervenciones cinematográficas posteriores fue en Tortilla soup (2001), remake estadounidense dirigido por María Ripoll del filme de Ang Lee Comer, beber, amar.

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