El Espacio La Granja se ha convertido estos días en un espacio de creación e investigación para el colectivo Lamajara, formado por los bailarines y coreógrafos Paloma Hurtado, Reinaldo Ribeiro y Daniel Rosado. El objetivo de esta residencia es crear una pieza, Ígnea, cuyo estreno está previsto para el próximo 20 de septiembre (20:00 horas) en el marco del Festival de las Artes en Movimiento (FAM). Cuenta con la colaboración, como coproductores, de los Teatros del Canal. Allí, en Madrid, han tenido lugar las primeras tres semanas del proceso creativo de esta obra. Por ese motivo, Ígnea también podrá ser disfrutada en el recinto del barrio de Chamberí, concretamente los próximos días 16 y 17 de septiembre. Este cambio de ubicación en la residencia no afecta lo más mínimo al proceso, explicó ayer Hurtado durante un descanso. "Seguimos una línea de trabajo que vamos cambiando despacio pero todo continúa. No afecta. Lo cierto es que tenemos la oportunidad, en La Granja, de ensayar en el sitio en donde vamos a tener la actuación y así nos podemos adaptar a todo el tema espacial. Aquí, además, vamos a tener la residencia técnica -del 20 al 27, es el último tramo- y podremos generar todo el universo de iluminación y escenografía; todo pensado para este espacio y eso se agradece muchísimo", detalló.

Ígnea es un paso más en un proceso de búsqueda que el colectivo Lamajara inició hace ya unos cinco años. "Emprendimos un viaje hacia la simplicidad y la sencillez. Ahondamos mucho en el trabajo de los campesinos, en el campo, en lo rural; nos metimos en ese territorio. Como evolución lógica de todo eso ha llegado esta creación. Por un lado, teníamos el deseo de hacer algo más grande, con un elenco de bailarines mayor y con un equipo de trabajo muy importante. Por otro lado, lo hicimos con la intención de seguir ahondando hacia el origen y hacia la base de lo vital", explicó Hurtado. "Estábamos en ese lugar de las cosas sencillas de la vida, de la simplicidad, la honestidad y la humanidad. Pensamos que el origen del territorio, de la tierra, era el volcán. Es una especie de paralelismo entre la naturaleza y la vida humana", aclaró.

El lenguaje del cuerpo, la danza, permea y llega al público en forma de invitación de la mano de este colectivo de artistas. "Al final, creo que antes de bailarines y creadores somos personas y nos afectamos de las cosas", detalló. "Nos encanta pensar en las obras como una invitación a que el público participe de nuestro viaje", concluyó Hurtado.

Tras su estreno en Madrid y Tenerife, Ígnea proseguirá su periplo por otros festivales nacionales, al menos por el momento, ya que la pandemia sanitaria impide aún hacer planes más ambiciosos.