La Fundación CajaCanarias, entidad que atesora unas 1.500 obras de arte fruto de su intensa actividad expositiva y cultural durante el último siglo en la Isla, acaba de sumar una nueva pieza a su colección. Recientemente adquirida, aún no ha podido ser expuesta aunque los planes de los gestores de la institución incluyen hacerlo en cuanto tengan la ocasión. La casualidad ha hecho que esta obra sea precisamente del pintor grancanario Jorge Oramas (1911-1935), un creador que aún no estaba representado en sus fondos y que pasó confinado buena parte de su vida a causa de la tuberculosis que padecía y que acabó con él cuando apenas tenía 24 años.

La pieza, titulada Paisaje de Marzagán, es una obra largamente anhelada por los responsables de esta importante colección. La mayor parte de las creaciones de Oramas están en los fondos del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) y también hay algunas piezas en los depósitos de TEA Tenerife Espacio de las Artes.

Este cuadro fue adquirido en noviembre del año pasado. "Son varias las formas en las que nuestra colección va aumentando. Cuando organizamos nuestras exposiciones temporales, llegamos a acuerdos con los artistas que participan para adquirir algunas de las obras. Esto lo llevamos haciendo desde 1968, así que por esta vía han entrado en la colección muchas e importantes piezas como algunas de Pedro González, por poner solo un ejemplo", explicó el director del Área de Cultura de la Fundación, Álvaro Marcos Arvelo. Otras piezas llegan casi por "azar" gracias a la oportunidad que ofrecen las subastas y en otras ocasiones parecen resistirse. "Nos pasó con Oramas, llevábamos tiempo queriendo contar con una de sus obras", aclaró Arvelo.

Finalmente, se pudo cerrar el acuerdo con el propietario privado de este luminoso paisaje grancanario. "Cuando Oramas falleció, mucha de su obra fue legada al doctor que lo atendió durante muchos años, Rafael O'Shanahan. Fue su albacea. A través de esta familia pudimos acceder a él", aseguró. "Siempre buscamos obras como esta, que deben estar presentes en la colección porque ayudan a establecer un discurso entre la identidad y el paisaje. En este sentido, Oramas es esencial", matizó.

El destino ha querido que este creador se haya sumado al listado de piezas de arte de CajaCanarias en un momento que no podía ser más idóneo. Oramas, como todos los canarios desde hace casi dos meses, pasó buena parte de su vida aislado, encerrado y pintando apenas lo que podía ver desde su ventana. Sus motivos para el encierro eran, eso sí, bien distintos a los actuales.

No fue una pandemia lo que le obligó a confinarse, sino la tuberculosis. Esta enfermedad le mantuvo ingresado en varios centros durante buena parte de su vida. "Estuvo durante muchos años en el Hospital de San Martín de Las Palmas de Gran Canaria pintando esas casas de los riscos. Era la única forma de que su mirada se proyectara hacia fuera. Años después, termina en el Centro de Alienados de Tafira, otra vez recluido y asilado. Ahí es cuando busca atrapar esa luz metafísica de los paisajes maravillosos que pinta de Marzagán o de Los Hoyos. Es lo que ve desde la ventana. Es un pintor que vive confinado por su propia enfermedad pero mirando hacia fuera. Nos ha dado una de las miradas más luminosas hacia el paisaje de las Islas", relata.

El Paisaje de Marzagán es una de las obras más emblemáticas de un autor que mereció incluso una retrospectiva en el Museo Nacional Reina Sofía. Fue en 2003 y en aquella ocasión se expusieron en Madrid 29 de los apenas 60 lienzos que tuvo ocasión de pintar durante su corta existencia. De hecho, la muestra llevó por título José Jorge Oramas: metafísico solar.

A través de la obra de Oramas se puede entender perfectamente esa idea de aislamiento que siempre ha estado presente en las creaciones de los artistas isleños y que ahora, por desgracia, se ha convertido en un asunto más real que nunca para una población encerrada para frenar el avance del Covid-19.

El aislamiento le llega a Oramas de distintas formas y desde bien temprano. Su madre falleció a causa de la tuberculosis cuando él apenas tenía dos años y eso le lleva a vivir su primer aislamiento: el de la pobreza. Años después, la tuberculosis le obliga a confinarse también físicamente. "Toda esa dureza, esa introversión, le lleva a buscar una luz interior a la que llega con los paisajes", destaca Arvelo. Aislado, confinado físicamente, Oramas pinta paisajes vibrantes y vitalistas en los que el mar llega aparecer pero oculto siempre tras elementos como las arboledas. "Ese horizonte escondido es la prueba de que él es consciente de que el mar para él es una quimera inalcanzable. Sabe que morirá joven", apostilla el responsable de CajaCanarias.

El isleño busca siempre la esperanza en el mar, en ese horizonte que se le resiste a Oramas por su enfermedad. "Los canarios preguntamos siempre al horizonte, como decía Martín Chirino: somos seres confinados y por lo tanto soñamos", rememora Arvelo. Por eso, continúa, el del aislamiento es un tema que se repite constantemente en el arte de las Islas. "Al enfrentarse a su paisaje exterior llegan al paisaje interior", apostilla. Y eso quizás podría explicar el hecho de que en Canarias se hayan pintado tan pocas marinas y sí tantos, distintos y maravillosos paisajes.

"En los artistas canarios -también entre los escritores- está siempre presente esa sensación de aislamiento. Piensa en Santiago Palenzuela, que está muy conectado con Oramas", detalla. De hecho, cuando se organiza la exposición de Oramas en el Museo Reina Sofía, que comisaría Juan Manuel Bonet, este le encarga uno de los textos a Santiago Palenzuela. Palenzuela, pese a ser completamente libre de salir, dedica gran parte de su vida a pintar "casi compulsivamente" las cuatro paredes del estudio donde vive y trabaja.

Para dar cuenta de ese sentimiento de aislamiento que ha marcado históricamente al canario, el responsable de los fondos de la decana Fundación ofrece más ejemplos entre los grandes nombres de la creación contemporánea del Archipiélago. "Si piensas en Cristino de Vera te das cuenta de que todos esos cuadros que hace de ventanas al sur de Tenerife -donde se ven esos perfiles de los volcanes- son ejecutados desde su confinamiento en un pequeño estudio de Madrid. Es un cuarto completamente interior con apenas luz, casi con luz artificial. Ahí su imaginario vuela a paisajes de la infancia, al paisaje nativo del sur de la Isla", destaca. Y los ejemplos ilustres prosiguen con otro de los grandes: Óscar Domínguez. "En su caso, recrea paisajes oníricos pero todos tienen una resonancia de la Isla, y los pinta en París. El arte te ayuda a comprender que el isleño ha vivido el sentimiento del aislado allí donde ha estado, ya sea en la nostalgia del exterior o como Santiago Palenzuela, pintando las cuatro paredes del estudio en su casa", concluye Arvelo.