¿Cuál es la mejor novela en inglés de todos los tiempos? And the winner is? ¡ Middlemarch, de George Eliot! Este fue el resultado de una encuesta a 81 críticos literarios no británicos difundida en el 2015 por el canal cultural de la BBC. Pero existe otro argumento más valioso. En 1861 un editor le ofreció 10.000 libras esterlinas a la escritora por los derechos de su nueva novela, lo que a día de hoy equivaldría a la friolera de 700.000 euros. Admirada por Proust, Dickens y Freud, era la mujer más famosa de su época, con permiso de la reina Victoria.

El bicentenario de su nacimiento constituye una oportunidad para redescubrir a una autora que está considerada como la voz del siglo XIX en Inglaterra, la que mejor supo captar la psicología humana, angustiada y zarandeada por las profundas convulsiones de su tiempo, una pensadora excepcional en pugna con la rigidez victoriana.

Nacida Mary Ann Evans el 22 de noviembre de 1819, vivió una infancia y una juventud idílicas en el campo, cerca de Birmingham, un paisaje natural y humano al que volvería en sus novelas. Dotada de una inteligencia fuera de lo común, leía en inglés, alemán, italiano, francés, hebreo, latín y griego, lo que le permitió beber de los clásicos y contactar con las ideas más avanzadas.

En 1950 se estableció en Londres y empezó a trabajar de editora, traductora y crítica en la revista progresista Westminster Review. "Sin duda se avanzó a su tiempo -afirma Jacqueline Hurtley, catedrática emérita de Filología Inglesa de la Universitat de Barcelona y coautora de George Eliot in the Catalan Lands-, porque cuestionó los pilares fundamentales de la sociedad inglesa: la religión y el capital. Vivió pensando, cuestionando, y viviendo en consecuencia, de forma honesta".

Cuando publicó su primera novela, a los 37 años, ya era conocida, tanto por sus ideas como por su escandalosa unión con un hombre casado, el filósofo y crítico George Henry Lewes. En una sociedad esclava de las apariencias, donde la inteligencia era una cualidad masculina, Mrs. Lewes tenía buenas razones para mantener su vida privada separada de su imagen pública, de ahí que su primera obra, Escenas de la vida parroquial, se publicara en 1857 bajo el pseudónimo de George Eliot.

Elogio de Dickens

Su siguiente novela, Adam Bede (1859), la catapultó a la fama. Este fue el elogio que le escribió Dickens: "La concepción del carácter de Hetty [uno de los personajes] es tan extraordinariamente sutil y auténtica que me hizo dejar el libro y cerrar los ojos 50 veces para detenerme en ello". Siglo y medio después, Jacqueline Hurtley califica de "memorables" los personajes femeninos de Maggie Tulliver, en El molino del Floss (1860), y Dorothea Brooke, en Middlemarch (1871).

Sin embargo, las mujeres fuertes e independientes de sus novelas acaban sin encontrar su vocación y diluyéndose en el matrimonio y la maternidad a causa de la falta de oportunidades. La escritora no militó nunca en el feminismo político y era muy crítica con el comportamiento de iconos feministas como George Sand, que era 15 años mayor que ella. Ni siquiera apoyaba el sufragio femenino, al menos hasta que las mujeres no alcanzaran el mismo nivel de conocimiento que los hombres. Eso sí, apoyó varias iniciativas para la educación de la mujer.

Sus novelas fueron una experiencia definitiva para muchas mujeres de su época. Un siglo después, sus personajes femeninos, henchidos por el deseo de tener una vida plena acorde con sus capacidades, fascinaron a Simone de Beauvoir y Virgina Woolf.

Pese a sus inmensas capacidades, George Eliot se sentía insegura y probablemente somatizara las contradicciones de su época, que se manifestaban en una salud frágil y depresiones recurrentes. No ayudaban demasiado ciertas actitudes masculinas, como la de Henry James -uno de sus contertulianos habituales, junto a Charles Darwin-, quien la describió como "una gran literata con cara de caballo" y dueña de "una fealdad en la que reside la belleza más poderosa".

A finales de 1867, los Lewes se embarcaron en un viaje de dos meses por España. En Barcelona, donde se habrían hospedado en el Hotel Cuatro Naciones de la Rambla, nada les llamó la atención (Gaudí entonces solo tenía 15 años). Es más, ella describió la ciudad como "un lugar atrasado" cuyo único atractivo era el clima. En cambio, quedó fascinada por la Alhambra de Granada, la catedral de Sevilla y las pinturas de El Prado, "suficientes para justificar la civilización occidental", dijo. Tras el viaje escribió el poema dramático The Spanish Gypsy ( La gitana española), una obra repleta de estereotipos.

George Eliot falleció el 22 de diciembre de 1880. Quiso escribir para "presentar la vida humana de manera que ayude a mis lectores a tener una idea más clara y una admiración más activa hacia aquellos elementos de la vida que unen a las personas y dan más valor a su existencia".

Su mirada tremendamente moderna hace que su obra siga teniendo sentido en el siglo XXI. Si las 900 páginas de Middlemarch suponen un escollo insalvable, se puede empezar por las 500 de El molino del Floss, su novela más autobiográfica.