01 de diciembre de 2019
01.12.2019

'Crimen', el libro maldito de Espinosa

Siruela reedita, con prólogo de Alexis Ravelo, esta joya olvidada de las letras españolas

01.12.2019 | 02:39
Portada de una edición de la obra.

La editorial Siruela recupera, con edición y prólogo de Alexis Ravelo, la obra 'Crimen' del escritor Agustín Espinosa. Una auténtica joya de la literatura y la primera novela surrealista que se publicó en España (en 1934). En la primera edición la portada era del pintor tinerfeño Óscar Domínguez.

La novela Crimen le valió al canario Agustín Espinosa "todas las alabanzas y todos los insultos", como dijo de esta obra inigualable, como aportación surrealista a la narrativa española, el gran Domingo Pérez Minik. Este libro maldito y olvidado, una joya de la literatura del siglo XX, regresa a las librerías de la mano de Siruela y con una cuidada edición y prólogo del escritor Alexis Ravelo.

Como la define Ravelo, la obra de Espinosa "es una patada en la cara de la opinión sensata y de sano criterio de las gentes de bien y, al mismo tiempo, un soberano ejercicio de libertad creativa". Para Alexis Ravelo si en su época esta publicación fue considerada una provocación, una narración pornográfica, perseguida por la Iglesia y que llevó al autor a sufrir el oprobio general, "la depuración de su cátedra y la ruina económica y personal, hoy va a seguir desatando ofensas".

El comienzo de Crimen no puede resultar más perturbador, sobre todo para la realidad social de esos años. Supuso y tal vez suponga para algunos reductos esa patada de la que hablaba Ravelo: "Estaba casado con una mujer lo arbitrariamente hermosa para que, a pesar de su juventud insultante, fuera superior a su juventud su hermosura. Ella se masturbaba cotidianamente sobre él, mientras besaba el retrato de un muchacho de suave bigote oscuro. Se orinaba y se descomía sobre él?Ese hombre no era otro que yo mismo."

El silencio

La novela, este secreto de la literatura del siglo XX, acabó por ser silenciada durante cuarenta años, y otros cuarenta años más en los que apenas un grupo de admiradores reivindicaban de forma incansable la valía de este texto hermoso, poético y abrumador.

Agustín Espinosa había nacido en el Puerto de la Cruz, su padre fue un rico hacendado y él siempre se caracterizó por mantener un carácter afable, sereno, con ese buen humor contagioso. Como profesor vivió en Lanzarote, Gran Canaria y La Palma. Y en todas las islas dejó una muestra inolvidable de su estancia y de su literatura. Sólo hay que recordar el selecto grupo de adeptos que le siguieron siempre. César Manrique declaró en más de una ocasión su pasión por la obra de Espinosa.

El crítico literario y amigo personal Domingo Pérez Minik decía que Agustín era eufórico y fascinante: "Vivir cerca de él fue en cualquier momento era una fiesta. Daba gusto".

Como muestra para la posteridad de esa forma de ser, nada mejor que detenerse en la fotografía que le hizo Eduardo Werterdahl en Santa Cruz y en la que el escritor canario parece que se ahorca con una soga. El señor del norte de la isla tenía esa manera tan jocosa de comportarse entre amigos.

Cuando se publica Crimen en 1934, tal y como recoge el experto en Espinosa, Miguel Pérez Corrales, "la portada, que supone ya una incitación a la irrealidad, es del pintor y poeta Óscar Domínguez, hombre clave para el grupo de escritores tinerfeños como enlace con París y el surrealismo".

En el resto de España aún no se intuía la fuerza de este movimiento. En Tenerife surgió con toda su fuerza un grupo clave, unos adelantados dentro de este fenómeno artístico. En 1935 se celebra en Santa Cruz la Exposición Internacional Surrealista, a la que acudieron André Breton y Benjamín Péret. Con el inicio de la Guerra Civil Española en 1936, las actividades culturales de la llamada "facción española surrealista de Tenerife" quedan suspendidas.

La obra de Espinosa fue elogiada de manera unánime por sus compañeros de Gaceta de Arte. En aquel grupo de seres extraordinarios, que como diría Martín Chirino, se unieron de una forma mágica en una conjunción de planetas, la aparición de una obra como Crimen logró traspasar ciertas fronteras y llegó a consolidarse entre los más ilustres, que le dedicaron palabras de asombro. Ramón Gómez de la Serna escribió: "Mi querido y gran Espinosa: hace tiempo que quería felicitarle por su Crimen. Están ustedes creando un faro que se ve desde aquí".

Crimen es probablemente la primera novela surrealista publicada en España, pese a que su estructura rechaza con ferocidad cualquier clasificación. Como advierte el crítico Miguel Pérez Corrales, "se trata de un escrito tan truncado -y que alberga otras narraciones independientes y fragmentos no narrativos que desdice su propia definición. Tampoco puede llamarse novela, aún en el sentido tan amplio que hoy se da a este término. Ni poema en prosa, si bien su prosa es poética. Hay en Crimen rasgos de novela y de poema y de relato sin ser nada de ello específicamente".

La obra de Agustín Espinosa es sobre todas las cosas un texto bello y perturbador, "sentía una ternura que me llevaba a acariciar todas las cosas: lomos de libros, filos de navaja, hocicos de gatos, rizos de pubis, prismas de hielo?y bolas de cristal".

Enmarcado en la estética vanguardista de la Europa de aquellos años, sin atender a tabúes ni medias tintas explora las más oscuras pulsiones del ser humano. En esta novela surrealista se narra el recuerdo de un crimen que servirá al narrador para reunir un delirante catálogo de homicidas ilustres: jazmines que envenenan a doncellas durmientes, hombres crucificados en el balcón de su cámara nupcial, estatuas que usan sus senos como arma en un doble infanticidio?

El texto mismo, como recoge Pérez Corrales, presenta una estructuración fragmentaria, caótica en apariencia, si bien un análisis demorado de sus páginas permitirá establecer innumerables correspondencias entre sus partes. Su estructura: primavera, verano, otoño, invierno, con unas páginas preliminares y un epílogo posterior, que recuerda a las Sonatas de Ramón del Valle-Inclán y las estaciones del modernismo, genera inicialmente en el lector una cierta expectativa de orden que contribuye a su desconcierto.

Aparenta Crimen, ser un libro "arbitrario, incoherente; constituye, sin embargo un entramado de complejísimas vinculaciones" donde nada está dejado al azar. Miguel Pérez Corrales considera que la captación de esta compleja red "requiere una vivencia a la vez intelectual y mística del texto: una lectura poético-detectivesca", con la que se logra su cometido: atrapar, aunque no se quiera.

Y a pesar de su grandeza, las huestes del fascismo y de la Iglesia terminaron por acallar este relato y los pocos ejemplares disponibles tuvieron que ser ocultados o destruidos. Como advierte la edición de este nuevo resurgir de Crimen, tras su rescate en 1974, su valor se ha acrecentado de forma silenciosa, serena, hasta convertir esta novela por derecho propio en un clásico de la literatura española del siglo XX.

Lástima que Agustín Espinosa no llegara jamás a tener la oportunidad de soñar con este resurgimiento. Tras sufrir escarnio público, acosado, y perseguido se vio obligado a afiliarse a la Falange, ponerse la camisa azul para evitar la muerte segura que rondó y terminó con la vida de varios de sus compañeros.

Después de distintos avatares, personales y profesionales, y aquejado de una úlcera optó por recluirse en Los Realejos. Dejó una mujer y tres hijos, el más pequeño, Agustín nació dos meses después de la muerte del autor de Crimen.

Domingo Pérez Minik, uno de los grandes valedores y promotores del surrealismo en Canarias, contó la caída en desgracia de su amigo: "La primera víctima de este acoso fue el propio Agustín Espinosa, que ya en 1939 se marchaba de este mundo perseguido, anulado, casi asesinado. Todos se lanzaron contra él, lo amordazaron, lo pervirtieron, lo mataron. Hasta que no se lo quitaron de encima no se quedaron tranquilos".

Ahora, estos días vuelve a las librerías canarias y peninsulares, la obra de Espinosa, su novela Crimen, una nueva oportunidad para acercarse y dejarse embaucar en las ensoñaciones o pesadillas del asesino o del amante de María Ana.

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