Estoy convencido de que alguien que no quiere bien a Liam Neeson le ha persuadido de que, para envejecer como actor, lo ideal es encasillarse como héroe de películas de acción. En sus inicios, este notable actor norirlandés participaba en producciones más variadas y a cargo de papeles muy dispares. Sus actuaciones en La misión de Roland Joffé, Sospechoso de Peter Yates, Maridos y mujeres de Woody Allen, La lista de Schindler de Steven Spielberg, Love Actually de Richard Curtis o Kinsey de Bill Condon dan fe de su heterogénea y variopinta carrera. Sin embargo, al cumplir el medio siglo, ha preferido orientar sus pasos profesionales hacia un tipo de trabajos muy concreto. En 2008 estrenó Venganza, a la que siguieron Venganza: Conexión Estambul y V3nganza. Se alió con el director español Jaume Collet-Serra y rodó Sin identidad, Non-Stop (Sin escalas) y Una noche para sobrevivir. De repente, todos sus papeles respondían al mismo patrón (la versión cinematográfica de El equipo A, la horrorosa Battleship, Infierno blanco o Caminando entre las tumbas). Y no es que se trate en todos los casos de malos filmes, simplemente, evidencian una tendencia monotemática y lineal hacia el mismo perfil de personaje.

Ahora, cercano ya a los setenta, pretende seguir en la brecha dando vida a enfurecidos y vengativos hombres buenos en busca de una justicia rápida e implacable frente a todo clase de villanos sin escrúpulos. Es como si quisiera convertirse en Jason Statham. En una era en la que Sylvester Stallone, con setenta y tres años, continúa encarnando a John Rambo y Arnold Schwarzenegger, de similar edad, sigue poniéndose en la piel de Terminator, se impone la regla no escrita de que no hay nada como vaciar los cargadores de las pistolas y desahogarse a puñetazos para garantizar una sólida y prolongada carrera interpretativa.

Ahora estrena Venganza bajo cero, la historia de un tranquilo y pacífico quitanieves que vive en un recóndito y apartado paraje montañoso de Canadá. Su apacible vida se ve truncada cuando recibe la terrible noticia de que su hijo ha muerto por culpa de las drogas. A partir de entonces buscará venganza a toda costa y declarará la guerra en solitario a un temido clan de narcotraficantes. Se trata del remake del título noruego Uno tras otro cuyo realizador, Hans Petter Moland, ha decidido volver a rodar otra vez, aunque en esta ocasión con producción británica. La pregunta es qué lleva a un director a filmar dos veces un mismo largometraje. La respuesta, que sea probablemente por dinero.

Quien no haya visto la obra escandinava, habrá visionado con total seguridad otras de temática similar, por no decir idéntica. No existe, pues, cabida para la sorpresa, la inventiva y la originalidad. Todo se cumple según un previsible guion. Hasta los forzados toques de humor negro y el ritmo un tanto desenfrenado recuerdan a decenas de ejemplos anteriores. Aun así, los aficionados más devotos del género pasarán dos horas deleitándose ante la perspectiva de que los malos sean aniquilados de la faz de la tierra. Un formato muy bíblico y visceral aunque, en el fondo, sumamente simple y antiguo.

Acompañan a Neeson Laura Dern (Parque Jurásico, Corazón salvaje, Terciopelo azul y ahora en la serie televisiva Big Little Lies), Emmy Rossum (El día de mañana, El fantasma de la ópera, Mystic River) y William Forsythe (Dick Tracy, Arizona Baby). Con un presupuesto de sesenta millones de dólares, tan sólo ha recaudado treinta y cuatro en las taquillas de Norteamérica. Esperemos que dicho dato sirva para evitar otra posible trilogía.

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Venganza bajo cero

Dirección: Hans Petter Moland

Intérpretes: Liam Neeson, Laura Dern, Emmy Rossum