19 de julio de 2019
19.07.2019

Repetir sin argumentos

19.07.2019 | 00:45
Repetir sin argumentos

'El rey león'

Dirección: Jon Favreau

Productora: Walt Disney

Guion: Jeff Nathanson

La factoría Disney se ha convertido en el ejemplo perfecto para explicar un fenómeno que afecta a buena parte de la industria cinematográfica norteamericana actual. Consiste en repetir y copiar las mismas historias con el fin de salir de una crisis marcada por el miedo y la falta de creatividad.

El ansia por batir año tras año las cifras de taquilla, por acaparar números uno, por encumbrarse y permanecer en el primer puesto de la recaudación, les impide siquiera sopesar la inversión en proyectos que no tengan garantizada una alta rentabilidad, evitando de ese modo cualquier apuesta arriesgada o amago creativo. Se limitan a reincidir, rehacer y duplicar los modelos que ya han sido aplaudidos por el público con anterioridad.

Dicha tendencia se manifiesta a través de dos vías. La primera se centra en crear sagas que permitan filmar sus entregas año tras año. La segunda, en volver a rodar sus propios clásicos. Así, tenemos La bella y la bestia de 1991 y la de 2017, Aladino de 1992 y de 2019 o El rey león de 1994 y de 2019.

Ni siquiera se puede hablar de nuevas versiones, puesto que utilizan las mismas canciones y las secuencias se calcan del original casi plano a plano. La famosa productora ha cambiado hasta tal extremo que no se la reconoce, convertida en otra máquina eficiente a costa de perder por el camino su alma mágica y la emocionante inventiva de antaño.

El rey león que llega ahora a las salas ofrece aspectos positivos, aunque todos ellos heredados de su predecesora. Desde el punto de vista cinematográfico, no aporta nada que los espectadores que hayan visto la versión de Roger Allers y Rob Minkoff se pierdan si deciden no ir a verla. Es verdad que la repercusión de este título de hace ya veinticinco años resulta incuestionable. Con un presupuesto de cuarenta y cinco millones de dólares, recaudó para la gran pantalla casi mil millones a nivel mundial. Después se convirtió en un musical igualmente exitoso, cuya banda sonora figura entre las diez más vendidas de la Historia. Por lo tanto, semejante huella hace inviable el factor sorpresa en esta producción de 2019. Todo es previsible porque todo se conoce.

En esta ocasión se sitúa tras la cámara Jon Favreau, responsable de El libro de la selva de 2016 y de las dos primeras entregas de Iron Man, si bien ha dedicado a la interpretación la mayor parte de su trayectoria artística. Le hemos visto en varios capítulos de la serie televisiva Friends y en los últimos Spiderman. Aquí desempeña una función meramente mecánica y ajena a la creatividad, habida cuenta el autoplagio de Disney y el nulo margen que le distancia del largometraje anterior. En todo caso, Favreau nunca ha sido un cineasta experimental ni poseedor de un acento estético. Antes al contrario, se limita solamente a encarnar la mano ejecutora que necesitan los productores, sin aportar toques personales.

A mi juicio, el problema radica en la transición de la enfermedad a la epidemia, pues en 2020 se estrenará la siguiente Mulán y para noviembre está prevista la llegada de Frozen 2. Por consiguiente, se pretende reorientar a base de secuelas y revisiones el futuro de una de las compañías más emblemáticas de la cinematografía norteamericana.

Entre sus políticas monopolísticas, comprando y absorbiendo al resto de sus competidoras, y sus previsiones de cara al futuro, Disney ha dejado de ser aquella productora tierna, infantil y creativa y se ha convertido en un serio peligro para la supervivencia del Séptimo Arte como expresión artística. Sus apuestas serán, a buen seguro, todo un éxito en el que reincidirán una y otra vez. Sin embargo, por lo que a mí respecta, han perdido el rumbo y la posición como empresa de referencia.

En cuanto al reparto, repite James Earl Jones poniendo voz a Mufasa en la versión original, Chiwetel Ejiofor toma el relevo de Jeremy Irons como Scar, Donald Glover sustituye a Matthew Broderick como Simba, Beyoncé ocupa el lugar de Moira Kelly como Nala y John Oliver reemplaza a Rowan Atkinson como Zazu. Muy numerosos son mis recuerdos asociados a aquel primer rey león, que tantas veces vi con uno de mis hijos (literalmente prendado de la historia). Hoy recibo un producto de innegable calidad técnica, pero carente de sentido, razón por la que no me dejará la misma huella.

www.cineenpantallagrande.blogspot.com

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