11 de julio de 2019
11.07.2019

El resplandor oculto de Stanley Kubrick

Molina Foix relata su experiencia personal con el cineasta y se publica la novela que inspiró 'Teléfono rojo'

11.07.2019 | 00:32
El resplandor oculto de Stanley Kubrick

Un odioso 7 de marzo de 1999 fallecía en su mansión inglesa de Childwickbury Manor uno de los grandes genios de la historia del cine. Se llamaba Stanley Kubrick. Tenía 70 años y pocos días antes de que su corazón dejara de rodar había proyectado a su familia y actores su última obra maestra, Eyes Wide Shut. Pasan los años, las modas se desvanecen pero el legado cinematográfico del creador de Lolita y El resplandor mantiene intacta su capacidad de fascinación.

La última prueba: coinciden en la estantería de novedades dos obras engarzadas de forma distinta pero nada distante con Kubrick. Una curiosidad inesperada: Dr. Strangelove (Peter George), la novela que fue génesis de Teléfono rojo. ¿Volamos hacia Moscu? (1963). Y una mirada personal (respeto, cariño y admiración) de interés indudable: Kubrick en casa, los recuerdos del escritor Vicente Molina Foix, contratado (Carlos Saura mediante) en 1978 para los diálogos de la endemoniada versión española (doblada y subtitulada) de La naranja mecánica. Volverían a coincidir.

"Tuve que afrontar la densidad textual de Senderos de gloria, entregarme al estudio profundo de las palabras malsonantes para dar voz a la soldadesca de La chaqueta metálica y solventar el laconismo sutil de algunos diálogos de Eyes Wide Shut". Sin olvidarse de la menos parlanchina El resplandor. Lo que la Warner consideraba "el capricho de Kubrick" era, en realidad, su preocupación extrema porque su obra llegara a todas las partes del mundo en las mejores condiciones posibles.

El libro del autor ilicitano no solo evoca la experiencia personal con el realizador, también profundiza con inteligencia y sagacidad en interesantes pliegues de la obra kubrickiana y desvela detalles poco conocidos de su forma de trabajar. También tiene una "investigación" irresistible para los cinéfilos sobre la enigmática existencia de un final alternativo a El resplandor.

Molina Foix tuvo la primera oportunidad de conocer a Kubrick gracias a la discutida y discutible adaptación de la novela de Stephen King, por la que el autor español no sentía el menor aprecio. Tras asistir a una proyección privada de la cinta en la nueva casa londinense del cineasta, "y al encenderse las luces de la pequeña sala, vi recortada en la puerta una figura que me pareció, a contraluz, la de Vitali (el asistente personal del artista). Era Kubrick, y lo primero que hizo fue disculparse ante mí y regañar a su ayudante: la copia que yo había visto no tenía aún, él lo había comprobado al entrar en los minutos finales, títulos de crédito. '¿Tenía la copia que ha visto el señor Molina banda sonora?' No me pareció antipático el modo de decirlo, sino dolido, y si algo pude comprobar en los siguientes días de Childwick Bury fue que la maniática exigencia del director no era orgullo ni ansia de mando, sino el empeño de quien busca en su trabajo la excelencia y quiere que lo que vean los otros, allí donde estén, sea igual de excelente que lo que él ha luchado tanto por lograr".

Allí mismo, en la última fila, Kubrick le hizo un breve saludo de cortesía "y fue al grano de un modo que no todos los artistas practican, y menos ante un asalariado desconocido y treintañero como yo era ese día para él: '¿Qué le ha parecido el filme, señor Molina?' Hablé bastante, atropellado por los nervios de verme escuchado con ganas y atención por un personaje de su estatura, que abiertamente quería saber con detalles lo que me había gustado y por qué (...) Solo al día siguiente, cuando él y yo almorzamos frugalmente en su cocina tras mi primera sesión de trabajo ante la moviola, supe que yo había sido el primer espectador de carne y hueso con quien habló de El resplandor, fuera de su familia y el equipo de realización y posproducción".

Cinco días después, sus elogios tuvieron premio: dos horas de entrevista con el genio. Algo que muy pocos humanos pueden contar. Poco tiempo después, una llamada telefónica sorprendente: "¿Tenía yo pensada una solución para traducir la frase hecha sentenciosa en inglés que la esposa Wendy ve escrita en el manuscrito infinito de su marido Jack? 'Todavía no'. 'No hace falta que se rompa la cabeza, señor Molina. Vamos a filmar mañana los insertos de esa frase en cada una de las lenguas de los doblajes, y para el castellano, mi hija, ayudada por unos amigos españoles que viven aquí, piensa que la más apropiada es 'No por mucho madrugar amanece más temprano'. ¿Qué le parece a usted?".

Glubs: "Experimenté primero alivio al no tener que estrujarme los sesos y quizá no acertar, me entró después la duda sobre el refrán elegido por los Kubrick padre e hija y, por encima de todo lo anterior, sentí un respeto mayor hacia el orfebre que vela hasta ese punto por la satisfacción de su público. Así se estrenó El resplandor en España y así puse yo la misma frase, por coherencia, en la versión original subtitulada".

Molina Foix indaga en uno de los misterios más sorprendentes (un "horrendo estrambote" y "manido") que alberga la película... y que nunca se verá en la pantalla. No hagamos spoiler pero sí recurrimos a su conclusión: "El maestro Kubrick, el perfeccionista, el obseso de los acabados, el maniático más riguroso, también cometía errores de bulto en su quehacer, como cualquier novelista, cineasta, poeta o artista de cualquier sexo que tantee y busque, y quiera ser original y certero y se equivoque y acabe siendo a ratos trivial".

El resplandor trajo cola en España... y no por las cifras de espectadores sino por las críticas feroces a las voces elegidas para doblarla que "no eran culpa mía, ni siquiera responsabilidad de Carlos Saura; eran las voces que, en un proceso minucioso y extraordinariamente pormenorizado, el propio Kubrick había elegido entre las opciones que en cada película se hacía grabar en la capital correspondiente del país doblador para asignar él a todos los personajes importantes de cada una, siempre con la premisa bien clara de que prefería actores de teatro y cine no asiduos del doblaje". Las turbulencias que vivió la traducción del título (finalmente descartada) Eyes Wide Shut", los sinsabores del (mal)trato comercial a la obra de Kubrick tras su muerte, los paralelismos asombrosos entre Senderos de gloria y La chaqueta metálica, la devoción del director por El espíritu de la colmena, el divertido motivo por el que Mario Camus fue reclutado para dirigir un doblaje... Dan para mucho las 136 páginas del libro, rematado, como no podía ser de otra forma, con la entrevista que le hizo Molina Foix, y que no tiene desperdicio...

"P: Querría preguntarle sobre sus preferencias. ¿Qué películas...?

R: Me gustan las buenas (risas)".

En casa

Vicente Molina Foix, nacido en Elche, estudio Filosofía en Madrid y fue profesor de literatura en Oxford. Es novelista, poeta, dramaturgo y hombre de cine. Una de sus novelas, La quincena soviética, obtuvo el premio Herralde en 1988. Otros títulos como La misa de Baroja o El abrecartas (premio Salambó y Nacional de literatura en 2007) le consolidaron como escritor así como la antología de relatos El hombre que vendió su propia cama y otros títulos. A finales de los ochenta del pasado siglo confesaba su vocación de escritor nocturno y no estar ligado a ninguna generación literaria en particular.

El cine ha ocupado muchas horas en su quehacer literario, así que la llamada que de su amigo Carlos Saura que recibió en su domicilio londinense colmaba no solo sus ansias de cinéfilo sino que le proponía un trabajo creativo de primer orden a la altura de sus conocimientos cinematográficos.

A lo largo de 20 años se prolongó esta colaboración que hizo de Molina Foix el traductor de cinco películas del genial cineasta nacido de el Bronx. Colaboración que iba a durar hasta la muerte de Kubrick en su casa de los alrededores de Londres.

Este creativo trabajo permitió acercar a los espectadores a películas clave como La naranja mecánica, Barry Lyndon, El resplandor, La chaqueta metálica y Eyes Wide Shut. Películas deslumbrantes donde se encuentran muchas las claves del cine de Kubrick. Un trabajo de artesanía, metódico y filológico, para encontrar, en ocasiones, encaje adecuado al español corriente de ciertas expresiones inglesas del lenguaje más obsceno y callejero. Un trabajo difícil lo de adecuar palabrotas y tacos que tan solo parecían tener sentido en su inglés original, en tacos y palabrotas familiares a los oídos de los españoles. La propuesta de Saura llevó a Molina Foix no solo a ver las películas citadas con detenimiento sino a la reflexión y al análisis global de la escasa pero excelsa producción cinematográfica, de uno de los mejores talentos de toda la historia del que fuera llamado séptimo arte.

El resultado de todo ello hace de Kubrick en casa un libro delicioso donde Molina nos hace confidentes de sus propias valoraciones, de sus dudas; lectores de un dietario salpicado de observaciones interesantes, de conversaciones con intermediarios de Kubrick como su amanuense Leon Vitali entre otros, que dan muestra de la erudición y amor por el cine de su autor. Molina nos da a conocer sus opiniones acerca de otros cineastas y de otras películas que pudieran o no tener relación con el autor de 2001.

Molina recuerda, por ejemplo, el escándalo que suscitó La naranja mecánica, comparable al que levantó, Perros de paja de Sam Peckinpah. Ambas cintas fueron censuradas como películas X. No obstante, La naranja mecánica no necesitó ser cortada por la supuesta ambigüedad del paisaje geográfico donde se desenvolvían los brutales drugos. Sin embargo, en la España de Franco, tuvo un tardío estreno en 1975 quedando relegada a verse tan solo en cines que proyectasen películas V.O. (Versión Original) con subtítulos, accesibles a un público minoritario. Se hizo preciso el doblaje al español. Un procedimiento que no le gustaba a Kubrick ni a Saura.

A partir de ese momento surgió la chispa que permitió conectar a Kubrick con Molina Foix. La conversación telefónica de Molina con una convincente Geraldine Chaplin, quien "con su español delicioso" le explicó que había detectado errores y americanismos en la versión con subtítulos que requerían al mejor traductor. Todo le condujo a una cita en las cercanías de Londres, a una antigua librería "celebre por su oferta contracultural y offbeat (excéntrica)", a base de feminismo, poesía en traducción, ensayo alternativo, títulos de literatura gay que se mezclaban en sus dependencias con perfumes de oriente y "humo psicotrópico".

Un libro, pues, que hará tanto las delicias del cinéfilo como las de los amantes de la literatura, pues Molina muestra sus habilidades de escritor, tanto como las de buen periodista en la entrevista, al propio Kubrick, con la que cierra su libro.

Dr. Strangelove

Dr. Strangelove. O cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba, editado por La Fuga, es la novela del galés Peter George que sirvió como punto de partida para ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú, la despiadada sátira política sobre el terror al apocalipsis nuclear en plena Guerra Fría. Fue la primera obra de George, combatiente en la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial, y que vio la luz en 1959 con el título Red Alert.

El azar quiso que el libro llegara a Kubrick, que unió sus esfuerzos con el vitriólico autor Terry Southern y el propio George para escribir el guión. Al año siguiente, George ?que se suicidó en 1966?publicó una nueva versión aprovechando ya el título de la película, Dr. Strangelove. La primera traducción al castellano es un festín para el cinéfilo a la hora de buscar diferencias con lo que hemos visto en la pantalla. Se conserva en su integridad el tono de humor sombrío y brutal que enlaza suspense militar con farsa política de primer desorden. No deja títere con cabeza en su mordaz aproximación a los delirios y chapuzas de algunas mentes militares y las barrabasadas de los dirigentes mundiales, con momentos que hielan la sonrisa, sobre todo porque siguen de espeluznante actualidad.

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