11 de junio de 2019
11.06.2019

Miguel Hermoso: "El teatro sirve para estimular el debate y esta obra lo logra"

Miguel Hermoso (Madrid, 1971) estará este fin de semana en el santacrucero teatro Guimerá con la obra La Culpa

11.06.2019 | 06:11
Miguel Hermoso en un momento de la obra.

Miguel Hermoso (Madrid, 1971) estará este fin de semana en el santacrucero teatro Guimerá con la obra La Culpa. Un reparto encabezado por Pepón Nieto pondrá en escena este texto imprescindible del dramaturgo norteamericano David Mamet. Las funciones se han previsto para este sábado a las 20:30 horas y el domingo a las 19:00 horas.

En alguna de las entrevistas que ha concedido por su participación en esta obra ha calificado La Culpa como un verdadero "caramelo".

¿Yo la he definido como un caramelo?, ¿si? No lo recuerdo.

Eso es lo que he leído...

Hombre, un caramelo se dice de un papel cuando es algo que ofrece una oportunidad para el lucimiento. En este caso el que hace el trabajo magro es Pepón Nieto, que es el que está todo el tiempo en escena. Sobre él pivota toda la acción. Los otros personajes son Ana Fernández, que es su mujer, Magüi Mira, que es la abogada de la defensa, y yo, que soy su mejor amigo y también le aconsejo en temas judiciales. Podría decir que es un caramelo porque la forma de dialogar de David Mamet es tan realista, tan veraz, tan afilada, que cuando te pones a hacer el texto lo que en principio te parece difícil te resulta fácil. Pepón y yo conectamos mucho, hemos hecho varios trabajos juntos. Cuando trabajo con él tengo esa sensación de que no estoy actuando. Al fin y al cabo, por mi experiencia, esa es una buena referencia de que lo que estas haciendo es bueno y que cala en el espectador. En ese sentido, sí que es verdad que es un caramelo, es bonito, es divertido de hacer y cala en el espectador.

Dice que lo difícil se hace fácil pero los de La Culpa son personajes complicados, llenos de capas.

No es una obra que deje al espectador de forma pasiva, le exige mucha atención. Es muy rápida, los personajes hablamos como en la vida real: nos atropellamos, nos entrecortamos y no nos dejamos terminar. En ese sentido, el espectador tiene que estar muy atento y luego están los temas, claro. Mamet introduce varios. Todo gira en torno a un enfermo mental al que está tratando Charles, que es Pepón y es psiquiatra, y que en un desvarío psicótico comete una masacre y mata a diez personas. Cuando le detienen y le someten a juicio, él se ve en la situación de tener que declarar a favor de su paciente. Pero claro, él tiene una serie de principios. Primero, no puede revelar ciertas cosas por su juramento hipocrático y, por otro lado, en el fondo piensa que es un asesino. La abogada, que interpreta Magüi Mira, quiere que le sirva de atenuante el hecho de ser homosexual y su enfermedad mental. Es verdad que estos casos se ven más en Estados Unidos, pero aquí también tenemos algunos. Hace no mucho, por ejemplo, un hombre mató a sus propios hijos para vengarse de su mujer. Ante esos crímenes, es tan difícil asimilar que estas personas son de la misma especie que nosotros que es normal que, como sociedad, busquemos ampliar ese círculo de culpa más allá del propio asesino, que nos culpemos unos a otros. El psiquiatra se ve en esa situación. Esto al espectador le obliga a tener una posición activa ante la obra, tiene que estar recogiendo la información que le vamos soltando los personajes para tomar partido. A menudo, sobre todo los personajes que somos del ámbito judicial, nos dirigimos al espectador como si tuvieran que tomar partido, como si fuera el jurado, y como Mamet es muy listo y muy buen engañador te hace cambiar de opinión en diversos momentos. No todo el mundo se pone de acuerdo cuando sale de la función. A veces salgo por la puerta de atrás para escuchar los comentarios y veo a muchas parejas discutiendo sobre quién es más culpable. Me encanta porque creo que el teatro sirve para estimular el debate y esta obra sin duda lo consigue.

Mamet pone al espectador en una postura incómoda, ¿cierto?

Claro y está también el poder de los medios de comunicación , los juicios mediáticos paralelos. Esa incomodidad surge porque todo parece estar dirigido para exculpar al chico y volcar la culpa sobre el psiquiatra y la sociedad, que se supone que no ha sabido tratar, canalizar o asimilar la psicopatía del chico. La otra versión, la más fácil, es que es simplemente un asesino y debe pagar por lo que ha hecho. Este pensamiento un tanto buenista , en el que yo me incluyo y en el que consideramos que toda la sociedad tiene la culpa de los actos de un solo individuo también nos lleva a distribuir la culpa entre unos y otros y a acabar peleándonos entre nosotros. A veces nos complicamos mucho la vida y se nos olvida que el mal existe dentro de todos nosotros. Si la sociedad o la educación no funciona, las personas podemos cometer actos insoportablemente horribles. Ahí es donde el público tiene que ponerse en una posición intelectual, tiene debatirse entre el yo racional o el yo irracional.

Una postura incómoda pero estimulante.

Yo creo que sí y también amena. Mamet lo sabe hacer de una forma en la que apenas te das cuenta. Tienes la sensación de que te has colado en el despacho de un psiquiatra y ves sus discusiones y conversaciones. Todo es muy vital y dinámico, la obra apenas dura una hora y cuarto. Es muy veloz y sin darte cuenta te vas del teatro dándole vueltas a todo lo que has visto.

Háblenos de Richard, su personaje.

Kate, Richard y Charles son el típico trío de amigos de la universidad y es probable que Kate tonteara con los dos aunque finalmente se casara con Charles. Hay una especie de triángulo amoroso. Existe mucho afecto entre los tres pero yo tengo una especial complicidad con Kate y eso le mosquea a Richard. Nos valoramos como amigos y estoy intentando convencerle de que haga lo que le conviene aunque eso no sea lo moralmente correcto. Él está en sus trece, como un héroe resistente que asume que si hace lo que le dice su conciencia va a perder. Puede sufrir una grave derrota e incluso puede ser inhabilitado, además de recibir el desprecio de todos sus amigos. La obra habla sobre la marginación social a la que te pueden someter cuando la prensa pone el punto de mira sobre ti. Richard intenta convencer a Charles de que sea práctico y me toca ser un poco cínico. No busca que Charles esté en paz con su conciencia, lo que busca es que sobreviva y le trata de convencer de ello. Hace frente común con Kate, lo cual a Charles le deja muy aislado. Soy su amigo pero lo dejo un poco solo mientras me alío con su mujer. Eso le resulta inquietante por ese pasado entre ellos. Todo eso está también metido en la obra.

Lo más difícil de la obra parece ser mantener ese ritmo entre los cuatro personajes.

Desde luego, no hay nada más difícil. En otras ocasiones a uno le toca hacer grandes parrafadas. En este caso no hay grandes discursos, son todo diálogos muy rápidos, muy acelerados y realistas. Es verdad que eso requiere un trabajo de chinos, como se diría vulgarmente. Hay que ajustar mucho, como una pieza de relojería, para que cada frase se superponga a la de tu compañero pero aún así se entiendan. Además no puede haber fallo, el ritmo tiene que ser el perfecto. Como des un paso en falso, como te tropieces en una frase o te olvides de algo, te quedas atrás. Si te quedas atrás la obra pierde fuelle o tu compañero se queda descabalgado. Es bastante difícil y para eso ha habido un gran director, Juan Carlos Rubio, que nos ha apretado los tornillos al máximo para que la obra funcione.

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