07 de junio de 2019
07.06.2019

Cuando Peter Brook fue apresado por un guerrillero anarquista español

El director teatral, premio Princesa de Asturias de las Artes 2019, y el cineasta Edgar Neville fueron asaltados por el maquis Josep Lluís Facerías al volver de casa de Dalí en el verano de 1949

07.06.2019 | 06:13
Cuando Peter Brook fue apresado por un guerrillero anarquista español

En el distrito barcelonés de Nou Barris, en la plaza de Mayo, una placa recuerda que en aquel lugar falleció, el 30 de agosto de 1957, el maquis catalán Josep Lluís Facerías. Cenetista, había perdido una mujer y una hija en la Guerra Civil y había pagado con la cárcel su servicio al bando perdedor. Al salir de la cárcel, se convirtió en un activo guerrillero antifranquista que, durante una década, asaltó bancos y caminos para financiar al sindicato anarquista. En el verano de 1949, la cuadrilla de Facerías apresó, a la altura de la localidad de Malgrat, a un grupo que, creía, eran turistas británicos. Uno de ellos era Peter Brook, el flamante premio Princesa de Asturias de las Artes. Esta es la historia de cómo el gran maestro de la dirección teatral acabó en manos de Facerías, narrada por otros dos miembros de aquel grupo cautivo.

Situémonos: en el verano de 1949, Brook, con 24 años, llevaba ya dos al frente de la Royal Opera House. Con un prestigio creciente, se desplazó a Cataluña para visitar en Cadaqués a Salvador Dalí, con quien estaba preparando la ópera Salomé. El pintor se encargaba del vestuario.

Brook no era el único visitante de Dalí. Junto a él estaba el escritor y cineasta madrileño Edgar Neville, miembro del cuerpo diplomático y que hacía de cicerone en España a los artistas extranjeros que visitaban el país. También estaban Elena Escudero, marquesa de Quintanar, y su hija adolescente, Cristina, además de otro británico, Stuart Berkeley Owen, gerente en España de la entidad financiera británica Lloyd's. Neville relataría trece años después los sucesos al periodista Marino Gómez Santos en una serie de entrevistas en el diario Pueblo reunidas en el libro Doce hombres de letras.

La escala en Cadaqués era la última del periplo antes de que el grupo retornase a Madrid. Antes de su partida, Dalí les entregó unos bocetos: a Brook, los diseños para Salomé, y a Elena Escudero, dibujos para el montaje de Don Juan Tenorio que Luis Escobar preparaba en Madrid. Cristina Quintanar, la hija de la marquesa, en una entrevista realizada en Madrid el 19 de mayo de 2016, recordaba el momento con claridad: "Estábamos en casa de Dalí, había dos sirvientes, mi madre, él y yo. Dalí había hecho los bocetos para El Tenorio de Madrid, que lo iba a estrenar Luis Escobar. Y entonces, aunque no nos conocía mucho, nos dio una carpeta con los dibujos, porque le urgía mucho que estuvieran en Madrid al día siguiente. Y como nosotros veníamos y no había tanta cosa de aviones y de Seur y de esas cosas, nos dijo: 'Pues si queréis lo lleváis y me hacéis un favor muy grande'. Y dijo mamá: 'Pues muy fácil, porque soy muy amiga de Luis Escobar y se los llevo". Así, aquel heterogéneo grupo salió de Cadaqués con dos carpetas con valiosísimos diseños de Dalí aquel 23 de agosto de 1949 sin saber que la cuadrilla de Facerías estaba rondando.

"Eran las siete de la tarde y el sol estaba ya muy bajo", relataba Neville. "Al final de una subida empinada con curvas que hay en un bosque entre Tordera y Malgrat nos apareció delante del coche una partida armada hasta los dientes y que en media luna nos apuntaba con sus metralletas, y solo tuve tiempo de decir una consigna a los que iban conmigo que fue salvadora: 'Todos somos ingleses".

Cristina Quintanar recuerda de forma parecida el asalto, aunque no las palabras que se cruzaron los viajeros que ocupaban el hermoso Studebaker MSG que conducía Neville: "Cuando nos pararon creíamos que era por los dibujos de Dalí, que nos atracaban. Como nos había dicho que valían tanto dinero, pues mi madre decía: 'Por los dibujos'. Claro, había tres hombres con escopetas en el camino. Y mi madre dijo: 'Vamos a hablar todos francés para disimular', y Edgar dijo: 'No, esto es un atraco semiserio". Neville, a decir de Cristina Quintanar, temía que los maquis mirasen en la guantera y descubriesen su pasaporte diplomático y, también, que era Conde de Berlanga de Duero. "Como vean que les estamos engañando, nos acribillan a todos", asegura Cristina Quintanar que le oyó decir a Neville.

Hablasen en inglés o en francés, Facerías se puso nervioso. "A toda prisa nos metieron en el bosque mientras uno de ellos ocultaba entre los árboles el automóvil. Nos entraron en un claro y registraron primero a los dos ingleses, que iban vestidos normalmente. El Facerías, al ver el pasaporte, no hacía más que exclamar: '¡Qué mala suerte! ¡Qué mala suerte!", relata Neville. No era un buen negocio para el maquis apresar a unos extranjeros, tanto por el peligro de un escándalo internacional que haría daño a su causa como por la mayor presión que pondrían las autoridades españolas si les pasaba algo a los visitantes.

El cineasta madrileño evitó ser cacheado al ser confundido con un sirviente de los británicos: "No me registraron porque yo, después del veraneo, estaba en una temporada de gordo subido, me había roto un bíceps pescando y tenía un brazo morado, y llevaba sobre la piel una sahariana blanca y unos pantalones ligeros color mancha inlavable y presentaba todo el aspecto de ser el chófer de Fidel Castro". Según Neville, una vez que la partida se metió en el bosque comenzó una discusión entre los captores. Uno de los de la cuadrilla optaba por ejecutarlos a todos de inmediato, pero Facerías, con los pasaportes de Brook y Owen en la mano, meditaba sobre las consecuencias de matar a unos británicos: "Decía que no sabía qué hacer y que el fusilarnos les podía acarrear disgustos en Toulouse por las protestas previsibles de la Embajada inglesa", relata Neville.

El cineasta, hablando un francés con acento británico impostado para que no se notase que era español, y la marquesa de Quintanar, también en francés, dialogaban con los guerrilleros. Pasaron dos horas y media y la noche alcanzó aquel bosque de Malgrat. "Conforme pasaba el tiempo se nos iba quitando el miedo y lo único que empeoraba es que se lo transferimos a ellos, menos al Facerías, que continuaba lo mismo que al principio, frío y sereno", relata Neville. "Los maquis, como se llamaban ellos mismos", continúa, "se quejaban de lo penoso de su misión y, aunque llevaban un mes desvalijando joyerías y robando todo lo que llevaban sus víctimas antes de matarlas, pretendían ser unos agentes políticos románticos. Pero como nosotros éramos 'ingleses' y mi amiga 'francesa', les dejamos chicos en sus diatribas. Que me perdonen mis amigos del Gobierno de entonces, pero les pusimos verdes".

Entre tanto, Brook y Owen tenían sentimientos encontrados: "Peter Brook iba fascinado porque se creía que era el verdadero atraco de Despeñaperros de la época, y lo iba a contar en Inglaterra a todo el mundo. El otro, que era un señor tranquilo del campo de Inglaterra, estaba aterrado, no sabía comprender lo que pasaba", relataba Cristina Quintanar. Eso no impidió que el gerente de Lloyd's tratase de sacar un beneficio de la situación: según relataría Brook años después, trató de hacerle un seguro de vida.

A decir de Neville, la charla les generó las simpatías de los guerrilleros, que se decidieron a dejarles libres. Pero entonces, relata el cineasta, la joven Cristina Quintanar pidió un vaso de agua en un correctísimo español, lo que estuvo a punto de echarlo todo a perder: "Su madre y yo la fulminamos con la mirada, y vive de milagro, porque yo estuve a punto de decir que esa niña era mi querida amiga Pilar Primo de Rivera. La partida se puso furiosa contra la señora, por no haber dicho que era española; pero a buena parte iban. Con esa seguridad que tienen las mujeres en estos casos, aquella les contestó a gritos que nadie se lo había preguntado y que ella no tenía por qué negarlo, ya que era una perseguida por el Régimen... y pintó un cuadro espantoso, describiendo a una familia perseguida y desgraciada. No llegó a afirmar que pasaba hambre porque así, a simple vista, no lo parecía".

Para entonces, Facerías ya tenía decidido dejar vivos a los rehenes, pese a que uno de sus hombres, al que Neville llama "El Largo", insistía en ejecutarles. Finalmente, los guerrilleros condujeron al grupo a un hoyo en el bosque y los maniataron. "A última hora", asegura Neville, "Peter Brook quiso decir 'su gracia' y le pidió a uno de ellos que nos dejara su pistola para que pudiéramos atracar nosotros a alguien y volver en coche a Barcelona... No le entendieron, hubo que traducirlo y se creó otro momento de malestar, que 'El Largo' aprovechó para decir, ya cargado de razón: '¿Les tiro una bomba?". Finalmente, los guerrilleros se fueron.

Los maquis no se llevaron los bocetos, ni los de Don Juan Tenorio ni los de Salomé. Según Antonio Téllez, biógrafo de Facerías, el guerrillero era consciente de su valor, pero rehusó llevárselos y se los entregó a Brook en un arrebato pleno de romanticismo: "Tenga usted, Mister, la FAI protege las obras de arte", dice que dijo. Otras fuentes aseguran que, en realidad, los bocetos aparecieron intactos cuando se recuperó el Studebaker, abandonado por los guerrilleros a unos cinco kilómetros al sur de Vilamalla, en Figueres.

El suceso apenas tuvo eco en la prensa española, poco dada a dar pábulo al maquis. Pero tanto en Italia como en Inglaterra se publicaron crónicas sobre el asalto, debido a la creciente fama de Brook. Años después, Cristina Quintanar viajaría a Inglaterra y el director teatral le organizó una fastuosa presentación en sociedad: era la prueba viviente de su aventura en la España romántica de los bandoleros.

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