05 de junio de 2019
05.06.2019

La pintura rupturista de Cándido Camacho

La galería Artizar de La Laguna acoge, hasta el próximo 15 de junio, una exposición dedicada al fallecido pintor palmero

05.06.2019 | 06:03
Un aspecto de la exposición con la que se celebra también el treinta aniversario de la apertura de la sala lagunera, curiosamente con obras de Camacho.

El signo del cuerpo fue una constante en la obra del artista palmero Cándido Camacho (Tazacorte,1951-Madrid, 1992), protagonista de la exposición que se desarrolla en la galería Artizar de La Laguna hasta el próximo 15 de junio.

Esta muestra, que reúne una veintena de óleos y varios grafitos sobre papel procedentes de distintas colecciones privadas y de los fondos de la sala Conca, galería con la que trabajó hasta 1982, es un acontecimiento especial para la sala lagunera, porque celebra el treinta aniversario de su apertura, allá por el año 1989, de la mano de Camacho.

El legado plástico de este singular creador es considerado excéntrico dentro de la evolución del arte canario de su tiempo, anacrónica, maldita, decadente, iconoclasta y muy provocativa, comentó el comisario de esta iniciativa, Carlos E. Pinto, autor del libro que le dedicó la Biblioteca de Artistas Canarios (BAC).

Cándido Camacho. Bajo el signo del cuerpo es el título de esta propuesta en la que se homenajea al pintor palmero centrándose en los años 70, una verdadera revisión de lo que se considera su primera serie abstracta.

"Bajo el signo del cuerpo, elemento común a toda la producción y la estética de Camacho, empieza en 1970 con un obra que tiene una clara inspiración en el Poema de la Tierra de Néstor Martín Fernández de la Torre , pero con la personalidad de Camacho".

El recorrido continúa con ocho piezas de 1975, de las series El límite de los cuerpos y La Palma. "La presentó un año después en la Conca y es una exposición que se recuerda por la incorporación de bichos y cucarachas a los lienzos. La escenificación que hizo con cucarachas vivas escandalizó a los presentes allí y es muy recordada", aseguró Carlos E. Pinto.

También se exhibe un cuadro de la serie Tazacorte y otro de Deseo, Dolorosa, "que está entroncada con una pintura muy conocida suya, La virgen de la Cuca, que era la imagen de Marlene Dietrich virginizada como una especie de Anunciación. Aparecía una cuca volando que iba dirigida al corazón de Dietrich", describió.

Además de otros títulos, destaca un óleo sobre lienzo que evoca una figura masculina, una especie de fauno, que tiene un gran contenido erótico. "En esta obra ha abandonado el experimentalismo que le caracterizó en series como El mito de los cuerpos y La Palma".

La actriz y cantante Marlene Dietrich ocupó un espacio muy importante en el imaginario de Camacho, hasta tal punto que aparece en muchas de sus propuestas plásticas, fusionándose con su propia figura.

"Esa influencia le llegó muy fuerte, además tenía ese espíritu travestista, estaba en su personalidad. En el año 1972 hizo un serie sobre ella, Marlene verde, en la que aparecía su rostro de distintas formas. Luego la destruyó y recicló algunos fragmentos que incorporó después a varias de sus piezas, como lo hizo en la serie La Palma".

La colección reunida en Artizar indica que las técnicas preferidas por Camacho eran las mixtas sobre lienzo, además de óleo y grafito, a los que incorporó elementos como bichos disecados, trozos de marcos antiguos o de papel, convirtiéndose en algunos casos en verdaderos collages.

"También trató sus telas con barnices que quemaba, con lo que conseguía unas calidades muy corrompidas, muy decadentes, y en determinado momento pegó unos cuantos bichos, le gustó la idea y lo utilizó como un recurso estético más (...). En aquel momento produjo cierta repugnancia. Era muy provocativo, antiburgués. Nadie se atrevía a colgar eso en su casa. Eran cuadros muy experimentales que produjeron cierta inquietud en los potenciales coleccionistas a la hora de adquirirlas".

Ernesto Valcárcel, Gonzalo González, Fernando Álamo y Andrés Sánchez Robayna, entre otros, fueron algunos coetáneos de este creador que practicó un lenguaje muy contemporáneo, agresivo y, en cierto modo, heredero de Millares, puntualizó Grote.

La figuración que marcó las representaciones de Camacho era muy peculiar, con cierto aire surrealista, aunque en esa época no estaba de moda esa tendencia en el mundo de la plástica. "Su pintura es más trágica y muy erótica porque afloran muchas referencias a lo sexual, a la homosexualidad".

Pedro González, incluso Beacon, también influyeron en un principio en la concepción de la figura humana de este pintor autodidacta que empezó a estudiar Bellas Artes en Tenerife y lo dejó después, aunque sus primeros ideales eran dedicarse a la danza, algo imposible en aquella época en Canarias.

Fue un gran dibujante, aptitud presente en su trabajo, en esos óleos a veces rotos, con barnices, con tierras, con bichos... el resultado de un proceso de degradación de la obra que permanece casi inalterable al paso del tiempo, un trabajo rupturista, crítico con la realidad circundante que le tocó vivir y con una estimulante emoción que se fue con él.

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