06 de mayo de 2019
06.05.2019
ALEJANDRA SUÁREZ AUTORA DEL LIBRO 'NOMBRE EN CLAVE: TRIGON'

Alejandra Suárez: "A los 14 años supe que mi padre era un agente de la CIA, y me cambió la vida"

Acaba de ponerse a la venta el libro en el que Alejandra Suárez Barcala, madrileña afincada en Tenerife desde hace veinte años

06.05.2019 | 07:43
Alejandra Suárez.

Acaba de ponerse a la venta el libro en el que Alejandra Suárez Barcala, madrileña afincada en Tenerife desde hace veinte años, afirma que es hija de un espía ruso que trabajaba para la CIA y cuenta cómo lo descubrió. Un periodista colombiano que la puso en el camino de la investigación, una exagente norteamericana de la Agencia que conoció a su padre y, sobre todo, un manuscrito que escondía su madre la animaron a escribir una historia que ella defiende como real y que parece un auténtico guion de película.

Estos días promociona su primer libro: 'Nombre en clave: Trigon. La historia de cómo descubrí que mi padre era un agente de la CIA'. ¿Cuál es su intención?

Quiero que se sepa que hay una historia apasionante detrás, mi historia, que aunque parezca mentira es verdad, y que entusiasma a quien la conoce. Pueden pensar que es ficción, novela negra, una aventura de espías, pero cuando te acercas a ella te atrapa. Hace años se la contaba a mis amigas y se reían de mí, pensaban que me lo había inventado todo, pero ahora tengo el respaldo de varios libros que hablan sobre él, incluso un documental de la CNN, aparte de las cartas que mi madre y él se intercambiaron y un manuscrito.

¿Cuándo decidió escribir un libro sobre este asunto?

Quien me metió el gusanillo fue un periodista colombiano, Alberto Donadio, que escribió su propio libro sobre Alexander Ogorodnik, mi padre, del que no sabía que había tenido una hija, porque mi madre y la CIA lo habían ocultado por temor a la KGB. Alberto se dirige a mí pensando que yo soy hermana de mi madre, a la que estaba intentando localizar porque mis padres se conocieron en Colombia, y quería profundizar en su relación, su vida allí, cómo había sido su historia de amor. Al final terminamos, aparte de siendo grandes amigos, decidiendo que se iba a convertir en un libro, que en principio iba a ser conjunto, pero decidimos que él debía darle un punto de vista más objetivo, periodístico, de investigación. Yo escribo más desde mi perspectiva personal, lo que fue crecer sin padre, pues nunca supe nada de esto hasta los 14 años, cuando mi madre me sienta y me dice: "Mira, tu padre fue espía". Creo que nunca me dijo su nombre porque vivía atemorizada por la KGB. Ahí empieza a cambiar mi vida por completo.

Cuando su madre le hizo esa revelación, ¿se lo creyó?

A medias, a mí me lo contaba mi madre y me lo creía, pero no me dijo su nombre. Supe que había un manuscrito de mi padre pero no me lo quiso enseñar.

Y empezó a investigar, supongo.

Sí. Algunos años después, encontré en mi casa una tarjeta en la que aparecía el nombre de Alexander Ogorodnik como secretario de la Embajada soviética en Bogotá, donde se conocieron. Y después de que naciera mi primer hijo, hallé una referencia bibliográfica del escritor americano Pet Early. Me puse en contacto con él, pero tenía escasa información, o no me la quiso dar. Early retrataba a un traidor de la CIA que está encarcelado y que se ponía la medalla de que había reclutado a mi padre, y esto no es así.

¿Cómo puede demostrar lo que relata?

La llamada de Alberto Donadio en 2015 me impulsó a investigar el asunto más en serio, pero fue el hecho de que tuviéramos que ingresar a mi madre en una residencia porque tiene alzhéimer lo que propició que al vaciar su casa apareciera suficiente documentación que hemos usado tanto Alberto como yo para nuestros libros.

Hay otra publicación por ahí, 'The Widow Spy', de Martha Peterson, relacionado con su historia.

Ella cuenta la historia de su primer marido, que fue agente de la CIA y que murió en Laos, tras lo cual decide entrar en la Agencia y es nombrada agente de campo en Moscú, donde se relaciona con Trigon, el nombre en clave de mi padre, que era una figura destacada en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Alberto descubre ese libro, que fue publicado en 2013, y me manda el link. Lo compré inmediatamente, lo empecé por la tarde y lo acabé a las 5 de la mañana, riendo, llorando. Ella habla con muchísima admiración de mi padre. Tuve la oportunidad de contactar con ella: me escribió un correo que reproduzco en el libro en el que dice que sabía que un día la hija de Trigon llamaría a su puerta. Y fui a conocerla.

¿Cómo le ha resultado esa experiencia de escribir sobre su padre, al que nunca llegó a conocer?

En principio fue extraño porque parece que estás buscando información sobre otra persona que no tiene nada que ver contigo, pero su manuscrito me ha permitido descubrir lo que lo motivó. Habla de cómo nació y creció en un sistema comunista. Si tenemos en cuenta que mi abuelo era un oficial de alto rango, es obvio que estaba predestinado a ser alguien importante para el país. No pudo concluir sus estudios en la academia naval, por un problema de vista, y acabó Económicas, con una tesis sobre China y Sudamérica. Después pasó dos años en Cuba, y luego, viviendo en Colombia en la Embajada soviética, es donde se empezó a dar cuenta de que realmente vivía una farsa. Se planteó cambiar las cosas desde dentro y consideró que la forma más adecuada era trabajar para la CIA y descubrir todas las mentiras que había detrás del sistema soviético.

¿Y qué conclusión saca?

Creo que la figura de mi padre no ha tenido el reconocimiento que se merece, me parece un héroe, supervaliente, y ojalá la gente aprenda de su historia. Puso su vida en peligro y terminó pagando con su vida por unos ideales, aunque no negaré que la CIA le compensó económicamente muy bien por su trabajo.

¿Cuándo murió?

Cuando yo tenía dos años. Ellos estuvieron juntos del 72 al 74, de manera intermitente, porque en Bogotá se veían cuando él se podia escapar de la Embajada, que eran pocas, y estaban muy controlados. Él gozaba de más libertad que otros ciudadanos soviéticos porque era secretario del embajador y trabajaba para la KGB. Entonces ella vuelve a España a vivir, pero va y viene para mantener la relación, y es en uno de esos viajes cuando queda embarazada de mí, en verano de 1974. Y en noviembre él se va a Moscú. Allí se suicidó, tras ser arrestado, con una cápsula de cianuro que había pedido a la CIA (falleció el 22 de junio de 1977 a los 37 años).

¿Cómo se conocieron sus padres?

En un desfile que ella organizó para el Ministerio de Cultura colombiano sobre trajes típicos de distintos países, entre ellos la URSS y España. Mi madre guardó el programa del desfile.

¿Qué hacía su madre en Colombia?

Mi madre provenía de una familia muy humilde y decidió irse sola con 20 años a hacer las américas. Más tarde se llevó a mis abuelos. Era una mujer bastante visionaria y aventurera, además de muy guapa. Por medio de un sacerdote consiguió buenos contactos y con su carisma le fue muy bien.

Tuvo problemas con ella. ¿En qué consistieron?

La relación fue muy dura desde siempre, ella realmente no me crio, sino mi abuela y mi tata, una señora colombiana. Mi madre se ocupó muy poco de mí de pequeña, no se lo echo en cara, cada uno puede vivir su vida como elige vivirla. Pero sí le echo en cara que a partir de mi adolescencia empezó a hacerme la vida muy complicada, me maltrató psicológicamente sobre todo, y físicamente me llegó a tirar por una escalera. De alguna manera me culpaba de lo que había pasado. Cuando yo tenía 14 años, tras una ruptura sentimental de una relación muy larga, se volcó en mí y empezó a hacerme un chantaje emocional, a intentar acapararme. Fue muy duro. No quise profundizar mucho en esto en el libro, podría haber contado más pero no quería convertirla en protagonista, sino mi padre. Basta con saber que cuando tu madre te sienta con 14 años enfrente de su silla todas las noches para decirte que eres muy mala hija y que se va a suicidar por tu culpa, te lo crees. Ahí no te planteas que sacas buenas notas, que no tienes malos hábitos, sino que eres mala, y te quedas tocada.

¿Que le ha aportado el proceso de escribirlo?

Muchas lágrimas, muchas risas, profundizar en mi interior y darme cuenta de que me parezco a él en muchas cosas.

¿Le queda algo por descubrir de la historia?

Mucho, voy a seguir investigando, no quiero dar pistas pero hay varias líneas de investigación abiertas.

¿Para una trilogía?

Y tanto, de hecho estoy trabajando en el manuscrito. También quiero conocer a mi familia rusa. Sé que tengo primos y que mis tíos siguen vivos. Fue a raíz de descubrir Oscar Cardona y Sara Mejias, dos periodistas colombianos que están haciendo un proyecto para un documental sobre mi padre, dónde estaba enterrado mi padre. Fueron a ver la tumba y me mandaron fotos y vídeos.

¿Va a participar de alguna forma en ese documental?

Totalmente. Ellos han querido centrarlo en mí y que yo sea la narradora de la historia. Seguramente se llame Mi padre el espía. Hay una productora de Hollywood interesada y están buscando inversores.

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