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Entrevista con Xoel López - Músico

Xoel López: "Te puedes ver en la necesidad de recuperar un disco porque a lo mejor te da de comer ese año"

Charlamos con el músico coruñense, ex Deluxe, acerca de la fama y la búsqueda del equilibrio en la industria de la música

Xoel López aboga por desmitificar la profesión de músico. / Blanca del Amo

Xoel López aboga por desmitificar la profesión de músico. / Blanca del Amo

Xoel López (1977, La Coruña) ha tratado de convertir el equilibrio en la base de su carrera. Pasados los 40, saborea la "fama digerible" de las estrellas indie, pues asegura que se mueve como pez en el agua en los ambientes extra musicales. "Voy con mi hijo al parque tranquilamente y a no ser que me meta en un festival entre el público, paso bastante desapercibido", asegura.

Cuando alcanzó la cúspide con Deluxe, decidió dejar de lado ese proyecto y emigrar a Buenos Aires "en busca de libertad". Un éxodo que duró casi cinco años y del que después regresó reinventado y con nuevas canciones que presentó bajo su propio nombre, adquiriendo su verdadera identidad.

Xoel López conoce como nadie los entresijos de la industria musical. Desde sus inicios juveniles en discográficas pequeñas con discos de 500 copias hasta que fichó por una multinacional convirtiéndose en uno de los artistas imprescindibles de la escena 'indie' nacional. Llegó incluso a lanzarse a la aventura de la autoedición y a día de hoy trabaja con su representante de toda la vida en un pequeño sello. El 95% de su vida es la música, "para bien o para mal", advierte, y se define como un trabajador de la música. "Las élites no me interesan", cuenta.

-¿Cómo digeriste la fama en pleno boom de tu carrera?

-Yo creo que mi fama, como siempre fue relativa, es una fama muy manejable. Los picos de fama que sentí fui apagándolos, como si fueran fuegos. Hubo gente incluso que me lo echó en cara, como si ese fuera el camino correcto, pero yo siempre entendí que mi camino estaba en el equilibrio.

-¿Has conseguido llegar a él?

-Mi amigo Iván Ferreiro, compañero de batallas, dice en una de sus canciones que "el equilibrio es imposible". Quizás mi búsqueda es un imposible, en el sentido de que el equilibrio en este caso cuesta cinco o diez veces más casi que dejarte llevar por la corriente de lo que sucede.

-¿Cómo se vive entonces con la búsqueda de un imposible?

-Yo decidí que no quería traspasar una línea. No quería perder intimidad ni dejar de poder llevar una vida absolutamente normal. No me interesaba especialmente que me parasen cincuenta veces por la calle. Lo tenía muy claro con 20 y pico y lo gestioné lo mejor que pude. Estoy orgulloso de ello, aunque también es verdad que tampoco tuve que gestionar tanto, simplemente fui gestionando lo que me venía. Yo no salí de un programa de televisión y me vino la fama en dos días. Al ser poquito a poco, te permite digerir cada movimiento despacio y con cierto margen para la reflexión.

"Al regresar de Latinoamérica, retomar mi carrera en España me costó más de lo normal, pero fue un riesgo y un escape que mereció la pena"

-Decidiste entonces aparcar Deluxe y marcharte a Latinoamérica...

-Sí. Es algo que volvería a hacer y que recomendaría a alguien que se viera en una situación parecida a la mía. Poner los pies en el suelo, volver a tocar para gente que no te conoce, conocer a la gente de otros lugares... Fue fundamental, aunque tuvo su coste, porque es verdad que luego retomar mi carrera en España me costó más de lo normal, pero creo que fue un riesgo y un escape que mereció la pena, la verdad.

-Pero a día de hoy habrá gente que te reconocerá por la calle, ¿no?

-Sí, pero no es algo que llegue a cambiar mi ritmo de vida. Yo hago una vida absolutamente normal. De parque con mi hijo, de ir a cualquier lugar y estar tranquilo, a no ser que me meta entre el público dentro de un festival, que ahí la cosa se complica (risas), pero en los ambientes fuera de la música estoy súper cómodo y eso creo que vale mucho, es riqueza realmente.

La música como oficio

-Celebras ya diez años en esta última etapa con tu nombre propio.

-¡Ah, pues no lo había pensado! Pero sí, efectivamente, dimos el último concierto de Deluxe en diciembre de 2008 y empecé ahí, aunque no saqué nada y estuve varios años en barbecho hasta que saqué el primer álbum de mi trilogía, 'Atlántico' (2012). Después vino 'Paramales' (2015) y 'Sueños y pan' (2017).

-¿Qué balance haces?

-Unos diez años muy originales, particulares, exóticos, diferentes, abruptos e incluso cambiantes. Realmente creo que fueron los más experimentales, mental y artísticamente.

"A veces escucho algo de mi pasado y me doy cuenta de que ése no soy yo para nada, sobre todo al principio, cuando era más mimético y copiaba cosas de fuera"

-¿Echas de menos tus vivencias del pasado con Deluxe, Elephant Band o Lovely Luna cuando eras 'mod' y cantabas en inglés?

-Bueno, yo convivo con mi pasado y miro hacia atrás con cariño. Tengo buenas sensaciones con todo lo anterior. Es verdad que a veces escucho algo y me doy cuenta de que ése no soy yo para nada, sobre todo al principio, cuando era más mimético y copiaba cosas de fuera. Luego fui encontrando mi propia personalidad, pero es parte del aprendizaje. Son cuadernos de aprendiz. En su momento no lo sentía así, me representaban al 100% pero claro, ahora que ha pasado el tiempo, lo veo demasiado lejos. Aunque hay canciones que todavía sigo tocando y que considero que forman parte de mi vida para siempre.

-Has pasado por sellos independientes y también por grandes como Virgin/EMI, ¿cómo ha sido tu experiencia?

-Ojo con los tópicos, porque no se cumplen necesariamente. De hecho, me llevé una sorpresa en ese sentido. Ahí hay un poco de mito, porque no necesariamente estar en una discográfica pequeña supone que todo sea maravilloso ni estar en una grande que todo sea difícil. En las indies hay mucho lobo camuflado con piel de cordero, y en las multis hay muy buena gente, muy currante y respetuosa con los artistas. Yo lo viví así de hecho.

-¿Cómo has encajado la barrera de los 40, musicalmente hablando?

-Con bastante naturalidad. En mi caso, mi música refleja la edad que tengo. No es una música que yo sienta que tenga que tener 20 años para defenderla. Son canciones que creo que voy a poder tocar durante toda mi vida. Igual que yo escuchaba a Bob Dylan, Serrat o Caetano Veloso cuando ellos tenían 40 años y yo 15, pues veo en mis conciertos que hay gente de 20 o 60 conviviendo y creo que eso es muy bonito.

En ese sentido, el hecho de cumplir años es algo bastante cómodo para mí. Sería más duro si tuviera a lo mejor un grupo de punk juvenil. Se me haría más difícil salir a defender 'God save the Queen', como los Sex Pistols, con 41 años que tengo ahora o cuando tuviera 60, pero bueno, creo que tengo la suerte de ser armónico con mi edad y evolucionar.

-Bueno... ahí tenemos a La Polla, que han vuelto y ya tienen fechas para una nueva gira.

-Sí, hay un espacio para la nostalgia que creo que es bonito y hay que respetarlo. De hecho, yo mismo podría hacer ese ejercicio nostálgico con las cosas que hice en mis inicios y que no me representan tanto a día de hoy. No hay que olvidar que esto es un trabajo, hay que ser realista. A veces, idealizamos mucho el mundo de las artes, pero no podemos vivir del aire. Yo procuro trabajar en lo que me representa 100%, pero a veces te puedes ver en la necesidad de tener que recuperar un disco porque eso a lo mejor te da de comer ese año. Y creo que eso hay que respetarlo.

-De hecho, tu último disco -el número 14 en tu carrera- se titula 'Sueños y pan'.

-Sí. Es que creo que hay una cierta perversión, porque a veces se nos exige a los artistas una autenticidad que no existe y que no tiene nadie. Que el que la puede conseguir es quizás porque tiene la vida resuelta por otro lado, pero a mí no me interesa el mundo de las élites y creo que hay que pensar en la parte del músico como trabajador, que tiene que lidiar también con el paro y sacarse sus habichuelas.

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