10 de abril de 2019
10.04.2019
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Enrique Vila-Matas es Premio de la Real Academia Española y Caballero de la Legión de Honor en Francia. / Aida M. Pereda

Enrique Vila-Matas: "Los políticos tienen una importancia desmesurada para la vulgaridad de su mundo"

El escritor catalán ambienta su última novela, 'Esta bruma insensata', en el Procés. "Lo viví con gran incertidumbre", asegura

11.04.2019 | 11:09 Un artículo de

Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) da una vuelta de tuerca más a su particular universo con la novela más metaliteraria y al mismo tiempo más narrativa de su carrera, advierte. 'Esta bruma insensata' (Seix Barral) contiene tantas lecturas como referencias literarias, cinéfilas y artísticas que se citan dentro de una intrigante historia narrada con el telón de fondo del Procés y la histórica pero breve declaración de independencia de Cataluña.

El escritor catalán, invitado a reflexionar acerca de la conexión entre el arte y la literatura en el festival Gutun Zuria, acaba de aterrizar sano y salvo después de un vuelo lleno de turbulencias. Mientras sorbe un café un con leche y se repone del susto, nos cuenta, entre otras cosas, cómo siente la literatura, la política y la muerte.

-'Esta bruma insensata' está encuadrada en pleno Procés, ¿por qué ha elegido este contexto?
-He combinado el dramatismo de la situación del personaje, con la incertidumbre de esos tres días como telón de fondo de la historia. Esa situación de incertidumbre es paralela a la que vive el personaje con respecto a la llegada de su hermano y a los acontecimientos difíciles de su vida porque han muerto sus padres.

Como hizo Duchamp, el inventor del 'ready-made', combinando dos cosas que aparentemente no tenían nada que ver, como una rueda de bicicleta y un taburete para crear un objeto artístico, o por ejemplo en '2001: Odisea en el espacio', de Kubrick, donde de la mezcla de los valses de Strauss y las naves espaciales sale algo memorable. De esta combinación que hice, no sabía lo que saldría, pero la hago desde el comienzo simplemente para ver qué pasa.

"Esa combinación entre la historia y el Procés es una bomba que acaba encajando al máximo. Uno la coloca y espera a ver en qué momento encaja." 

-¿Y qué podemos contar de todo lo que pasa sin hacer 'spoiler' de la novela?
-Esa combinación entre la historia y el Procés es una bomba que acaba encajando al máximo. Uno la coloca y espera a ver en qué momento encaja. Si no encaja al principio, espera. Y es lo que hice. Y sí lo hace, encaja. Cuando el protagonista llega a Barcelona y visita a tía Victoria, los helicópteros de 'Apocalipse Now' evocan esa noche de incertidumbre de la gente que estaba en Barcelona y de la que poco se ha hablado a nivel íntimo y personal. Este aspecto se ha tratado poco. No es periodístico, pero sí literario. Y de ahí ha salido esta combinación extraña. Es la novela más metaliteraria de las que he hecho y al mismo tiempo la más narrativa.

-¿Cómo vivió esa breve pero histórica república catalana?
-Con incertidumbre. Como todo el mundo, miraba cada hora las noticias, no sabía qué iba a pasar ni qué ocurría. A la mañana siguiente, vi que había sido declarada pero que no había nadie celebrándola.

-¿No trastocó su día a día, al igual que no lo hace con los personajes de su historia?
-Es una parábola de cómo estamos viviendo bajo el mundo de la televisión, de los medios e internet, que nos están creando relatos continuos de políticos. En el libro aparece el mensaje de la televisión de fondo, pero los personajes están muy ocupados y siguen con lo que tienen que hacer.

Enrique Vila-Matas recuerda sus inicios en el mundo de la literatura.

Los políticos tienen una importancia desmesurada para la vulgaridad y mediocridad de su mundo. Todo el día tenemos un 90% de historias que no tienen ningún interés, que si uno ha dicho no sé qué o el otro ha dicho aquello. Cada vez hay menos espacio, ya no digamos para la cultura, sino para todo, incluso para el sentido del humor.

- Esa bruma 'insensata', como se refiere a ella en su libro, ¿no nos deja ver el bosque?
-Es una metáfora que se puede entender de muchas maneras. La vida en concreto es una metáfora. No sabemos qué hay más allá, pero si hay algo hay que levantar la bruma para que lo veamos. Al mismo tiempo es una metáfora de la situación en la que nos encontramos en general en estos momentos.

-Se trata de una novela construida a partir de citas, reales e inventadas.
-Sí, he trabajado con la intertextualidad casi desde el principio de mi carrera. Y en esta ocasión decidí montar un libro en torno a esto que se me atribuye, abordarlo directamente. Ésa fue la idea inicial, un guiño a mi propia manera de construir las novelas, con referencias en ocasiones a citas, inventadas y no, pero todo eso fue desarrollado en el libro y fue a parar a algo distinto una vez me puse a hacerlo.

-Los dos hermanos que protagonizan la novela tienen una visión de la literatura totalmente distinta.
-Sí. Simon Schneider tiene fe en la literatura y Rainer radicalmente la desprecia, no cree en ella en el fondo. Son dos posiciones distintas con respecto a la literatura y por supuesto frente a la vida, porque creer o no creer en la vida y creer o no creer en la literatura van en paralelo.

"Trabajo creando personajes que aparecen, que salen de mí, y confrontándolos, pero no voy a favor del uno o del otro, no me identifico"

-¿Hay algún álter ego suyo en la novela?
-No, son personajes. Puede ser que tenga ego, pero no trabajo con él (risas). Trabajo creando personajes para ver cómo son otros personajes que aparecen, que salen de mí, y confrontándolos. No voy a favor del uno o del otro, no me identifico. Veo cómo son y lo que les pasa, pero me distancio.

-¿Recuerda haberse sentido en la sombra alguna vez al inicio de su carrera, como es el caso de Simon Schneider, un hokusai -distribuidor de citas- que trabaja para un autor de éxito?
-Sí, evidentemente. Sería muy raro lo contrario. Por supuesto que fueron difíciles, pero son inicios muy lejanos en el tiempo ya y en una época en la que ser escritor en España era una locura. Ni tenías reputación social ninguna, ni había dinero en ninguna parte. Ninguno de los escritores que conocía en Barcelona ganaba dinero con la literatura, ni los consagrados.

Pero mi tendencia a hablar de personajes como este hokusai viene de muy lejos. No porque yo haya tenido una experiencia como la de ellos, sino que los elijo en situaciones tan límite, que su vida sólo puede mejorar de tan mal que está. Los elijo para hacerles vivir una serie de aventuras e historias, cruzar algunos espacios de su vida que les llevan a mejorar, aunque sea mínimamente, como le ocurre al personaje de mi libro.

El escritor catalán sitúa a sus personajes al borde del abismo.

-Simon escribe en una casa destartalada junto a un acantilado, retirado del mundanal ruido. ¿Por qué esta búsqueda del sosiego?
-La novela surgió de una conferencia que di hace dos años en el Collège de France y he recuperado ese personaje. Entonces se llamaba Bastien Schneider y aquí mantengo el apellido pero le he cambiado el nombre por Simon. Lo que sí mantuve es la situación original de la casa frente al abismo como un comienzo en el que no hay prácticamente salida para darle una salida a ese personaje en toda la novela.

-¿Y por qué en Cadaqués?
-Pues por motivos prácticos. A la hora de situarlo en un acantilado catalán no tuve mucha paciencia para buscar lugares, así que lo situé en un territorio que conozco. Cap de Creus está más allá de Cadaqués, donde vivía Dalí, y es una zona salvaje, espectacular, muy de fin del mundo. Allí prácticamente no hay casas y yo podía poner la mía.

Es donde Buñuel rodó 'Un perro andaluz' y 'La edad de oro'. En una época trabajé como director de cortometrajes y recuerdo encontrarme allí con 20 años dirigiendo 'Fin de verano'. Al mismo tiempo estaban rodando 'Laz luz del fin del mundo', una adaptación de la obra de Verne, con Kirk Douglas y Yul Brynner, y montaron otro faro al lado del faro de Cadaqués.

La invisibilidad y el poder de la literatura

-En estas páginas habla también de una paradoja, la visibilidad de quien quiere ser invisible.
-Es que me parece ridículo. Entonces juego y me río de esto de alguna forma, basándome en esa fábula de 'El hombre invisible', en la que ese hombre invisible cree que no le ve nadie y es al revés, le ve todo el mundo. En la novela, Rainer está en un jardín de un hotel de Barcelona, a la vista de todo el mundo, y nadie le reconoce. Y por tanto hay este juego irónico con respecto a este mito de los escritores ocultos, los menos ocultos del mundo creo, sí.

-¿Pasa usted desapercibido en Barcelona o trata también de ocultarse?
-Con el tiempo me he ido volviendo muy discreto. Sin embargo, no consigo pasar desapercibido. En el servicio militar me recomendaron que pasara desapercibido. Lo mejor que puedes hacer es que no te vean. Y con esta mentalidad fui, pero no lo conseguí.

-¿Ya le vieron madera?
-Sí, nada más llegar llamó la atención que el abrigo que llevaba era un poco largo. Y luego llamó la atención que me tocaba barrer la arena del campamento de África y yo no sabía barrer (risas). Estuve un año así. Al final ya sabía barrer, pero seguía sin barrer bien esta vez ya deliberadamente para evitar que me encargaran más cosas. Ya había aprendido pero simulaba que no.

"Para mí la muerte forma parte de un 20% de los pensamientos del día. No me gusta recrearme en situaciones que no deseo"

-La muerte también cobra gran peso en esta novela. ¿Es algo en lo que piensa en su día a día?
-Para mí la muerte forma parte de un 20% de los pensamientos del día.

-¿Más que antes?
-Lo mismo. No, no más. Tengo tendencia a ocuparme el 80% restante. No me gusta recrearme en situaciones que no deseo y por lo tanto siempre trato de pensar en algo que sea estimulante.

-Precisamente la literatura sirve para trasladarnos a otros mundos...
-De hecho, en muchas ocasiones ha sido fundamental para mí. Si no existiera, la habría inventado, claramente. No solamente escribir, sino leer. Permite entrar en mundos diferentes de la vulgaridad cotidiana y de todas esas historias que nos cuentan por televisión. Todo eso no me aporta ningún estímulo vital, ya no digamos espiritual, así que todo lo que sea huir de eso es muy bienvenido, y más en estos tiempos.