Cultura y Espectáculos
JOSÉ SANCHIS SINISTERRA PREMIO NACIONAL DE TEATRO Y DE LITERATURA

"No es una frase muy brillante, pero el riesgo me pone"

Jorge Dávila, Santa Cruz de Tenerife
28/ene/19 6:23 AM
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Jorge Dávila, Santa Cruz de Tenerife

Segundos antes de hacer la primera pregunta nos advierte de una propensión a la locuacidad que provoca que en muchas ocasiones se enrolle como una persiana. "¡Vaya con cuidado!", avanza sin obviar que se puede ir por los cerros de Úbeda... "Usted me corta cuando sea necesario; me paso la vida vendiendo proyectos de dramaturgia y debo reconocer que me cuesta estar callado", alerta el valenciano José Sanchis Sinisterra (1940), Premio Nacional de Teatro y Premio Nacional de Literatura Dramática, en el arranque de una entrevista en la que deja claro que es un agitador cultural que no tiene miedo a equivocarse. "El teatro es mi plataforma para poder existir", confiesa un humanista que hoy, a partir de las 18:30 horas, será una de las voces que se escuchen en "Guimerá: Escenarios para la reflexión", iniciativa que está liderada por la concejalía que dirige José Carlos Acha que busca abrir un espacio para el análisis entre creadores, pensadores y público.

¿Siente que es un ser especial en un mundo en crisis?

No sé si soy consciente al cien por cien de ese privilegio, pero sí me siento un eterno aprendiz de la cultura. Curiosamente, la edad y la experiencia no me han dado claridad, explicación y lucidez, sino que es al revés: la realidad es cada vez más enigmática y, sobre todo, incomprensible. Eso hace que siga estudiando, investigando, probando y, por supuesto, equivocándome. Al final, el teatro es mi plataforma para existir y poder intervenir en el mundo. ¿No sé si es la respuesta que buscaba?

¿Eso coloca el teatro en una posición epicéntrica de su existencia?

Sí que lo está, pero no siento que tengo un saber o una estabilidad cultural que puedo llegar a difundir impunemente, sino que constantemente me estoy haciendo preguntas para intentar equivocarme mejor...

En ese tránsito entre ensayo y error aparecen fracasos que no son fáciles de asimilar. ¿En el mundo de la cultura, y en la vida en general, cuesta mucho más asumir una decepción que una alegría?

Ahí la palabra reconocer implica dos cosas: aceptar que una cosa ha salido mal es algo que siempre jode, pero darse cuenta de un error es mucho más complicado. Por eso los errores peligrosos son aquellos que no te has dado cuenta de que han sido un error... En mi caso debo reconocer que yo los he padecido de todo tipo y colores. Uno de mis maestros es Samuel Beckett. Él insistía mucho en el hecho de que la equivocación, el error y el fracaso forman parte de la naturaleza del artista.

¿Por lo que dice, usted cree en la idea de "si siempre fallaste, no importa, inténtalo otra vez, falla mejor" (Samuel Beckett)?

Siempre debemos transformar cada fracaso en una nueva oportunidad para tratar de conseguir el éxito... Yo soy una persona muy propicia a percibir dónde se está equivocando. A medida que me hago mayor resultad más sencillo reconocer o distinguir caminos que no llevan a ninguna parte.

Usted habrá visto muchas crisis, metamorfosis y revoluciones teatrales a lo largo de su vida. ¿El teatro, que siempre está al borde de un desfiladero, ha cambiado mucho desde los primeros contactos que mantuvo con él hasta nuestros días?

El teatro ha evolucionado conjuntamente con otros órdenes de la existencia humana: lo económico, lo político, lo social inevitablemente está conectado con él. Este es un mundo que está en una mutación permanente. Hoy en día existen elementos técnicos que si yo los hubiera visto en los años 60 habría dicho que esto no es teatro... Hoy en día la usar la expresión eso no es teatro es peligroso. Lo es porque hay sectores internos que se están renovando constantemente. Eso sí, en paralelo a ese discurso, hay que contar que muchas de las cosas que se presentan hoy como la última novedad y máxima revolución, cuando no histórica, ya la hizo tal actor y director en los años 90 del siglo pasado. Esa modernez absoluta que nos quieren vender en ocasiones, solo es un mal refrito de algo que ya pasó. Quiero pensar que recalentar esos productos culturales es un acto involuntario, no un plagio al pasado ante la ausencia de nuevas ideas.

¿Usted no es sospechoso de no querer el progreso?

Buscar siempre es un estímulo, salvo cuando alguien se pone muy pedante y consigues que salga de la idea de que la innovación es un valor en sí mismo, algo que ya le digo que no es cierto. En el teatro todo es reciclable, pero hay que tener cuidado cuando se quiere copiar. Volver a lo más originario y elemental también es un síntoma de evolución. Lo moderno no solo se consigue reemplazando algo por lo nuevo, sino volviendo la mirada hacia atrás: mirar para analizar, no para copiar.

Arriesgar siempre es un arma de doble filo, pero el que no lo hace no gana, ¿no?

Yo no sé vivir sin buscar ese estímulo... No es una frase muy brillante, pero el riesgo me pone. Por fortuna, este extraño dispositivo que he generado en Madrid, que es el Nuevo Teatro Fronterizo, hay mucha gente que piensa como yo. Hace unos días, por ejemplo, se presentó un proyecto que conforme iba creciendo la única pregunta que me planteaba era: ¿Estaré afectado ya por una demencia senil? No lo estoy (sonríe)... Es un alivio pensar que creadores de 30 o 35 años ven las cosas igual que un señor de 78.

¿En referencia a su última respuesta, le inquieta el hecho de que un día la cabeza no le responda?

Permanentemente. Sobre todo, cuando en los últimos dos o tres años no le dejo de preguntar a la gente que más próxima está a mí si ya no estaré acabado... Como existen síntomas objetivos que se vinculan con las dificultades que van creciendo para dar forma a un texto o una obra, todos los días me pregunto si estoy ya en un periodo neuronal que va en decadencia. Esa una inquietud bastante lógica. Lo es porque ya tengo una edad y, encima, hace tres años sufrí un infarto. Por esa razón no puedo resistirme a preguntar a la gente de mi confianza si ya me he convertido en una cacatúa, que repite siempre lo mismo, o sigo con mis facultades mentales intactas.

¿Y cuál es la respuesta?

Ellos me dicen que están intactas, y creo que no mienten. Yo también lo siento así (sonríe)... Saber que me queda poco tiempo es lo que provoca esta aceleración de tipo compulsivo para seguir proponiendo cosas. Mi objetivo es continuar cambiando el entorno teatral.

¿Su lucha sigue siendo cambiar el entorno teatral?

Esa es la ilusión que tengo para mi última etapa de la vida. No con lo que hago a diario en el Nuevo Teatro fronterizo, que es una aventura que fundé en 2011, sino a través de iniciativas como las que voy a mostrar en Tenerife, es decir, proponer una serie de iniciativas de escritura dramática que sean poco frecuentes en el teatro que se está haciendo hoy. Eso ya lo hago en Madrid, en Italia y en América Latina. A Canarias vengo a sondear temas y aspectos de la realidad humana que no están siendo tratados por los textos teatrales. Mi deseo es inducir a los autores a que escriban sobre esos temas: dar una mayor visibilidad a la mujer, ser un aliado de los colectivos que están en riesgo de exclusión social y no permitir la devastación del planeta.

Un creador mediterráneo como usted es distinto a uno que ha crecido en el Atlántico, ¿pero hasta qué punto el carácter tricontinental que afecta a las Islas condiciona el proceso creativo?

Esa encrucijada geográfica es la que posibilita estar menos sometido a los flujos de homogeneización que se dan en el resto del territorio español gracias a que las distancias no suponen una distancia insalvable y la comunicalidad entre los artistas es más frecuente. Es verdad que internet está acortando esas fronteras, pero ese solo es un aspecto de la comunicación que está relacionado con la transmisión de información e imágenes. La interacción creativa es otra cosa. Carecer de una identidad fronteriza, o de algo que me ate a un lugar para siempre, me permite amar lugares como ese archipiélago en el que los contrastes son múltiples.

¿Ser Premio Nacional de Teatro y Premio Nacional de Literatura es la prueba de que no hay tantas diferencias entre los diferentes géneros literarios?

Eso se lo está preguntando usted a un ser que lleva años defendiendo contra viento y marea que eso no funciona así. He reivindicado durante toda mi vida que lo teatral también es un género literario. Existe un prejuicio dentro de muchos ámbitos culturales contemporáneos, incluso fomentado por gente del teatro como son los directores, que consideran que el teatro es fundamentalmente un espectáculo; que lo que define a este oficio son los hechos físicos y técnicos, no los literarios. Para mí esa es una visión reductivista que no ha tenido en cuenta jamás que en Europa hay casos maravillosos de textos escritos para el teatro que son un tesoro para la literatura.

Pero a José Sanchis Sinisterra, ganador de varios Premios Max y de reconocimientos tan valiosos como el Premio Federico García Lorca de Teatro o el Premio Adolfo Marsillach, no solo le preocupa al entrar en una biblioteca que sea muy complicado, si no totalmente, imposible dar con un texto teatral. "No es que los esconda, bueno alguna vez sí que lo hacen, es que directamente no están", censura sobre un trato que él considera discriminatorio. A la pregunta sobre los hábitos de lectura que se dan en España, hay que sumar circunstancias como la que se ha dado con el anuncio de librerías emblemáticas para una ciudad, como es el caso de La Isla, en la capital tinerfeña: "¿Y cómo hemos salido en ese estudio?", pregunta con ironía antes de proseguir con una análisis en el que conviven tradición y modernidad. "A lo mejor las librerías que están cerrando no han sabido modernizarse, ¿no?", se cuestiona segundos antes de apuntar una causa enlazada con el progreso: "Amazon está devastando a la cultura; se ha cargado paisajes culturales que tenían cierto encanto. El día menos pensado eso se va a derrumbar para siempre. Ahí seremos plenamente conscientes de que el mundo virtual es una cueva de ladrones. Cuando seamos conscientes de que ese es un territorio con una vulnerabilidad extrema en el que nadie está protegido ya será tarde. Cuando la omnipresencia de la cultura tecnológica pierda peso volveremos a las librerías, a las tertulias de cafetería, a los coloquios como el que voy a participar esta tarde en Santa Cruz -a las 18:30 horas en el teatro Guimerá-... A pesar de la avalancha que propician las nuevas dramaturgias, el teatro no ha dejado de ser la Cenicienta de las artes. Encuentros como el que se va a producir en la Isla son vitales para despertar consciencias que están dormidas", concluye.

JOSÉ SANCHIS SINISTERRA PREMIO NACIONAL DE TEATRO Y DE LITERATURA