El ‘último baile’ policial del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife
La Policía Autonómica Canaria desplegó 30 efectivos para hacer frente a las incidencias de la última madrugada carnavalera en la capital tinerfeña. Más de ocho horas de servicio que se saldaron de manera satisfactoria. Así transcurrió el ‘último baile’ policial en el entorno de la Plaza de España

Una jornada de carnavales con la policía canaria / Andrés Gutiérrez

A las siete de la tarde todo está por hacer. Los agentes de turno adscritos a la Brigada de Intervención Policial, el Grupo Operativo de Respuesta y la Unidad de Guías Caninos ya están en la base que el Cuerpo General de la Policía Canaria tiene en Añaza. Un brieffing como los que se hacían al inicio de cada capítulo de la serie Canción triste de Hill Street, pero de carne y hueso, se convierte en el punto de partida de la guardia del sábado de piñata.
El subinspector Presas, en el cuerpo desde el pasado 30 de diciembre tras agotar un ciclo laboral en el Cuerpo Nacional de Policía, está al frente de un operativo que cuenta con 30 efectivos. «Esperamos una noche con mucho movimiento, hoy [por el pasado sábado] y el lunes de carnaval la gente sale con ganas... Son las últimas horas de diversión y ya no se guardan nada», precisa segundos después de quedar montado el puesto base en los exteriores del Cabildo de Tenerife.
Desde allí van a nacer todas las operaciones que se precisen para «mantener la fiesta en paz». El mando se estrena de patrulla en las fiestas chicharreras, aunque el lunes de la pasada semana ya estuvo en los Indianos y «todo se desarrolló con total normalidad. Tuvimos un buen servicio», precisa en relación al día grande del Carnaval de Santa Cruz de La Palma.

Una jornada de carnavales con la policía canaria / Andrés Gutiérrez
Lo importante, como él mismo reconoce, es tener «mano izquierda» para lidiar con las incidencias que vayan apareciendo durante la madrugada . «Nuestra misión no es fastidiar la fiesta a nadie, sino que la mayoría de los asistentes se sientan seguros al ver que existe una presencia policial acorde con la magnitud del evento que se está celebrando», aclara Presas sin obviar que parte del éxito de la noche pasa por «una buena coordinación entre las distintas fuerzas de seguridad».
La misión se va a alargar hasta las seis de la mañana y en torno a las diez de la noche se abre un impasse natural entre los que inician la retirada tras emplearse a fondo en el Carnaval de Día y los que están llegando para disfrutar de lo lindo hasta que salga el sol. En medio de ese compás de espera se organizan los primeros movimientos de los efectivos de la Policía Autonómica de Canarias. A menos de 50 menos está la base de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y el despliegue de recursos visualmente parece bastante generoso.
Primeras intervenciones
Las primeras horas de servicio fluyen con normalidad hasta que sobre la una de la mañana se detecta una situación de riesgo en una zona próxima a uno de los escenarios. Un buen número de carnavaleros se ha subido a una plataforma que no parece muy estable: la orden es desalojar esa estructura para anticiparse a una amenaza de peligro.
Los agentes encuentran una buena dosis de colaboración por parte de los fiesteros. Algunos se hacen los remolones a la hora de bajar [miran para otro lado o fingen no haber escuchado las indicaciones], pero todo acaba bien.
Cerca de allí, otros funcionarios atienden a un varón que se encuentra en los últimos escalones de ingreso en un coma etílico. De momento, se trata de una borrachera de campeonato y no se entera de lo que pasa a su alrededor. Lo más sencillo es una derivación al hospital de campaña y un buen pinchazo de B12.

Una jornada de carnavales con la policía canaria / Andrés Gutiérrez
Los tres subgrupos policiales ya tienen trabajo de sobra. En un abrir y cerrar de ojos se encuentran de frente con alcoholemias, registros para detectar sustancias estupefacientes en puntos calientes en los que realizan transacciones [la unidad canina juega un rol determinante en este tipo de actuaciones] y pequeñas riñas que, en ocasiones, se logran contener antes de que la sangre llegue al río. Nada que no suela pasar cuando se dan aglomeraciones como la que se originó durante la madrugada dominical en el entorno de la Plaza de España.
Para que todo circule de la mejor manera posible, una de las consignas en la reunión de la tarde era actuar en grupos posicionados ubicados en distintos enclaves del «cuadrilátero» carnavalero. «Eso nos va a permitir avanzar de una manera segura y ordenada hasta el punto en el que se está produciendo una situación complicada, ya que si todos nos quedamos en el mismo punto es imposible dar una respuesta rápida a una alerta», reconoce cuando aún quedan unas cuantas horas de patrulla por delante el subinspector Presas.
Los momentos «más críticos» fueron madurando a medida que el reloj iba devorando la madrugada. El amanecer del último baile policial en Santa Cruz de Tenerife fue lento y tranquilo. Ahora toca hacer balances y pasar página.
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