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Nayarit, el primer jurado popular de la gala de la reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife

Sus ocupaciones profesionales nada tienen que ver con el espectáculo. Aún así, Nayarit Herrera, vecina de Los Abades y trabajadora social, acabó el día de la gala como jurado, tras ser seleccionada en un sorteo. Así lo vivió.

Nayarit Desiree Herrera Herrera, jurado popular en la gala de la reina. | EL DÍA

Nayarit Desiree Herrera Herrera, jurado popular en la gala de la reina. | EL DÍA

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

La elección de la Reina del Carnaval de 2026 no solo se vivió sobre el escenario. También tuvo una dimensión íntima y reveladora para quienes, por primera vez, pasaron de espectadores a protagonistas silenciosos del veredicto. Es el caso de Nayarit Desiree Herrera Herrera, seleccionada por sorteo como miembro del jurado popular en la gala celebrada en Santa Cruz.

Carnavalera confesa desde la infancia, asegura que se inscribió «sin demasiadas expectativas», acostumbrada a seguir la gala cada año con amigos y a hacer quinielas desde casa. La llamada que confirmaba su elección cambió ese papel pasivo por una experiencia directa en la que, según relata, descubrió «todo lo que no se ve desde las sillas o gradas del recinto ferial ni desde la televisión».

Herrera formó parte del equipo que valoró individualmente a las candidatas mediante votación personal, sin deliberación conjunta, en un sistema ágil condicionado por los tiempos del espectáculo. Subraya el carácter «serio y bien organizado» del proceso, con explicaciones previas detalladas por parte del área de Fiestas y un seguimiento constante a los integrantes del jurado.

Carla Castro, reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026

Carla Castro, reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026 / Andrés Gutiérrez

La gala coronó finalmente a Carla Castro, representante de McDonald’s y del periódico EL DÍA, con la fantasía Icónica, diseñada por Alexis Santana, quien revalidó así el cetro por segundo año consecutivo. Una decisión que coincidió en gran medida con las valoraciones del jurado, aunque –como reconoce Herrera–la competencia fue especialmente reñida.

Más allá del resultado, la experiencia le permitió acceder al «backstage emocional» del concurso: conocer de primera mano el significado de cada traje, los meses de trabajo artesanal y las historias personales o sociales que inspiran las fantasías. «Cuando te explican por qué llevan determinadas piedras, estructuras o símbolos, cambias completamente la forma de mirar el diseño», afirma.

La coronación de Carla Castro

La coronación de Carla Castro / Andrés Gutiérrez

Esa es, precisamente, la reflexión que más repite tras su paso por el jurado: la necesidad de trasladar ese relato al público. Considera que las candidatas desfilan con gran rapidez y que el espectador apenas dispone de tiempo para asimilar conceptos que han requerido un año entero de creación. «El público ve belleza, pero no siempre entiende el mensaje ni el esfuerzo que hay detrás», señala.

Trabajadora social y coordinadora de un centro para personas con discapacidad, su vida profesional está muy lejos del brillo del escenario, lo que hizo la experiencia aún más significativa. «Salí con la sensación de que el Carnaval también se construye desde dentro, con muchísimo trabajo invisible», resume. Lejos de los nervios iniciales, asegura que repetiría sin dudarlo. Porque si algo le dejó claro esta vivencia es que, además de coronar una reina, la gala celebra cada año una suma de talento, tradición y emoción colectiva que trasciende lo que se ve en escena.

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