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El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife presume de historia en su despedida el Domingo de Piñata

El parque García Sanabria reunió a centenares de amantes de vehículos clásicos en torno a treinta y un coches fabricados entre 1923 y 1935, joyas mecánicas conservadas con devoción

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Con la resaca de los ritmos latinos de Nicky Jam y Sebastián Jama, con las melodías de Pepe Benavente y Nueva Línea 'metidas en la cabeza', Santa Cruz de Tenerife cambió el Domingo de Piñata la batucada por el rugido elegante de motores antiguos.

El cincuenta y cinco concurso de Coches Antiguos no es un acto más del programa: es una cita sentimental, un regreso a la época en la que conducir era ceremonia, no prisa.

Miles de personas —curiosos, aficionados y muchos que prolongaban la jornada carnavalera— acudieron desde media mañana al parque García Sanabria, convertido durante unas horas en un salón del automóvil al aire libre… pero con alma de 1930. Un grupo de swing ponía la banda sonora perfecta: música sincopada para carrocerías que parecen bailar.

Tradición que resiste al tiempo

Desde 1970, de manera prácticamente ininterrumpida —solo la pandemia obligó a suspenderlo en 2021—, este concurso acompaña al Domingo de Piñata, como si el Carnaval necesitara despedirse mirando por el retrovisor de la historia.

La edición de este año contó finalmente con 31 vehículos, matriculados entre 1923 y 1935. Tres no pudieron acudir por averías o motivos de salud de sus propietarios, lo que recuerda que aquí cada coche es también una biografía.

Son automóviles anteriores a la Segunda Guerra Mundial, muchos de procedencia estadounidense, conservados con un cuidado casi artesanal. Canarias presume de poseer uno de los conjuntos más importantes de Europa en este tipo de vehículos históricos.

Guardianes de un patrimonio sobre ruedas

Detrás de cada volante hay décadas de dedicación. Los propietarios no hablan de coches, hablan de herencias, restauraciones interminables, piezas buscadas durante años.

Algunos reconocen la preocupación por la falta de relevo generacional: mantener estas máquinas exige tiempo, conocimiento y pasión, y no siempre hay quien continúe esa tarea.

Ese es, precisamente, uno de los valores del concurso: visibilizar un patrimonio cultural que también se mide en cilindros y cromados.

Joyas que vuelven a rodar

Entre las piezas más celebradas destacó el histórico Agustín Seven, propiedad de Candelaria Chávez, heredado de su padre Felipe, que regresaba a la exhibición tras dos décadas sin salir de Güímar. Su presencia despertó una mezcla de admiración y nostalgia entre los asistentes, conscientes de estar ante algo más que un automóvil: una cápsula del tiempo perfectamente conservada.

A mediodía, los vehículos iniciaron su recorrido por el centro urbano, seguidos por una comitiva espontánea de peatones que fotografiaban cada detalle: faros redondos, bocinas metálicas, tapicerías intactas, volantes enormes que obligaban a conducir con elegancia.

El paseo hasta la avenida de Anaga volvió a congregar a centenares de personas. No había prisa. Estos coches no compiten: desfilan con garbo por el corazón de Santa Cruz.

Reconocimiento institucional

El concejal de Fiestas, Javier Caraballero, participó en el acto y recibió una placa conmemorativa de manos del presidente del Club de Automóviles Antiguos, Abel Febles, en reconocimiento al apoyo municipal, extensivo también a la Policía Local por su labor organizativa.

El evento volvió a demostrar que esta cita no es solo para especialistas, sino un acto profundamente ciudadano, integrado ya en la identidad cultural del Carnaval.

Final con sabor marinero

La caravana concluyó su recorrido en el Real Club Náutico de Tenerife, donde los participantes compartieron un almuerzo de confraternización. Allí recibieron recuerdos de la jornada en un ambiente de conversación pausada, anécdotas mecánicas y satisfacción por haber vuelto a poner en marcha la historia.

El Concurso de Coches Antiguos sigue siendo, después de 55 ediciones, una lección de memoria sobre ruedas. Frente a la velocidad del presente, propone detenerse; frente a lo desechable, reivindica lo perdurable.

Cuando el Carnaval se despide entre fuegos artificiales, estos vehículos recuerdan que la fiesta también se construye con tradición.

Porque en Santa Cruz, el pasado sale a desfilar sobre ruedas cada Domingo de Piñata.

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