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Las murgas Diablos Locos y Bambones bajan el cielo al Carnaval de Tenerife en su quinta pelea de gallos

Las obras en el teatro Guimerá obligaron a trasladar el encuentro a la plaza de la iglesia de La Concepción

Mano a mano entre Diablos Locos y Bambones

Andrés Gutiérrez

Santa Cruz de Tenerife

En un Sábado de Piñata multitudinario y cargado de emoción, las murgas Diablos Locos y Bambones revalidaron su ya tradicional pelea de gallos, que alcanzó su quinta edición con cambio de escenario. La cita abandonó, de forma excepcional, las escalinatas del Teatro Guimerá para celebrarse en la plaza de la Iglesia de la Concepción, debido a las obras de remodelación del histórico recinto cultural.

Lejos de resentirse, el ambiente ganó en cercanía y simbolismo popular. Desde antes de las seis de la tarde, centenares de incondicionales se congregaron para arropar a dos de las formaciones más emblemáticas del Carnaval chicharrero, en un duelo musical marcado por la ironía, el talento y el respeto mutuo que caracteriza este encuentro.

La edición de este año tuvo un marcado tono emotivo. Ambas murgas transformaron su habitual enfrentamiento dialéctico en una plegaria carnavalera para recordar a José María Jiménez, figura muy querida vinculada al origen de Bambas y, por extensión, Bambones, fallecido tras una larga lucha contra la ELA.

El público acompañó con silencio, aplausos y lágrimas un momento que evidenció que, más allá de la rivalidad escénica, existe una hermandad forjada durante décadas de historia murguera.

Una copla al cielo

El cierre del “chío chío” conjunto dejó uno de los instantes más sobrecogedores de la jornada, con una estrofa interpretada al unísono por ambas agrupaciones:

Y esta estrofa dedicada,
para un bambón eterno,
y conjunta la cantamos,
para un diablo el pulpo es nuestro.
Va por ti, José María, por Tom Carby y El Cotena,
por El Suspi y ahora piensa,
Diablos y Bambones vienen,
de murgueros con esencia.

Recados con humor y tradición

Antes del homenaje final, el espectáculo se desarrolló su tono pícaro y lleno de humor con el intercambio de pullas cargadas de ingenio, uno de los sellos de identidad de esta cita. Las letras jugaron con comparaciones entre componentes, dobles sentidos y referencias internas que provocaron carcajadas constantes entre los asistentes.

Las coplas posteriores ironizaron sobre parecidos físicos entre murgueros, analizaron con sorna los disfraces y la elaboración de las letras del rival, e incluso deslizaron críticas humorísticas sobre la evolución del concurso y el eterno debate entre presupuesto o creatividad como fórmula para alcanzar el primer premio.

Teatro de Carnaval

Durante aproximadamente una hora, la plaza se convirtió en un teatro al aire libre, donde la sátira, la memoria y la música reafirmaron la vigencia de este formato que ya es parte del calendario sentimental del Carnaval.

El multitudiarnio público respondió con entusiasmo a cada intervención, consciente de estar presenciando algo más que un duelo: una celebración de la identidad murguera compartida.

Una pelea de gallos que es patrimonio emocional

La “pelea de gallos” entre Bambones y Diablos Locos se consolida así como uno de los actos más esperados del Sábado de Piñata, capaz de conjugar rivalidad y compañerismo, crítica y emoción, tradición y actualidad.

Este año, además, dejó claro que el Carnaval también sabe detenerse, recordar y cantar juntos cuando la ocasión lo merece.

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