Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Barbie, la mascarita con tacón con más poderío del Carnaval de Puerto de la Cruz

Hace 36 años, un grupo de amigos convirtió una ocurrencia en una de las citas más singulares del carnaval portuense. Hoy, el Maratón Mascarita Ponte Tacón es, en palabras de Juan Pedro Labrador ‘Lupita’, una celebración de humor, ingenio y comunidad que identifica a toda una ciudad.

Mascarita Ponte Tacón 2026

María Pisaca

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

La noche de este viernes volvió a reinar el humor, ingenio y desenfado en Puerto de la Cruz con la celebración del Maratón Mascarita Ponte Tacón, una cita que, tras 36 años de historia, se ha consolidado como el gran espectáculo de la risa y la diversión del Carnaval portuense y uno de los actos más esperados junto a la elección de la reina adulta.

Un total de 419 participantes lucieron sus mejores galas y se subieron a plataformas imposibles para recorrer los cerca de 600 metros que separan la Plaza de los Reyes Católicos de la Plaza del Charco, pasando por el entorno de Santo Domingo. Un trayecto corto en distancia, pero intenso en emoción, equilibrio y espectáculo.

El jurado otorgó los once tacones en las distintas categorías:

  • Mascarita Más Veloz: “Barbie en Mascarita Ponte Tacón” (#309)
  • Tacón Más Resultón: “Vaporla Vittu” (#113)
  • Mascarita Más Tenaz: “Del Victoria´s Secret me escapé y en el Mascarita acabé” (#399)
  • Mascarita Más Beaucoup: “Exprimiendo unas uvitas acabé en el Mascarita” (#082)
  • Mascarita con Más Poderío: “Barbie, la madre que le quiere dar la madre a su hija, pero la quiere el padre” (#205)
  • Mascarita en Pareja – 2º Premio: “Abrázame, pero no muy fuerte, que me revientas” (#255 y #256)
  • Mascarita en Pareja – 1º Premio: “Las hermanas Masca y Rita Tacones” (#005 y #006)
  • Mascarita en Grupo – 2º Premio: “Pintamos tu carnaval, ¡llámanos!”
  • Mascarita en Grupo – 1º Premio: “Seña Juana la lechera vende queso, vende leche y lo que ella quiera” (#063 al #076)

Detrás de esta singular propuesta está el recuerdo de un grupo de amigos que, a finales de los años ochenta, compartían actividades culturales en la entonces Universidad Popular: teatro, ballet, desfiles y cualquier iniciativa que alimentara su inquietud creativa. De aquellas reuniones surgió una idea tan sencilla como extravagante: organizar una carrera sobre tacones por los adoquines del municipio. Lo que comenzó como una ocurrencia entre compañeros terminó convirtiéndose en uno de los sellos identitarios del carnaval local, como rememora Juan Pedro Labrador, ganadores de las primeras ediciones hasta que, junto a la reina del Carnaval y luego Miss Candelaria Pacheco, se convirtió en maestros de ceremonias y... hasta la hecha. Y de eso hace ya más de veinte años.

En las primeras ediciones, la organización era completamente artesanal. Los dorsales se elaboraban a mano, las pancartas se pintaban en reuniones improvisadas y la logística se resolvía gracias al entusiasmo colectivo. Aquella precariedad inicial, lejos de ser un obstáculo, reforzó el carácter participativo de un acto que siempre se entendió como una celebración hecha por y para la gente.

Con el paso del tiempo, el maratón evolucionó, creció en número de participantes y se adaptó a nuevas realidades organizativas, pero sin perder su esencia. Hoy, la dinámica comienza con la inscripción y medición de los tacones en el entorno de la ermita de San Telmo, donde cada concursante recibe dorsal ante la mirada curiosa del público y del jurado. Desde allí parte el recorrido hasta la Plaza del Charco, un trayecto que combina equilibrio, espectáculo y una buena dosis de teatralidad.

El desafío no consiste únicamente en llegar a la meta sin caer –algo que no siempre ocurre–, sino interactuando con el público y superando obstáculos diseñados para poner a prueba tanto la estabilidad como el sentido del humor. Balancines, ruedas, elásticos o simples irregularidades del pavimento se convierten en aliados de la comicidad. Muchas caídas son fingidas; otras, inevitables. Todas forman parte del ritual festivo.

El desafío de la creatividad

La creatividad sigue siendo el alma del evento. A lo largo de los años han desfilado fantasías tan insólitas como estructuras domésticas convertidas en tocados, tendederos portátiles cargados de ropa, o elaboradas creaciones construidas durante meses con materiales reciclados. El ingenio pesa más que la velocidad en un palmarés que reconoce categorías como el tacón más resultón, la mascarita más tenaz, el participante más veloz o la fantasía con mayor poderío.

A pesar de los cambios políticos, organizativos o generacionales, el Maratón Mascarita Ponte Tacón nunca ha dejado de celebrarse. Ni el viento, ni la lluvia ocasional, ni las transformaciones del Carnaval han logrado frenar una cita que cada año atrae también a participantes y curiosos llegados de fuera de la isla, algunos incluso desde otros países, fascinados por una propuesta tan inclasificable como auténtica.

Más que una competición, el maratón es ya una tradición compartida, una gran familia festiva que encuentra en la ironía, el disfraz y la participación colectiva la mejor forma de celebrar el carnaval. Entre adoquines, tacones imposibles y risas contagiosas, la ciudad volvió a demostrar que la identidad también se construye desde lo lúdico.

Treinta y seis años después de aquella idea nacida entre amigos, el Maratón Mascarita Ponte Tacón continúa avanzando —a veces tambaleándose, siempre riendo— como una de las estampas más queridas del carnaval portuense.

Tracking Pixel Contents