Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El Carnaval de Santa Cruz presume de los disfraces más originales

La avenida de Anaga acogió el coso que durante tres horas mostró lo mejor de concursos y galas como si de un gran museo al aire libre se tratara

Coso del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026

María Pisaca

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Dos años después de su última celebración completa, el Coso volvió a adueñarse del frente marítimo de Santa Cruz de Tenerife, que recuperó en la tarde del Martes de Carnaval una de sus estampas más reconocibles: la gran avenida de Anaga —oficialmente Francisco La Roche— convertida en un río humano de música, disfraces y fantasía. La edición del pasado año había quedado suspendida tras el fallecimiento de un participante y por unas condiciones meteorológicas adversas, por lo que el reencuentro con el desfile se vivió con una carga emocional añadida.

Si el Lunes de Carnaval otra capital canaria, Santa Cruz de La Palma, transforma simbólicamente su plaza de España en la popular plaza de La Habana para celebrar a los Indianos, la capital tinerfeña pareció rebautizar por unas horas su principal arteria costera como la auténtica “Avenida del Carnaval”. Desde la zona próxima a Almeyda hasta el entorno del cuartel de San Carlos, la vía se convirtió en un gran escenario al aire libre donde la fiesta volvió a demostrar su capacidad de convocatoria.

El Coso fue, en palabras de muchos participantes, una verdadera revista del buen hacer de la familia carnavalera. No solo por la respuesta del público —que llenó aceras, gradas y espacios habilitados—, sino por el esplendor de las fantasías y el despliegue humano que sostiene la celebración. Más de un centenar de grupos oficiales, integrados por alrededor de siete mil personas, desfilaron mostrando meses de trabajo en murgas, comparsas, rondallas, agrupaciones musicales y coreográficas, además de los incombustibles personajes del Carnaval y las reinas con sus respectivos equipos.

El alcalde, José Manuel Bermúdez, volvió a insistir en una idea que se repite año tras año: “la calle es imbatible”. Y el Coso pareció darle la razón. La avenida acogió una exhibición de originalidad y colorido que funcionó como un museo vivo, una exposición dinámica en la que cada grupo presumía de la labor realizada, mientras otros, casi sin tomar resuello, ya piensan en la próxima edición.

Entre quienes miran al futuro se encontraba el diseñador Sedomir Rodríguez de la Sierra, que comentaba haber esbozado ya ideas para el Carnaval de 2027, ejemplo de la planificación constante que caracteriza a este colectivo creativo. En la misma línea, artesanos del disfraz y responsables de colectivos hablaban de nuevos proyectos, demostrando que el Carnaval no termina cuando concluye el desfile, sino que se reinicia de inmediato.

El recorrido comenzó puntualmente a las 16:00 horas con el grupo Las Celias, que celebran tres décadas de presencia en la fiesta, abriendo paso a la histórica Afilarmónica Ni Fú Ni Fá y al resto de formaciones. Tras ellas avanzaron la Reina del Carnaval, Carla Castro, acompañada de sus damas de honor, diseñadores y corte, integrándose en una comitiva donde se alternaban premios, agrupaciones y carrozas en un mosaico continuo de ritmos y estilos.

El desfile transcurrió con agilidad y normalidad, acompañado por batucadas, coreografías y repertorios que mezclaban la tradición murguera con influencias contemporáneas, en consonancia con un Carnaval dedicado a los ritmos latinos. A cada lado del trazado, miles de personas siguieron el paso de las agrupaciones, mientras los espontáneos disfrazados se sumaban al espectáculo, difuminando la frontera entre participantes y espectadores.

No faltaron los personajes clásicos que forman parte del imaginario colectivo de estas fiestas: Cantinflas, Harpo, La Lecherita o Michael Jackson reaparecieron, fieles a una tradición que convierte al Coso en una pasarela de memoria popular, tanto como de innovación estética. Familias enteras, grupos de amigos y visitantes contribuyeron a ese ambiente participativo que distingue al Carnaval chicharrero.

Para facilitar el seguimiento del acto, el Ayuntamiento instaló a lo largo del recorrido unas 6.500 sillas gratuitas, además de varias gradas con capacidad para más de 1.300 personas, reforzando la accesibilidad de un evento que cada año atrae a públicos de todas las edades. El dispositivo de seguridad, logística y coordinación permitió que la cabalgata mantuviera un desarrollo fluido pese a la magnitud organizativa.

El Coso Apoteosis se consolidó así como una explosión de color y creatividad, una síntesis del trabajo colectivo que sostiene el Carnaval durante todo el año. Carrozas, vehículos premiados y plataformas móviles desfilaron como auténticos escenarios rodantes, mientras las comparsas marcaban el pulso rítmico y las murgas aportaban su inconfundible sello crítico y humorístico.

Con esta celebración, el Carnaval capitalino alcanzó su ecuador, situándose ya en la cuenta atrás hacia la Piñata, aunque aún quedaban días para prolongar el ambiente festivo. La jornada de este miércoles tomaría el relevo con el Entierro de la Sardina, acto simbólico que marcaría el cierre oficial del ciclo central antes del último fin de semana de celebración.

Coso del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife

Coso del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife / María Pisaca Gámez / ELD

El regreso del Coso no fue solo la recuperación de un desfile: fue la reafirmación de una identidad colectiva que encuentra en la calle su espacio natural. Tras la suspensión del pasado año, la ciudad volvió a reconocerse en su fiesta más internacional, demostrando que el Carnaval sigue siendo, ante todo, una construcción compartida donde tradición, sátira, arte y participación ciudadana desfilan al mismo compás. Una revista con vida, donde los protagonistas encarnan generaciones de familias que lo han dado todo por el Carnaval, sin entrar a valorar el papel de las propias instituciones.

Para abrir boca, el detalle del grupo Las Celias, los primeros en desfilar en el Coso, el desfile más turístico del Carnaval. El colectivo que lidera Javi tuvo que salir sin él en el último momento, porque un contratiempo le hurtó el sueño de todo el año: participar en el Carnaval. Junto a su familia, Javi ha fraguado un colectivo que es referente en la fiesta de la máscara: treinta años gritando y compartiendo azúcar, desde las primeras fantasías con Juan Carlos Armas hasta actuales con Borja Abreu.

Las Celias de Javi

Este año, Javi tuvo que contentarse con ver a sus compañeras sin tacones ni micrófono, pero la novelería le pudo y ahí estuvo, en su templo: la plaza del Príncipe y el hotel Príncipe Paz. Es la visión de un carnavalero; ni siquiera la de todo el grupo de Las Celias. De ahí que, cuando todos se refieren al Carnaval, cada uno lo haya aprendido de su padre y de su madre y lo cuente como lo vive.

Otro ejemplo fue Ballet Dance, tercera generación de amantes del Carnaval. La hija de la directora del grupo, fundado en 2008 por Silvida Paredes, desfiló este martes por la avenida de Anaga aún con movilidad limitada, por lo que tuvo que ayudarse de una silla de ruedas. Aun así, cuando la coreografía se intensificaba, también ella se ponía de pie y la seguía con determinación. Es la tercera generación de carnavaleros de pro. Su abuelo, Paco ‘El Chino’, fue un referente de Chichiriviches, murga que se atrevió a moverse en su pasacalle gracias a una coreografía creada por la recordada Genia Afonso. Y gracias al trabajo de esos “dinosaurios”, como dirían Trapaseros, se pudo ver este año en la gran final la Super Bowl.

La fiesta de este Martes de Carnaval comenzó, como marcan los cánones, en la plaza del Príncipe, donde a las once de la mañana subió la Afilarmónica Ni Fú-Ni Fá a interpretar lo que había ensayado durante meses en su local bajo la dirección de Cándido Moreno. Entre los giros que han dado este año a sus canciones, destacó una sorpresa: el momento en que el mismísimo Pepe Benavente se sumó a cantar con la murga madre. «Lo que tiene que hacer uno para que lo quieran», dijo el artista, vestido de forma impoluta con el disfraz de la afilarmónica madre de Canarias. Luego llegó la despedida de Los Fregolinos, que entregaron los reconocimientos a la rondalla y al solista ganadores.

Martes de Carnaval. ADN de tradición, donde Santa Cruz desborda originalidad y fantasía.

Tracking Pixel Contents