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Los Indianitos, la versión más pura de Los Indianos que se celebra en el Carnaval de Santa Cruz de La Palma

La Alameda de la capital palmera acoge por segundo año consecutivo la versión infantil del acto central del Lunes de Carnaval en Canarias

Celebración de Los Indianos, en La Palma

Andrés Gutiérrez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de La Palma

Quince años han transcurrido ya desde que Santa Cruz de La Palma incorporara en su programación de Carnaval la versión infantil de Los Indianos, que se ha convertido en el punto de encuentro no solo de las familias, sino en una convocatoria pura para los palmeros. Dada la masificación que conlleva el auge de Los Indianos, muchos se decantan por celebrar el Carnaval en blanco el domingo.

Antonio Pérez, conocido como Antonio «Campana», por la zapatería que regenta su familia en la Calle Real, aporta la memoria de quien ha visto la transformación desde dentro del tejido comercial tradicional. Recuerda unos Indianos más sencillos, casi improvisados. «Era un desfile por la Calle Real arriba, con parrandas de amigos. Se repartía sangría, se cantaba… y se podía caminar sin problemas», explica. «Siempre fueron los lunes. Eso no ha cambiado nunca».

Los noventa marcaron un antes y un después

El gran salto se produjo en los años noventa. La celebración empezó a atraer a estudiantes y palmeros que regresaban expresamente ese día. «Los que estábamos estudiando fuera volvíamos sí o sí. Aquello empezó a crecer y ya no hubo marcha atrás». Antonio Campana recuerda también cómo surgieron nuevos elementos organizativos para dar forma a una fiesta cada vez más multitudinaria. «Se fueron incorporando ideas, actos paralelos, cosas más estructuradas. Pero el origen era una reunión de amigos que se disfrazaban y salían a pasarlo bien».

En el ámbito empresarial, Antonio Hernández, responsable de Artesanía La Molina, también en la Calle Real, analiza la celebración como un motor económico y creativo que también ha tenido que adaptarse al paso del tiempo.

Los Indianos, como fuente de ingresos

Su trayectoria comenzó en 1982, ligado durante generaciones al comercio local. Tras un accidente laboral que cambió su rumbo, decidió reinventarse y transformar un antiguo espacio artístico en tienda, combinando tradición y nuevos conceptos. «La Molina es una continuidad familiar. El nombre viene de mi abuelo, al que llamaban así», explica. Con varios establecimientos impulsados junto a su hijo —cuatro en Gran Canaria y otros tantos en la capital palmera—, reconoce que el reto actual está en diferenciarse en un mercado saturado.

«Antes el vestido era el centro del negocio. Ahora todo está masificado, hay que pensar más, crear cosas distintas. La gente busca sorprenderse», señala.

La creatividad sigue siendo la clave: «Esto siempre ha sido un negocio que sorprende. Si pierdes la imaginación, pierdes el sentido».

En la plaza de España, donde este lunes llega la Negra Tomasa, personaje central de Los Indianos en los últimos treinta años, David Hernández, hijo de Antonio de La Molina, toma el relevo. Criado entre mostradores, materiales y clientes, reconoce que su vocación nació de forma natural: «Lo mamé desde niño; en casa siempre entendimos el comercio como una carrera de fondo, basada en la constancia y la perseverancia».

Su proyecto más personal se encuentra hoy en Santa Cruz de La Palma, donde ha impulsado el espacio «Mantequita», ubicado en la Plaza de España. El nombre rinde homenaje a su bisabuelo, apodo familiar que simboliza la tradición molinera ligada al gofio. «Valorar a los artesanos de La Palma y darles visibilidad. Esa es la prioridad». Para Hernández, «las grandes fiestas son picos de ventas, pero lo importante es mantenerse todo el año fiel a la identidad y a la cultura de la isla».

La fiesta, como negocio

El crecimiento ha sido enorme, pero la base sigue siendo la misma: la parodia del indiano que regresaba de América, cargado de historias, elegancia exagerada y cierto humor crítico hacia la sociedad. Estos son los primeros Indianos que se celebran después de la Bajada de la Virgen de Las Nieves. Basta con darse una vuelta por la Calle Real para advertir que, en pleno febrero, se ven cubos de basura con el cartel de la última celebración de la Bajada palmera. Incluso se echan de menos algunos altares de la capital palmera, como los bocadillos del Bahía. Al parecer, se cuenta en los corrillos palmeros que algún empresario le hizo una suculenta oferta económica a los propietarios para, a cambio de 2.500 euros, cederle la toma de luz y montar la barra en la terraza.

«La fiesta ha cambiado porque la sociedad cambia. Pero mientras la gente siga viniendo con ganas de participar, esto seguirá vivo», cuentan vecinos de la capital palmera que recibirán este lunes de Carnaval a familiares y amigos que se reencuentran por Indianos.

La Negra Tomasa, anfitriona

Entre los protagonistas de esta celebración en Santa Cruz de La Palma, Víctor Lorenzo, conocido por todos como Sosó, es uno de los rostros más reconocibles de la jornada. A sus 86 años, sigue transformándose en la Negra Tomasa, personaje que ideó casi por casualidad en una noche de invierno, conversando con amigos. Se da cita en estos Indianitos en La Alameda, donde casi le es imposible dar un paso sin ‘quitarse’ una fotografía con cuantos lo reconocen, y eso que este domingo sale vestido ‘de calle’, con una vestimenta propia de turista. «Fue una ocurrencia mía. Pensé que si ellos venían vestidos de blanco, aquí tenía que haber algo más llamativo, más colorido. Y así nació la Negra Tomasa», recuerda Sosó. Desde entonces han pasado cerca de tres décadas. «Ese día no me acuerdo ni de comer», dice entre risas.

Cuando empezó, Los Indianos eran una reunión mucho más reducida, un grupo de personas que salían del callejón de Apurón. «Antes éramos cinco o seis mil personas. Ahora esto supera las sesenta mil. La fiesta creció una barbaridad», explica.

Este lunes de Carnaval la Negra Tomasa no desembarcará en el puerto palmero, como marca la tradición, por la presencia de cruceros. El sábado llegaron dos y este lunes se prevén tres. Fuentes municipales precisan que el personaje central saldrá poco antes del mediodía desde el recinto festivo y, desde ahí, se dirigirá a la plaza de España, donde será el agasajo… y hasta que el cuerpo aguante.

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