Santa Cruz declara amor eterno al Carnaval
Más de 80.000 participantes en la Cabalgata anunciadora, el desfile más largo de cada edición; tras los primeros bailes celebrados anoche, hoy Sábado de Carnaval por todo lo alto, con concurso de Ritmo y Armonía

Andrés Gutiérrez

La Cabalgata Anunciadora del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife volvió a demostrar que el verdadero termómetro de la fiesta no está en los escenarios, por majestuosos que sean, ni en la polémica de una final o una gala, sino en la calle tomada por la gente, seña de identidad de la fiesta chicharrera.
Más de 80.000 personas participaron en el desfile que abrió oficialmente la semana grande del Carnaval en la calle. Desde primeras horas de la mañana aparecieron las sillas atadas en las aceras a la espera de la celebración de la cabalgata que marca la inauguración de la fiesta en la calle.
La ciudad de Santa Cruz de Tenerife asumió así el relevo tras casi cuatro semanas de concursos en los que intervinieron más de un centenar de grupos oficiales -murgas, comparsas, rondallas y agrupaciones musicales- y después de las galas que coronaron a sus reinas. A ritmo de caja, bombo y platillo, en la avenida de Bélgica, a las 19:30 horas, la Afilarmónica Ni Fú-Ni Fá se escenificó el tránsito simbólico entre el Carnaval de los concursos al Carnaval de la calle, ese que no entiende de butacas ni protocolos y que encuentra su sentido en la participación espontánea.
Abriendo la comitiva, tras el desfile de carrozas y coches engalanados, la histórica Afilarmónica Ni Fú‑Ni Fá marcó el paso con su inconfundible ritmo, recordando que la identidad carnavalera se sostiene también sobre la memoria. Tras ella fueron desfilando agrupaciones infantiles y adultas en un orden alterno que aportó dinamismo al recorrido, entre batucadas, coreografías y fantasías que, lejos de mostrarse como piezas de museo, se mezclaban con el público en un diálogo constante.

La Cabalgata anunciadora del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026 / Andrés Gutiérrez
Llamó especialmente la atención la comparsa infantil Tropicana de Candelaria, que celebró tres décadas de presencia en la fiesta, y la irrupción del grupo coreográfico Wonders, cuya puesta en escena ocupó por completo la calle Ramón y Cajal, transformando el espacio urbano en un escenario abierto donde bailarines y espectadores compartían protagonismo. Esa interacción, cada vez más habitual, evidenció una tendencia clara: el crecimiento de los grupos coreográficos y la progresiva dilución de la frontera entre participantes y asistentes.
Las reinas del Carnaval -con Carla Castro al frente, acompañada por la soberana infantil Micaela Díaz y la de los Mayores, Dominga Jiménez- avanzaron entre aplausos en un ambiente mucho más cercano que el de las galas. No hubo distancia ceremonial, sino complicidad directa con quienes llenaban el recorrido, muchos de ellos disfrazados sin pertenecer a colectivos, reforzando esa dimensión abierta que distingue al Carnaval chicharrero.
Entre los participantes, destacó la participación de anónimos que compartieron protagonismo con los grupos oficiales. Por si alguien tenía dudas, Trapaseros, primer premio de Interpretación, no estuvo en la gala de la reina porque no cantó su Super Bowl, pero sí desfiló en la Cabalgata anunciadora, cosechando el aplauso del público; también desde Los Realejos, que llegaron en sus coches para sumarte al desfile inaugural del Carnaval de Santa Cruz.

La Cabalgata anunciadora del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026 / Andrés Gutiérrez
El desfile mantuvo además su apuesta por la accesibilidad y la convivencia, con la habitual zona de silencio junto al Parque García Sanabria para personas con trastorno del espectro autista y espacios reservados para movilidad reducida, integrando así la diversidad también en la manera de vivir la fiesta.
Concurso de coches y carrozas
En paralelo al desarrollo artístico, la Cabalgata volvió a ser escaparate del ingenio en el concurso de carrozas y coches engalanados. “Jardinero alado y la memoria de la clorofila” obtuvo el primer premio, seguida por “Lo que pasa en el Carnaval se queda en el Carnaval” y “El Merengazo”, mientras que en vehículos decorados destacó “Las canchanchanas 2.0”, junto a “La Mercedita”, “La purpurina” y “A las 300 y pico”. Más allá de los galardones, estas creaciones funcionaron como piezas móviles de escenografía popular, pensadas para ser vistas en movimiento, entre música y confeti.
Concluida la Cabalgata, la programación se desplegó por distintos escenarios urbanos, confirmando que el Carnaval no se concentra en un único punto, sino que se disemina como una red festiva. Actuaciones de murgas, rondallas y orquestas tomaron plazas y calles en una sucesión casi ininterrumpida de propuestas que prolongaron la noche y anticiparon la intensidad del fin de semana.

La Cabalgata anunciadora del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026 / Andrés Gutiérrez
La jornada siguiente tendría continuidad con el esperado Ritmo y Armonía, donde las comparsas trasladan su espectáculo coreográfico al llamado “sambódromo” de la avenida Francisco La Roche, un formato que privilegia el contacto directo con el público y que, retransmitido en directo, proyecta la imagen de la fiesta más allá del Archipiélago. Diez formaciones desplegaron allí su trabajo anual en un ejercicio donde la precisión rítmica convive con la improvisación ambiental que aporta la calle.
Los bailes de Carnaval completaron la oferta nocturna con orquestas y grupos que mantuvieron la animación hasta la madrugada, reafirmando una constante histórica: la música como hilo conductor de todas las edades y generaciones.
Esta primera gran cita confirmó, en definitiva, que la esencia del Carnaval no reside únicamente en la espectacularidad de los trajes o en la brillantez de los concursos, sino en la implicación de una ciudadanía que transforma el espacio urbano en territorio festivo compartido. La Cabalgata no fue solo un desfile inaugural, sino la declaración colectiva de que, durante estos días, la ciudad se reconoce a sí misma en la celebración, en la ironía y en la convivencia que la han convertido en una de sus señas culturales más reconocibles. Precisamente hoy, Santa Cruz le jura amor eterno al carnaval.
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