Una fantasía ‘por y para el pueblo’ convierte a Carla Castro en Reina del Carnaval
Alexis Santana, creador del traje ganador, admite que jugó con la estrategia desde que inscribió a la candidata, lo que podría marcar época

Carla Castro, reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026 / Andrés Gutiérrez

La mañana después de la gala apenas había dado tregua al descanso. Los teléfonos seguían vibrando, los mensajes se acumulaban y la emoción permanecía intacta. Para Alexis Santana y Carla Castro, vencedores de la Gala de Elección de la Reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026 con la fantasía Icónica, el triunfo no fue solo el resultado de una puesta en escena impecable, sino la culminación de un proceso creativo y humano vivido con intensidad desde el primer día.
«No sé si fue mejor que el primer cetro -cosechado el año pasado, también con el patrocinio de McDonald’s y EL DÍA-, pero igual de especial», confiesa el diseñador, aún con la sensación reciente de haber repetido éxito. La comparación con el año anterior es inevitable, pero Santana insiste en que cada reina es una historia distinta. En esta ocasión, asegura, el trabajo se vivió desde un plano más emocional, con una implicación personal que trascendió lo profesional.
Un traje pensado como relato colectivo. La idea de Icónica no nació únicamente como un diseño espectacular, sino como un concepto narrativo.
Santana quiso materializar una reflexión que suele repetirse en el Carnaval: que la fiesta pertenece a la gente. Por ello, integró en la fantasía la participación de numerosos artistas, convirtiendo el traje en una obra coral.
Incluir al pueblo en la fantasía
«Queríamos incluir al pueblo en la fantasía», explica. Esa decisión transformó el proyecto en un desafío logístico y artístico: coordinar decenas de colaboraciones en un tiempo limitado sin que se filtrara la propuesta antes de su presentación oficial.
El diseñador ideó la base incluso antes de contactar con los participantes. Solo cuando se cerró el plazo de inscripción comenzó a movilizar a los artistas, a quienes pidió trabajar en un margen máximo de veinte días. El resultado fueron alrededor de sesenta intervenciones creativas integradas en la estructura del traje de la nueva Reina.
«Era muy arriesgado: podía salir o quedarse en nada», recuerda. A diferencia de otras candidaturas que buscan el impacto inmediato en la gala, el equipo de Icónica optó por construir un relato progresivo. Desde la presentación de Carla Castro se ofrecieron pequeñas pistas visuales -«pinceladas», en palabras del diseñador- para que el público comenzara a familiarizarse con la idea.
La estrategia pretendía que, cuando la fantasía apareciera en el escenario, no fuese solo un despliegue estético, sino una propuesta comprensible en su significado. «Si no lo hacíamos así, quizá se habría visto como láminas colocadas sin saber el valor que tenían», explica Alexis Santana.
Ese planteamiento incluyó también la elección musical, inspirada en la figura de Madonna como icono atemporal. La referencia reforzaba la idea central: lo icónico es aquello que permanece, que atraviesa generaciones sin perder vigencia, como el propio Carnaval.
La tensión invisible tras el espectáculo. Mientras el público disfrutaba de la gala, en el backstage se vivía otra realidad. Carla Castro recuerda con claridad los minutos previos a su salida, definidos por una mezcla de nervios, ajustes técnicos y órdenes cruzadas.
Momento de tensión a las puertas
«El momento más intenso fue justo antes de salir», admite. El equipo debía encajar una pieza clave del traje en el último instante, una maniobra que en los ensayos había resultado sencilla pero que, aquella noche, parecía resistirse. «Había gritos de ‘corre, corre’ por todos lados», rememora entre risas. La propia candidata tuvo que pedir calma para poder concentrarse.
Ese contraste entre la tensión interna y la serenidad que exige el escenario forma parte de la liturgia de la gala, pero en esta ocasión adquirió una dimensión especial por la complejidad del diseño.
Una vez en escena, la percepción cambió radicalmente. La energía del público, entregado desde los primeros compases, convirtió el desfile en una experiencia muy distinta a los ensayos.
«Lo que viví en el ensayo y lo que viví en el directo no tuvo nada que ver», señala Santana. La reacción de la audiencia confirmó que la narrativa previa había funcionado: el traje no se contemplaba únicamente como un objeto espectacular, sino como una historia compartida.
Carla Castro sintió ese respaldo desde el primer momento. «El público vibraba», resume. Ese contacto directo con la emoción colectiva le permitió disfrutar del recorrido pese al peso físico y simbólico de la fantasía.
Aunque el equipo confiaba en el potencial de la propuesta, el resultado nunca se dio por seguro. Santana reconoce que identificaba candidaturas muy fuertes, especialmente por su puesta en escena. «Sabíamos que había trabajos exquisitos», afirma.
Cuando el jurado comenzó a nombrar a las damas de honor, la tensión regresó. Carla describe un instante de duda al escuchar el primer fallo:
«Pensé que tenía posibilidades, pero también podía pasar cualquier cosa».
Esa mezcla de esperanza y prudencia es habitual en una gala donde el desenlace depende de múltiples factores -estéticos, técnicos, emocionales- imposibles de controlar por completo.
Tras la proclamación, la celebración fue inmediata. El equipo se reunió con familiares y amigos para compartir el triunfo, pero la verdadera dimensión de la victoria llegó después, en la intimidad.
Carla encendió el teléfono y comenzó a responder mensajes. No pudo parar. «Mi móvil estaba a fuego», dice. Entre felicitaciones, agradecimientos y comentarios emocionados, la noche se transformó en una vigilia involuntaria.
«No dormí, pero tampoco tenía cansancio», añade. La adrenalina del momento sustituyó cualquier necesidad de descanso.
Ambos coinciden en que el mayor premio no fue la corona, sino la respuesta de la gente. Muchos mensajes destacaban que la fantasía había aportado algo distinto, una manera nueva de entender la relación entre arte y participación en el Carnaval.
Ese reconocimiento popular refuerza la idea que dio origen a Icónica: la fiesta como construcción colectiva.
«Lo más bonito es que haya gustado tanto y que la gente lo haya sentido diferente», subraya la reina.
La experiencia de Alexis Santana y Carla Castro refleja también la evolución del propio Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Sin abandonar su esencia, la fiesta se abre a nuevas formas de creación, donde el diseño dialoga con otras disciplinas artísticas y con la participación ciudadana.
En ese contexto, Icónica se inscribe como una propuesta que mira al futuro sin perder la raíz popular. Una fantasía que no solo desfiló sobre el escenario, sino que se construyó como relato compartido entre quienes la imaginaron, quienes la hicieron posible y quienes la celebraron.
Al día siguiente, con la emoción aún intacta, diseñador y reina coincidían en una misma sensación: la de haber vivido algo irrepetible. Una noche intensa, arriesgada y profundamente humana que, como los grandes momentos del Carnaval, ya forma parte de la memoria colectiva de la ciudad.
Esta tarde, con la Cabalgata Anunciadora, Carla hará buena la esencia de su fantasía: una reina por y para el pueblo, en el encuentro con la fiesta en la calle, cuando los grupos oficiales ceden el protagonismo a la seña de identidad, donde el Carnaval es único.
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