‘Colombina’, la reina de hace 60 años
Ana García Torres es la reina de las segundas Fiestas de Invierno con las que Santa Cruz de Tenerife disfrazó el Carnaval para poder celebrarlo. Era menor de edad cuando una compañera le dijo que Los Fregolinos buscaban una candidata. Ella pensó que iba a salir con la agrupación y acabó reina.

Ana María García, quien fue elegida reina de las segundas Fiestas de Invierno de Santa Cruz hace 60 años. | EL DÍA

A sus 17 años, Ana García Torres no soñaba con una corona ni con los aplausos del Teatro Guimerá. Soñaba, en todo caso, con salir junto a Los Fregolinos, aquella agrupación lírica que ya entonces era emblema de las Fiestas de Invierno de Santa Cruz de Tenerife de hace sesenta años. «Yo pensé que iba a salir con Los Fregolinos, pero nunca imaginé que iba a desfilar en el teatro», recuerda hoy, seis décadas después de haber sido elegida reina en 1966, en la segunda gala celebrada tras la recuperación del Carnaval bajo el nombre de Fiestas de Invierno, en la séptima edición que se celebraba en la capital tinerfeña.
La historia comenzó casi por casualidad. Una compañera de clase le comentó que Los Fregolinos buscaban candidata, pero que en su casa no la dejaban presentarse. Ana María lo comentó en la suya con la naturalidad de quien cree que todo quedaría en una anécdota. «Yo dije que iba con Los Fregolinos, pero no sabía que aquello significaba salir a un escenario, competir, desfilar», cuenta entre risas y pudor. Sostiene que nadie le explicó del todo el alcance del compromiso.
La gala se celebró en el Teatro Guimerá. Las candidatas se vestían en la Recova Vieja, en la vecina plaza de la Madera. Allí se preparaban, se ayudaban unas a otras, se colocaban los trajes y retocaban los peinados. «Yo iba mirando a las otras, ayudándolas a colocarse las cosas sin pensar que aquello iba conmigo», rememora. Su fantasía, titulada ‘Colombina’, representaba a Los Fregolinos que las sucesivas crónicas han atribuido a la María Isabel Coello, extremo que niega la reina de 1966. De hecho, asegura que ella desfiló con una fantasía similar a la lucen Los Fregolinos, negro y rojo, y precisa que, una vez elegida soberana, la esposa de Purriños le proporcionó una fantasía con mejor hechura.
No guarda memoria idealizada de aquella noche. «Lo pasé fatal, me daba una vergüenza tremenda»», confiesa. Pero el jurado vio en ella algo más que timidez y la proclamó reina. El aplauso del Guimerá selló un reinado que la convertiría en parte de la memoria colectiva del Carnaval.

La reina de las Fiestas de Invierno 1966 con el solista Marcos Redondo. | EL DÍA
Si algo recuerda con auténtico entusiasmo es el ambiente que rodeó su año de reinado. Compartió actos con el barítono Marcos Redondo, figura legendaria de la lírica española y solista histórico de Los Fregolinos. «Era una maravilla de hombre. Y cómo cantaba…», evoca con admiración intacta. Conserva fotografías dedicadas que atesora como uno de los grandes regalos de aquella experiencia.
Ser menor de edad marcó también aquel reinado. En casa le permitieron acudir a los actos oficiales –Círculo de Amistad, Casino, Club Náutico– con una condición clara: siempre con autorización y bajo supervisión. Eran otros tiempos, con normas sociales estrictas y un Carnaval que comenzaba a reconstruir su identidad.
Recuerda con especial cariño los concursos de rondallas en la plaza de Toros y las actuaciones dominicales en la plaza del Príncipe. También el frío del Coso, junto al mar, subida a la carroza. «Qué frío pasé aquel año», dice entre risas. Sesenta años después, observa la evolución de las galas con mirada serena. «Antes se valoraba más a la chica; ahora el traje es enorme y la candidata va dentro», reflexiona, sin restar mérito a las actuales reinas, a las que reconoce preparación y elegancia. No siente nostalgia por el antiguo formato ni por el Guimerá como sede; entiende que el crecimiento del Carnaval exigía espacios mayores.
Tras su etapa como reina, la vida siguió su curso lejos de los focos. Trabajó durante cuarenta años en la sanidad pública, en distintos servicios y hospitales, hasta su jubilación. Se casó, tuvo tres hijos y construyó una trayectoria profesional sólida, siempre vinculada a la vocación de cuidar. Nacida en Córdoba y criada en Tenerife desde los cinco años, se siente profundamente chicharrera.
Hoy, cuando se cumplen seis décadas de aquella elección de 1966, Ana María Torres contempla su historia con mezcla de pudor y orgullo. «No lo recuerdo con tanto cariño como otros creen», admite, pero en su relato asoman la emoción y la conciencia de haber formado parte de un capítulo fundacional de las Fiestas de Invierno. Aquella ‘Colombina’ tímida que no sabía que iba a desfilar en el Teatro Guimerá terminó convirtiéndose, sin proponérselo, en reina y en memoria viva del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. n
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