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Chiqui, el pregonero del Carnaval de Los Realejos

Sedomir Rodríguez de la Sierra abrió el Carnaval 2026 con una confesión a modo de columna vertebral de un pregón con el que recorrió su infancia en San Agustín. Fue un tributo a tía abuela Eloísa Hernández: «gracias a ella hoy soy diseñador»; un ejemplo de que la fiesta se transmite de generación en generación.

Imagen elaborada con Inteligencia Artificial facilitada por Sedomir Rodríguez de la Sierra con su tía Eloísa.

Imagen elaborada con Inteligencia Artificial facilitada por Sedomir Rodríguez de la Sierra con su tía Eloísa. / El Día

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

El Carnaval de Los Realejos 2026 quedó oficialmente inaugurado en la tarde-noche del pasado domingo 8 de febrero con un pregón cargado de emoción, recuerdos y agradecimientos a cargo del diseñador Sedomir Rodríguez de la Sierra (San Agustín, Los Realejos, 30 de mayo de 1976), una de las figuras más destacadas del diseño del Norte de Tenerife y de todo el Carnaval de Canarias, que regresó a su pueblo para dar voz a la fiesta desde la memoria personal y colectiva.

Conocido desde niño como Chiqui, Sedomir se presentó ante el público no solo como pregonero, sino como «hijo de este pueblo», evocando una infancia vivida intensamente en San Agustín, donde —según recordó— el calendario parecía dividirse entre las Fiestas del Carmen, en julio, y la llegada de septiembre, cuando en su casa ya se respiraba Carnaval. «Septiembre para mí ya olía a Carnaval», confesó, aludiendo a esos meses previos en los que los disfraces empezaban a tomar forma antes de febrero.

Entre las anécdotas más personales, el diseñador recordó que fue un niño prematuro, que al nacer apenas superaba el kilo de peso, y que no fue hasta la adolescencia, alrededor de los trece años, cuando dio el estirón que lo llevó a convertirse, con el paso del tiempo, en uno de los diseñadores más altos y reconocibles del Carnaval. «Hoy casi mido dos metros», señaló con humor, en contraste con aquel comienzo frágil de vida.

El legado de la tía Eloísa

Especial emoción despertó el recuerdo de su tía Eloísa Hernández, figura clave en su vocación creativa y protagonista emocional del pregón. Eloísa fue una persona muy conocida en Los Realejos, dueña de una tienda de manualidades, amante de la pintura, la lectura y la escritura —llegó incluso a publicar un libro de poesía—, y profundamente vinculada al Carnaval. «Desde septiembre salíamos en un grupo de vecinos que se hacían los disfraces ellos mismos, y yo era el niño que siempre estaba alrededor, entre lentejuelas, telas y patrones», relató.

«Mi tía me enseñó a convertir telas en sueños y agujas en varitas mágicas», agradece Sedomir

Fue ella quien, según sus propias palabras, lo introdujo definitivamente en ese mundo creativo. «Para mí es como mi segunda madre», confesó, recordando que incluso llegó a vivir con ella una temporada. Su fallecimiento, ocurrido hace diez años, estuvo muy presente en el discurso, hasta el punto de dedicarle explícitamente el pregón. «Ella fue quien me enseñó a convertir telas en sueños y agujas en varitas mágicas», una frase que se convirtió en uno de los momentos más aplaudidos de la noche.

Sedomir aprovechó su intervención para reivindicar el Carnaval como familia, unión y patrimonio emocional, destacando el trabajo silencioso de quienes ensayan cuando nadie mira, cosen hasta la madrugada o cargan trajes imposibles sin esperar reconocimiento. En ese contexto, dedicó un amplio homenaje a los grupos del Carnaval de Los Realejos, citando uno a uno a murgas, comparsas, colectivos históricos y formaciones infantiles, a las que definió como el verdadero motor de la fiesta.

Mirada al futuro del Carnaval realejero

No faltó tampoco una mirada al presente y al futuro del Carnaval realejero, con una mención especial a la cantera infantil y al talento que hoy llena las calles del municipio, así como al orgullo compartido por los éxitos logrados fuera de casa, como el primer premio de Interpretación de la Murga Trapaseros en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026.

El pregón, inspirado en la temática mexicana del Carnaval de este año, concluyó con una declaración cargada de simbolismo: mientras haya una plaza llena de vida, una aguja creando fantasías, una murga afinando la voz o una comparsa marcando el ritmo, el Carnaval siempre volverá.

Un pregón desde la memoria

Con la proclamación oficial del inicio de las fiestas, Chiqui cerró una noche en la que el niño que soñaba entre telas y disfraces se convirtió en la voz que abrió una nueva página del Carnaval de Los Realejos, reconciliando pasado, presente y futuro en un mismo escenario.

Sedomir no se quiso abstraer de la huella que dejó en él su tía abuela, su confidente y amiga, coincidiendo este año con el décimo aniversario de su fallecimiento. Pero el Carnaval mantiene vivo no solo el recuerdo, sino también el agradecimiento a todo el tiempo compartido con Eloísa, a quien acompañaba en su tienda mientras quedaba anonadado con sus manualidades, un arte que él ha heredado, como la pasión por la fiesta de la máscara.

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