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Bahía Bahitiare, un huracán al ritmo del Carnaval

Seis meses de ensayos, cambios de local y mucho esfuerzo sostienen a la comparsa Bahía Bahitiare, que celebra 23 años en el Carnaval demostrando que la pasión y la constancia son su esencia.

Bahía Bahitiare

Andrés Gutiérrez

Santa Cruz de Tenerife

Cuando Thalía Díaz entra al pabellón del IES Las Veredillas al salir de trabajar, el cuerpo ya sabe lo que tiene que hacer. Apenas necesita pensar. Escucha los primeros acordes, respira hondo y se coloca en su sitio. Han pasado meses desde que comenzaron los ensayos, pero la sensación es la misma que el primer día: nervios, ilusión y esas mariposas en el estómago que sólo el Carnaval sabe despertar.

Díaz no llegó al Carnaval de casualidad. Su historia empieza siendo niña, cuando participaba en murgas infantiles como Guachipanduzy y Mamelones, creciendo entre disfraces y muchos escenarios. En septiembre de 2022 decidió dar un paso más y entró a formar parte de la comparsa Bahía Bahitiare. Aún recuerda su primer ensayo "como si hubiera sido ayer". Muchos nervios, caras nuevas y la impresión de estar ante un grupo gigantesco, imponente. Hoy, ese grupo se ha convertido en su segunda familia.

Bahía Bahitiare nació en 2003 gracias a Zara Díaz y, desde entonces, ha construido una trayectoria que suma cinco primeros premios de presentación, tres segundos, dos terceros, un primer premio de Ritmo y Armonía en 2022, un segundo en 2023, un accésit en la calle en 2024, además de un primer premio de presentación en 2025 y un tercer premio de interpretación. Pero dentro, lejos de los trofeos, se construye algo mucho más grande: un sentimiento de pertenencia.

Para Thalía, el Carnaval es mucho más que una fiesta. Es ilusión, nervios, disfrutar de su gente y vivirlo junto a la afición. Por esa razón cuando el cansancio aprieta, Díaz tiene claro por qué sigue yendo a ensayar: "Solo con el hecho de desconectar y venir a disfrutar con nuestra gran familia". Reconoce que es duro, pero anima a cualquiera que tenga ganas a probar.

Un año complicado

Este año, además, ha sido especialmente enrevesado para Bahía Bahitiare. Los ensayos comenzaron en septiembre y han tenido que pasar por diferentes espacios como el antiguo mercado del barrio de La Salud o el IES Las Veredillas, cualquier espacio que pudiera acoger a más de ochenta componentes. La falta de un local amplio obligó a la comparsa a reorganizarse, dividir grupos y volver a encajar piezas una y otra vez.

Carlos Domínguez resume este año como complicado. "Ni el primer año como coreógrafo fue tan difícil como este", sentencia. Comenzó en los ensayos de 2014 para salir a concurso en 2025, y hoy es el coreógrafo de la comparsa, viviendo el Carnaval desde dentro, pero de otra manera. Sus coreografías nacen en su cabeza, escuchando el repertorio de canciones "una y otra vez" e imaginando escenas que después intenta llevar a la realidad.

"Valoro más que una persona tenga actitud y ritmo"

Coordinar a tantas personas no es una tarea sencilla. Para él, lo más complicado es conseguir que todas y todos presten atención. Aun así, tiene una idea muy clara de lo que quiere: actitud. "El 99% del cuerpo de baile es amateur. Valoro más que una persona tenga actitud y ritmo a que sea un bailarín perfecto", confiesa.

Esa filosofía es la que sostiene a integrantes como Díaz, que quizá no vienen de escuelas de danza, pero sí de una pasión enorme por el baile y el Carnaval. Cuando suena la música y todas empiezan a bailar, siente "unos nervios muy bonitos", una mezcla de emoción y orgullo.

Carlos Domínguez, coreógrafo, durante un ensayo

Carlos Domínguez, coreógrafo, durante un ensayo / Andrés Gutiérrez

En ese mismo grupo está Arantxa Vázquez, una de las nuevas integrantes de este año. Llegó a Bahía Bahitiare sola, después de que el año pasado su prima le regalara unas entradas para el concurso de comparsas. Esa misma noche del concurso se prometió a sí misma que algún día estaría en el escenario bailando. Y cumplió, hasta está colocada en primera fila en varias partes del baile.

Aunque llegó sola —sus amigas se arrepintieron pensando que sería demasiado esfuerzo— decidió dar el paso. Para ella lo más duro fue aprenderse la coreografía y las caras. No conocer a nadie al principio impone. Pero poco a poco, ensayo tras ensayo, empezó a sentir lo mismo que Díaz describe: unión, pertenencia y bienestar. Renunciar al sillón después de cenar para ir a ensayar tiene ahora sentido cuando piensa en el gran día.

Unión, pertenencia y bienestar

Lo que más le sorprendió fue que los ensayos respetaran horarios. Siempre había escuchado que se ensayaba "hasta las tantas", pero descubrió una realidad distinta. Y también se lleva personas que la han ayudado, aconsejado y acompañado, incluso a terminar de rematar el vestuario.

El jueves 5 de febrero fue el último ensayo de la comparsa antes del concurso que vivirán el sábado 7 en el Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife. Casi dos horas sin descanso con la música retumbando en el pabellón del IES Las Veredillas y Carlos caminando de un lado a otro, observando cada detalle. Ese día ensayaban con los tocados que lucirán tanto en el concurso como en Ritmo y Armonía.

Parte de la comparsa durante un ensayo.

Parte de la comparsa durante un ensayo. / Andrés Gutiérrez / t

Todas las integrantes lo dieron todo una y otra vez. Cuando terminó el ensayo, el coreógrafo reunió al huracán Bahía Bahitiare en un círculo y lanzó un mensaje que se quedó flotando en el aire: "Cuando nos subamos al escenario hay que creerse que somos la persona más diva y el mejor bailarín del mundo. Vamos a ir a por todas. Las quiero mucho".

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