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Domi González: "Trapaseros hizo un espectáculo inmenso; mi primero era Bambones"

El director de la murga de Los Realejos durante 16 años defiende la evolución

Domi González, director de Trapaseros entre 1996 y 2013 y nuevamente en 2018, año al que corresponde la fotografía.

Domi González, director de Trapaseros entre 1996 y 2013 y nuevamente en 2018, año al que corresponde la fotografía. / El Día

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Trapaseros protagonizó un espectáculo de una dimensión pocas veces vista sobre el escenario, una actuación que dejó huella por su potencia visual, su coordinación y su ambición artística. Incluso ante semejante despliegue, hubo miradas que, desde el conocimiento profundo de la murga, situaron el primer premio en otro lugar. Una de ellas fue la de Domi González, director de Trapaseros entre 1996 y 2013 y nuevamente en 2018.

González siguió la actuación desde la televisión, consciente de que esa perspectiva también es diferente a la que se vive en el recinto ferial. Domi es claro: la actuación de Trapaseros fue «espectacular», «un espectáculo inmenso». «Solo coordinar todo aquello ya es de premio», apunta.

Desde su forma de entender la murga —marcada por la crítica, la ironía y el doble sentido— su ganador fue Bambones. No como desmerecimiento a Trapaseros, sino como una elección basada en sensibilidad murguera. «A mí Bambones me dio un leñazo» por esencia más clásica del género.

Los premios según Domi

Para Domi, esta dualidad no es contradictoria. Trapaseros ofreció un espectáculo descomunal, pero Bambones le tocó una fibra distinta. Dos maneras de entender la murga, dos lenguajes, dos verdades que convivieron en una final de enorme nivel. En su particular clasificación, Bambones fue primero, Trapaseros segundo y Diablos Locos tercero, con menciones especiales a letras y temas que le conectaron desde lo personal.

El exdirector reconoce sentirse identificado con los Trapaseros actuales. No es su época ni su momento, pero sí su murga. Destaca el equipo humano que hay detrás y recuerda los tres pilares que siempre inculcó y defiende: humildad, respeto y compromiso.

Sobre el debate entre dinero e ingenio que planteó en su presentación Bambones, Domi aporta una mirada experimentada. Le incomoda la crispación que ha surgido en redes sociales y rechaza simplificaciones. «No es un gasto, es una inversión en espectáculo», explica. Él sabe bien lo que cuesta montar números ambiciosos y recuerda que siempre ha habido inversión en el Carnaval, aunque cambien las formas y las cifras. El problema, señala, no es el dinero, sino cómo se utiliza y qué se quiere contar con él. Desde su experiencia con montajes como El Rey León, entiende perfectamente las dificultades logísticas, las limitaciones de espacio, los riesgos de coordinación y las exigencias técnicas.

La evolución de la murga

¿Dónde está el límite de la murga? Para Domi, la evolución es inevitable. Las bases cambian, las normas se adaptan y el Carnaval se transforma con la sociedad. No cree que Trapaseros haya hecho nada fuera de lo permitido, sino que ha llevado al extremo los recursos disponibles para ofrecer algo diferente. «No son los primeros artistas que se suben a un escenario», Sugusto sigue fiel a la letra, en la ironía, en el mensaje. Confiesa que hay temas demasiado duros que le cuesta escuchar, no por falta de calidad, sino por sensibilidad.

Domi no es amigo de los concursos. Nunca lo ha sido. Para él, el verdadero ganador debería ser siempre el público. Entiende las votaciones, acepta los resultados, pero pone el acento en lo vivido, en lo sentido, en lo que queda después de que se apaguen las luces.

Dos miradas, un mismo escenario

Y lo que quedó de esta final fue una sensación compartida: se asistió a algo grande. Trapaseros ofreció un espectáculo inmenso. Bambones conectó desde otro lugar igualmente poderoso. Para Domi, en la final se vieron dos miradas distintas que conquistaron al público.

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