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Juanka López: "La final de murgas del Carnaval fue un duelo entre dos Titanes para el disfrute de todos"

El antecesor del actual responsable artístico destaca el ingenio de Trapaseros

Juanka López, de director de Trapaseros entre  2014 y 2022.

Juanka López, de director de Trapaseros entre 2014 y 2022. / Andrés Gutiérrez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

La final del Concurso de Murgas de este año dejó algo que no se veía desde hace mucho tiempo: un auténtico mano a mano entre dos gigantes del Carnaval. Es la opinión de Juan Carlos López, quien fue director de Trapaseros entre 2014 y 2022. «Trapaseros y Bambones protagonizaron una batalla artística de una igualdad tan extrema que el resultado se decidió por pequeños detalles, de esos que solo el jurado, con su inevitable carga de subjetividad, puede inclinar hacia un lado u otro».

Así lo entiende Juan Carlos López, quien vivió la final «como un aficionado más, aunque con corazón trapasero». Para López, lejos de la vorágine generada en los días posteriores, lo ocurrido sobre el escenario fue «una batalla espectacular» entre dos murgas en estado puro. «No recuerdo una final tan igualada en años», asegura, subrayando que en ediciones anteriores siempre existía una sensación clara de superioridad de una murga sobre el resto.

Esta vez no. Esta vez cualquiera de las dos pudo haber ganado. «Se decidió por pequeños detalles», insiste López, recordando que un jurado no deja de ser «un conjunto de personas que aportan su visión subjetiva». Una decisión que puede gustar más o menos, pero que no debería empañar lo verdaderamente importante: el altísimo nivel ofrecido.

El debate fuera de foco

El exdirector considera que el foco del debate se ha desplazado a un lugar equivocado. «Estamos poniendo la atención donde no es», señala. «Lo que deberíamos demandar como aficionados es el mensaje de que queremos finales así, finales donde ganar sea dificilísimo». Incluso va más allá y lanza un deseo compartido por muchos murgueros: que no sean solo dos, sino varias las formaciones capaces de igualar ese nivel.

López recurre a una comparación futbolística para explicar la emoción vivida. No es lo mismo una final resuelta con goleada que aquella que se decide en el último suspiro. «La emoción es mayor cuando todo está tan reñido», apunta, evocando la final del Mundial de 2010 frente a la Eurocopa ganada por España con claridad años después. Ambas se celebran, sí, pero no generan la misma intensidad.

¿Dinero o ingenio?

Sobre el eterno debate entre espectáculo, ingenio y recursos, López se muestra tajante. Considera injusto reducir el trabajo de Trapaseros al «show» o al presupuesto. «Decir que no hay ingenio es patinar», afirma. «Para llegar a ese tipo de ideas hace falta muchísimo ingenio». En su opinión, cada murga invierte donde considera oportuno: unas en vestuario, otras en escenografía, otras en viajes. «Todo es lícito». También defiende que una murga no se define por un solo momento o recurso. «Estamos haciendo hincapié en un tema concreto cuando hay otros tantos».

En cuanto a la polémica amplificada en redes sociales, López apunta directamente al cambio de contexto. «Antes salía una noticia en el periódico y a los dos o tres días se olvidaba. Ahora las redes están constantemente alimentando el debate», se lamenta.

Un jurado sin fórmula mágica

Respecto al jurado, se muestra realista: no existe la fórmula perfecta. «Nunca vas a llover a gusto de todos», sentencia. Cualquier modelo genera desconfianza, teorías conspirativas o descontento. Incluso recuerda experiencias pasadas en las que cada murga aportaba un jurado y el sistema terminó cayendo por las mismas suspicacias.

El mensaje que Juan Carlos López lanza es claro y sereno: disfrutar. Disfrutar del regalo que ofrecieron Trapaseros y Bambones, sin menospreciar al resto de participantes. Disfrutar de una final histórica por su igualdad, por su emoción y por su nivel artístico.

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