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Las murgas del Carnaval de Canarias son más viejas de lo que se piensa

El profesor de instituto y doctor en Antropología Ricardo Fajardo cuestiona la ‘teoría del Laya’. Frente a la tesis que fija el nacimiento de la murga en 1917 con el desembarco de la tripulación gaditana de un buque al puerto de Santa Cruz, el docente lo data a mitad del siglo XIX y no garantiza que procedan de Cádiz.

Ricardo Fajardo, licenciado en Filología y doctor en Antropología por la ULL.

Ricardo Fajardo, licenciado en Filología y doctor en Antropología por la ULL. / El Día

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

La historia de la murga del Carnaval de Canarias podría ser más antigua de lo que durante décadas se ha repetido casi como un dogma. Al menos eso es lo que sugiere las primeras investigaciones de Ricardo Fajardo, docente, doctor en Antropología por la Universidad de La Laguna y estudioso de las manifestaciones festivas tradicionales del Archipiélago. A sus 60 años, Fajardo se define como alguien movido por la saludable desconfianza hacia las afirmaciones categóricas como cuando se afirma que el origen del género rey del Carnaval nació en 1917 gracias al desembarco de los marineros del buque cañonero Laya con motivo de la escala que hizo en el puerto tinerfeño.

Licenciado en Filosofía, Fajardo culminó en 2021 un doctorado centrado en las manifestaciones festivas de carácter zoomorfo en Canarias, un trabajo que le valió el Premio Extraordinario en el área de Arte y Humanidades. Su trayectoria académica se ha movido siempre entre la docencia y la investigación, con un interés especial por los elementos identitarios del pasado canario, la etnografía y las tradiciones populares.

El rastreo en la prensa antigua

El haber trabajado previamente con documentación histórica le había familiarizado con la lectura de prensa antigua.

Así comenzó a familiarizarse con las primeras referencias que encontró en la prensa y que no pertenece en exclusiva al Carnaval canario: murga. El término aparece documentado en distintos lugares de España –en Cádiz, la chirigota se data a mitad del siglo XIX– y de América, generalmente asociado a grupos musicales de escasa calidad o a formaciones informales. «La murga existía como concepto antes de que las vinculemos a la actual murga de Carnaval».

Aunque durante la elaboración de su tesis doctoral ya había encontrado alguna referencia de manera tangencial, la investigación más sistemática comenzó hace relativamente poco tiempo, hace unos meses, cuando decidió revisar con mayor detenimiento hemerotecas de prensa canaria del siglo XIX. Su intención inicial era escribir un artículo divulgativo sin una fecha concreta de publicación, pero el interés mostrado por el periódico digital El País Canario aceleró el proceso.

Referencias documentadas en el siglo XIX

Las fuentes utilizadas hasta ahora son exclusivamente escritas, fundamentalmente periódicos antiguos de Tenerife y del resto de Canarias. Y lo que ha encontrado resulta revelador: referencias al término murga ya en el siglo XIX, no solo a finales, sino incluso desde mediados del siglo.

En esas crónicas, la palabra murga aparece asociada a grupos de personas que interpretaban música, sin que se detalle con precisión su composición, número de integrantes o repertorio. En algunos casos se mencionan instrumentos como cornetines, aunque no hay descripciones exhaustivas ni nombres propios de las agrupaciones. «No podemos decir que fueran murgas como las actuales, pero tampoco lo eran las de hace veinte años respecto a las de hoy», matiza Fajardo, poniendo en valor la continua evolución.

La teoría del Laya

Uno de los aspectos que ponen en solfa la teoría del Laya que acuñó el historiador y murguero Ramón Guimerá Peña en su libro 75 años dando la murga es la cronología tradicionalmente aceptada. Hasta ahora se había situado el origen de la murga en fechas más recientes, vinculadas a hitos muy concretos y a nombres propios que hoy forman parte del imaginario colectivo. «Está claro que la murga es más anterior a lo que se ha dicho», sentencia Ricardo Fajardo.

En cuanto a la influencia gaditana, uno de los debates recurrentes en torno a la murga, Fajardo introduce matices importantes. En la prensa de principios del siglo XX, especialmente en torno a 1911, sí aparecen menciones explícitas a «murgas estilo gaditano» e incluso referencias a una «murga gaditana» que actuaba en Santa Cruz y que llegó a competir con la «rondalla canaria» en algún certamen. En ese contexto, se habla ya de concursos de murgas, aunque sin especificar cuántas participaban ni si tenían una continuidad estable.

Sin un origen gaditano claro

Sin embargo, en las referencias anteriores, las del siglo XIX, no existe ninguna mención a Cádiz ni a lo gaditano. «Sería muy aventurado sostener que el origen de la murga de Tenerife es gaditano», sostiene el investigador.

Otra diferencia fundamental con el modelo actual es la estructura de las agrupaciones. Todo apunta a que no se trataba de colectivos estables con nombre fijo, local propio o continuidad anual, sino de grupos que se reunían puntualmente para actuar.

Una investigación en curso

La investigación se encuentra aún en una fase inicial y Fajardo es prudente con las conclusiones. Reconoce que es necesario profundizar más, pero también tiene claro que las pistas encontradas son sólidas y merecen atención.

De momento, se lo toma con calma, degustando su encuentro personal con la historia. Su prioridad es terminar otro proyecto en el que trabaja actualmente: un libro sobre las libreas de Tenerife, centrado en diablos, danzas y sus distintas tipologías, una línea de estudio que ya le ha dado grandes satisfacciones académicas. Cuando ese trabajo esté concluido, no descarta retomar con mayor profundidad el estudio sobre las murgas. «La murga ha cambiado, como ha cambiado el Carnaval y la sociedad», apunta a la espera ampliar una investigación que estremece los pilares de la teoría del Laya.

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