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Hermanos, sobrinos y... rivales

La familia Casanova se cita hoy en la gran final de murgas: Richar, director musical de Zeta-Zetas, y en la que salen de componentes sus hijos Isael y Marcos. Con Tiralenguas estará Xerach, hermano de Richar. Es la tercera vez que coinciden en la gran fiesta de la crítica y el pasacalle.

Richar Casanova, segundo por la izquierda, con su hermano Xerach y sus hijos, Isael y Marcos.

Richar Casanova, segundo por la izquierda, con su hermano Xerach y sus hijos, Isael y Marcos. / ED

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

En la familia Casanova, el Carnaval no es una época del año: es casi una forma de vida. Las conversaciones, tarde o temprano, acaban desembocando en ensayos, repertorios, decisiones musicales o en el veredicto –siempre polémico– de los jurados. Y, sin embargo, lejos de generar fricciones, ese contexto ha construido una relación basada en el respeto y la admiración mutua. «Se habla mucho de murgas, claro, pero se lleva bien», admite Xerach Casanova, director musical de Tiralenguas., como si no fuera excepcional compartir finales siendo hermano de sangre.

Richar Casanova fue el primero en abrir camino. Su llegada al mundo murguero se remonta a 1992, cuando aún era un joven músico del conservatorio que aparecía por su barrio, la Cruz del Señor, cargado de partituras. Víctor El Gallo no lo dejó escapar: lo subió a un coche y lo llevó directo a un ensayo de Trasnochados.

En el Carnaval de 1993 ya salió como componente y, apenas un año después, asumía la dirección musical. Desde entonces, su trayectoria se ha construido a base de inquietud y riesgo: Trasnochados, Trabachines —un proyecto casi experimental surgido de la amistad entre Jonás González, de Bambones, y y el propio Richar, de Trasnochados—, Mamelucos, la Rondalla Mamel’s y, desde 2020, Zeta-Zetas.

En ese recorrido, Richar ha alternado etapas de éxito, pero también años sin premios y decisiones difíciles, como dejar de subirse a la tarima a mediados de los 2000, tras la etapa de Mamelucos, para centrarse en arreglos y nuevos proyectos. «A mí siempre me gustó la música, el montaje, el trabajo desde dentro», explica. Esa visión, más de arquitecto que de solista, es la que ha marcado su sello musical.

Xerach, el hermano menor, siguió un camino distinto, aunque inevitablemente conectado. Su iniciación llegó desde la cantera, en Carricitos, para el Carnaval de 1996, precisamente porque su hermano montaba musicalmente la murga infantil y necesitaban niños. Tenía nueve años. Tras un breve paréntesis, regresó y luego pasó a Mamelones y a Mamelucos, formando parte de la Casa Mámelo desde finales de los noventa hasta 2020, tanto en infantiles como en adultas. Incluso después de dejar el escenario, siguió vinculado mediante arreglos musicales.

Desde 2017, Xerach ha consolidado su nombre en otros proyectos: Tiralenguas, Simplones y Trapasones, donde ha desarrollado un estilo propio, muy cuidado en lo coral y con una identidad musical reconocible. Esa evolución lo ha situado, de forma natural, en el mismo plano que su hermano: directores musicales con peso específico.

Como el Carnaval, la familia Casanova no es una excepción y se transmite de generación en generacion. Isael y Marco, hijos de Richar, crecieron viendo ensayos, finales y celebraciones. Ambos pasaron por Mamelones en la cantera y dieron el salto a adultas siendo muy jóvenes. Isael debutó en Mamelucos en 2019, en una etapa dirigida musicalmente por su propio tío, Xerach. Pero la experiencia no terminó de cuajar. «No le gustó el ambiente», reconoce su padre sin dramatismo. Tenía amigos en Zeta-Zetas, gente de su edad, de su quinta, y decidió cambiar de rumbo.

En 2020, Isael se incorporó a Zeta-Zetas, coincidiendo además con la llegada de Richar como director musical; es más, ‘alguna culpa’ tuvo en la incorporación de su padre. Marco siguió un camino aún más directo: de Mamelones pasó directamente a Zeta-Zetas, donde ha vivido los años más duros del grupo. Zeta-Zetas ha sido una escuela de vida murguera. Isael conoció el éxito temprano —primer premio en 2020, segundo de Interpretación en 2021—, pero también la frustración de quedarse fuera de la final en 2022 y atravesar temporadas de incertidumbre .

Mientras tanto, Xerach seguía vinculado a Mamelucos desde otros ámbitos y reforzando su trabajo en Tiralenguas. En 2020 se produjo una coincidencia poco habitual: Richar y Xerach compartieron final como directores musicales, el primero en Zeta-Zetas y el segundo en Mamelucos. Una imagen simbólica de una familia repartida en escenarios distintos, pero unida por el mismo lenguaje. En 2022, incluso, pudo repetirse esa coincidencia, ya que Xerach firmó los arreglos musicales de la murga adulta de la Casa del Miedo.

¿Y la rivalidad? Existe solo en el papel. En la práctica, las comidas familiares transcurren sin tensión. «Mis hijos tienen a su tío como referente», reconoce Richar. No hay comparaciones hirientes ni silencios incómodos. Se habla de Carnaval, se analiza, se opina, pero siempre desde el respeto. «No hay piques entre Zeta-Zetas y Tiralenguas», subraya Xerach. «Nos alegramos de los éxitos de los demás».

Quizá ahí radique la verdadera singularidad de esta historia. En un concurso donde la crítica es arma, defensa y espectáculo, la familia Casanova ha logrado algo que parece ideal: competir sin romper. Hermanos, sobrinos… y sí, rivales sobre el escenario. Pero, por encima de todo, familia unida por una misma pasión, capaces de compartir finales. Eso sí; esta noche cada uno juega con su murga en la lucha por un cartón.

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