Alexis Hernández, la voz del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife
Empezó tocando la percusión y acaba llevando el ritmo del concurso de murgas. Primero, Bambones; luego, funda Chinchosos hasta dar el salto a la comunicación en Radio Club, Canal 7 y la Televisión Canaria. Alexis Hernández lo admite sin rubor: «Lo que soy se lo debo al Carnaval.

Alexis Hernández, santo y seña del Carnaval chicharrero. | FIRMA

Alexis Hernández no llegó al Carnaval por vocación tardía ni por oportunidad profesional. Llegó porque siempre estuvo ahí. Porque, como él mismo explica, «en el Carnaval nací», por más que vino al mundo en noviembre de 1968 en Santa Cruz de Tenerife, en el antiguo hotel Brujas, donde entonces había un pequeño hospital.
Antes que presentador, antes incluso de convertirse en la voz más reconocible del Carnaval, Alexis fue murguero. Y, en esencia, nunca ha dejado de serlo.
Sus primeros recuerdos ligados al Carnaval se sitúan a finales de los años 70. Adolescente aún, formó, junto a una docena de amigos del barrio, la murga Los Guanches y Carrero, en El Cardonal. Aquella experiencia fue breve, casi anecdótica, pero marcó el inicio de una militancia que ya no tendría marcha atrás. El estreno «oficial» llegaría en 1985, cuando se subió por primera vez al escenario con Bambones, en El Cardonal, tocando la batería.
Tras su etapa como percusionista, Alexis fue ampliando su papel creativo hasta convertirse en uno de los fundadores de Los Chinchosos, murga nacida en 1988 tras una escisión interna en Bambones. Aquella decisión supuso un punto de inflexión: pasó a ser letrista y director musical, roles desde los que desarrolló una mirada más global sobre el Carnaval, entendiendo la murga no solo como espectáculo, sino como relato colectivo.
En 1991, saturado y cansado, decidió bajarse del escenario. Aun así, su relación con las murgas nunca fue lineal: hubo regresos puntuales, apariciones emotivas y momentos casi clandestinos.
Aunque dejó de cantar en murgas de forma regular en 2005, siguió escribiendo letras hasta 2009. Porque el Carnaval, para él, nunca ha sido una etapa cerrada, sino un movimiento constante de ida y vuelta. «Todo tiene que ver con las murgas», resume. Entrar, salir, volver. Respirar.
El salto a la comunicación llegó casi por accidente. A finales de los años 80 del siglo pasado acompañó a un amigo –Paco Padilla, a la postre director artístico de Chinchosos– a unas pruebas radiofónicas y terminó siendo el seleccionado. Radio Club Tenerife fue el escenario de ese inicio inesperado. Paradójicamente, el micrófono ya había estado antes en sus manos, cuando la radio visitaba los locales de ensayo de las murgas. Incluso llegó a improvisar conexiones y parodias en directo junto a compañeros, en un ambiente lúdico que hoy, visto con perspectiva, anticipaba su futuro profesional.
Las grandes referencias
Alexis reconoce referentes claros en aquella etapa: Pilar Socorro, José Antonio Pérez, César Fernández Trujillo, Juan Luis Calero o Willy García. Voces de radio, sobre todo, porque la televisión tenía entonces un papel secundario. De ellos aprendió la cercanía, el respeto al oyente y la importancia de contar desde la verdad, sin imposturas. «Nunca he contado nada que no haya sentido», afirma, que también reivindica la importancia y admiración que siente por el mundo del folclore.
Luego vendría la etapa en Canal 7, de la mano de Paco Padrón, que llevó el Carnaval a todos los hogares las 24 horas, hasta su desembarco en Televisión Canaria como pionero de un proyecto que hoy domina el Carnaval gracias a su sello, en buena parte.
Durante tres décadas ha desarrollado una trayectoria sólida en el mundo de la comunicación, siempre ligada al Carnaval y a lo popular. Pero el gran punto de inflexión llegó en 2016, cuando el director artístico de los espectáculos Enrique Camacho lo llamó para presentar por primera vez la final de murgas, sin ser ya murguero en activo. Aquel día, Alexis se arrodilló y besó el escenario. No fue un gesto teatral, sino un acto de gratitud. Subirse a ese espacio desde otro rol, después de tantos años, supuso cerrar un círculo.
Desde entonces, con algunos paréntesis, se ha consolidado como una de las voces centrales del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Ha presentado finales, galas, homenajes y momentos especialmente complejos. Entre ellos, uno que ya forma parte de la memoria colectiva: la final de murgas en la que falló el sonido durante la actuación de Diablos Locos. Con el público enfadado y el ambiente al límite, Alexis tomó el micrófono, explicó la situación y ordenó poner el cronómetro a cero. Lo hizo sin miedo. «¿Cómo voy a tener miedo si estoy entre mi público?», reflexiona. Porque no habló desde una posición de autoridad, sino desde la complicidad. Como uno más, con el respeto que se le profesa.
Esa capacidad de gestionar la tensión sin impostar el discurso es una de las claves de su reconocimiento. Lejos de la nostalgia paralizante, se define como un carnavalero del presente y del futuro. Echa de menos la energía de la juventud, pero no idealiza el pasado. Al contrario, defiende que el Carnaval actual es más grande, más complejo y más espectacular que nunca. Una fiesta «imparable», que entiende como la gran celebración de la transformación colectiva.
En las galas de la reina, cuando comparte escenario con presentadoras ajenas al mundo carnavalero, no se siente una «red de salvación», sino un acompañante, un guía que contextualiza, explica y cuida el relato. Alguien que intenta transmitir qué significa realmente cada sonido, cada comparsa, cada disfraz y el trabajo ingente que hay detrás de todo ello. Desde el respeto y el cariño. Ocurrió con Lara Álvarez en 2025 y este, con Paula Vázquez, por aportar los últimos casos.
Alexis Hernández se siente en casa sobre los escenarios del Carnaval de Santa Cruz. Y con la complicidad este año de Yeray Piñero, el nuevo director de los concursos, es el gran culpable de fabricar desde la tele un equipo que domina la comunicación. En la búsqueda de esa fórmula mágica que no solo distinga a la final, sino que este año catapulta el formato televisivo con Mery Gorostiza, la revelación de esta edición.
Sabe que no estará ahí siempre y, quizá por eso, cada año lo vive con más intensidad, entusiasmo y amor, si cabe, por la fiesta. Cuarenta años después de su primer tambor, sigue siendo lo mismo: parte del público, parte del Carnaval. Y marcando el ritmo al concurso de murgas hasta el punto de que su voz es la de todos. n
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