Alberto Justo desvela la clave del éxito de Mamelones, ganadores del Carnaval 2026: trabajo, valores y un grupo unido
Con Alberto comenzó en la Casa del Miedo hace casi diez años, 'niños' que se hicieron grandes
Esta edición una docena de componentes se despiden de la infantil, entre ellos su director, Aray Suárez

Alberto Justo, representante de la murga infantil Mamelones. / El Día

La murga infantil Mamelones lo vuelve a hacer, como quedó de manifiesto en el concurso celebrado el viernes y sábado de la semana pasada. en el marco del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026.
Gana, convence y, sobre todo, deja huella. Pero si algo queda claro tras escuchar a Alberto Justo, uno de sus responsables y autoridad dentro del grupo, es que los premios no son el punto de partida ni el de llegada. El verdadero secreto del éxito de Mamelones no está únicamente en el afinado trabajo musical, en la complejidad de sus letras o en la solvencia escénica de sus componentes. Está, como él mismo resume sin rodeos, en algo mucho más sencillo y a la vez más difícil de construir: son un grupo de amigos.
Esa idea atraviesa todo el proyecto. Se percibe en los ensayos, en el escenario y también en la forma en la que los niños se relacionan entre ellos. “Las cosas funcionan cuando nos respetamos y trabajamos juntos”, explica Justo, recordando que esa amistad entre los adultos responsables se contagia a los más pequeños. No es una frase hecha. Es una metodología.
El resultado vuelve a quedar patente en el Concurso de Murgas Infantiles 2026, donde Mamelones ofreció un repertorio exigente, arriesgado y muy trabajado. Desde el primer momento, las sensaciones eran buenas. Los niños se bajaron del escenario “contentos”, con la tranquilidad de haber cumplido. Luego llegó el reconocimiento externo: compañeros de otras murgas, responsables históricos del Carnaval y hasta rivales directos coincidían en señalar que lo que habían hecho los Mamelones era, como mínimo, especial.
Trabajo, concentración y una idea que rompe esquemas
Nada de eso es casual. Alberto Justo insiste en una palabra que repite como un mantra: trabajo. Trabajo constante, serio y consciente. Desde el primer día se les advirtió a los chicos que este no era un año cualquiera. El segundo tema requería una concentración extra, una memoria privilegiada y una capacidad poco habitual para ordenar ideas y letras casi sobre la marcha.
La propuesta nació como un trivial carnavalero clásico, pero el equipo creativo decidió darle una vuelta. Cambiar el orden, romper la estructura tradicional y obligar a los niños a pensar mientras cantaban. La idea parecía una locura. Lo reconocen ellos mismos. Pero se probó. Se ensayó. Y funcionó.
Durante semanas, los ensayos se llenaron de cartulinas de colores, chuletas visuales y cambios constantes en el orden de las estrofas. El objetivo no era memorizar mecánicamente, sino entender. Y ahí los niños respondieron como esponjas. En el concurso, el riesgo salió perfecto. No hizo falta plan B. La memoria, la concentración y la confianza mutua sostuvieron un tema que ya forma parte de la historia reciente del certamen infantil.
Un equipo curtido… y mucha gente detrás
Aunque los focos suelen apuntar a unos pocos nombres, Justo se encarga de desmontar esa idea. El equipo de trabajo va mucho más allá de las caras visibles. Hay responsables de tesorería, de disfraces, de representación, excomponentes que siguen ayudando y una estructura sólida que se ha ido consolidando con los años.
Desde la llegada de Idafe González, su letrista, en el Carnaval 2018, el grupo no ha dejado de crecer. Antes incluso que Alberto Justo estaba el mago de voz Xerach Casanova, que continúa ligado a la Cantera, o este año David Tomate, repescado... Se han sumado nuevas miradas, nuevas manos y nuevas ideas. El método también ha evolucionado. Menos ensayos, pero más efectivos. Tres días a la semana bien aprovechados, respeto por la vida personal de los niños y una premisa clara: los estudios van primero.
En Mamelones no se castiga al que falta por estudiar. Al contrario. Se le anima a quedarse en casa, a aprobar y a volver cuando toque. Aquí suben todos. La murga no es una amenaza para la formación académica, sino un complemento educativo y humano.
El Carnaval como espacio de integración
Uno de los sellos más reconocibles de Mamelones es el contenido de sus letras. Comprometidas, actuales y profundamente humanas. Igualdad, integración, diversidad funcional, autismo, TDAH, discapacidad, bullying. No son conceptos abstractos: forman parte del día a día del grupo.
En sus filas hay niños con diferentes capacidades y realidades. Algunos con prótesis, otros con dificultades auditivas, otros con trastornos de atención. En Mamelones no son “niños diferentes”. Son niños. Punto. Cantan, juegan, ensayan y suben al escenario como cualquiera. Y eso se nota en el mensaje.
Justo defiende que la murga infantil es cultura. Carnaval en estado puro. Una seña de identidad que educa, transmite valores y construye comunidad. Por eso, cantar estos temas no es una pose, sino una consecuencia lógica de lo que viven dentro del grupo.
Doce despedidas y un cambio generacional inevitable
Pero 2026 también es un año de despedidas. Doce componentes cierran ciclo al cumplir la edad máxima permitida. Once chicos y una chica que han sido piezas fundamentales de la historia reciente de Mamelones. Algunos llevan más de una década en la murga. Es una generación brillante que se marcha dejando un vacío emocional y artístico difícil de cubrir.
El relevo generacional es total. Y asumido con naturalidad. Algunos de esos niños ya miran hacia Mamelucos, entre ellos su director, Aray Suárez, que empezó en la Casa del Miedo con 7 añitos. Otros priorizarán estudios. Otros aún no lo saben. Tienen tiempo. Lo importante, para Justo, es que se vayan como llegaron: siendo buena gente, amigos y murgueros de corazón.
El futuro, pese a todo, está garantizado. Hay cantera. Hay niños creciendo. Hay valores sólidos. Y, sobre todo, hay una forma de hacer murga que trasciende los premios.
Porque al final, como resume Alberto Justo, el éxito de Mamelones no está en ganar, sino en cómo se gana. Y es que lo viven.
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