Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El Carnaval según Lito Díaz, cincuenta años del Tronco Verde a Mamelucos

El diseñador más prolífero analiza la fiesta; en una edición ideó 23 fantasías y ganó todo

Lito Díaz, un diseñador que nació en la rondalla Tronco Verde y que sigue dando la murga medio siglo después.

Lito Díaz, un diseñador que nació en la rondalla Tronco Verde y que sigue dando la murga medio siglo después. / El Día

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Lito Díaz es sinónimo de buenos diseños en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Rondallero antes que creador de fantasías, lleva cincuenta años vinculado a las carnestolendas, desde que aún se celebraban como Fiestas de Invierno, cuando salió a cantar con la formación lírica Tronco Verde. Durante este tiempo ha creado centenares de fantasías en todas las modalidades del Carnaval. «He tocado todos los palos; solo me falta presentar un traje de reina adulta», confiesa, sin descartar asumir ese reto.

Su primer contacto como diseñador llegó a principios de los años noventa, cuando recibió la oportunidad de crear una fantasía para una murga infantil que, aquel año, se convirtió en una piñata. Sin embargo, su militancia carnavalera comenzó mucho antes, con apenas trece años, en la recordada rondalla Tronco Verde, de la mano de Aníbal Pérez.

No fue una tradición familiar la que lo llevó al Carnaval, sino una casualidad de barrio. Un guitarrista llamado Nino, vecino de su calle en Chamberí, enseñaba música y lo condujo —junto a su hermano— al mundo de la lírica. De los cuarenta niños que se acercaron entonces, recuerda, solo ellos dos continuaron.

De la rondalla al diseño total

Desde ese momento, el Carnaval se convirtió en su hábitat natural para alguien que siempre tuvo clara su vocación por el dibujo. A lo largo de los años, Lito Díaz ha militado como diseñador en todas las modalidades: rondallas, murgas, comparsas, fantasías e incluso en la creación de nuevos colectivos culturales. Solo una quedó fuera de su currículum: las agrupaciones musicales, admite entre risas.

Su recorrido como componente comenzó de forma inesperada, como fundador de la murga Chinchosos, junto a Paco Padilla y Alexis Hernández, en una etapa marcada por tensiones internas. Tras un breve paso por esa formación, recaló en Mamelucos, donde viviría una de sus etapas más intensas y prolíferas como diseñador.

Fue precisamente en la Casa del Miedo donde dejó —y sigue dejando— una huella profunda. En un momento en el que el grupo buscaba un giro en las fantasías, Lito Díaz y Tomás “El Gordo” presentaron propuestas alternativas. La elegida fue la suya y el resultado no pudo ser más contundente: primer premio. A partir de ahí, durante siete u ocho años, Mamelucos alternó primeros y segundos premios con diseños suyos, consolidando una etapa dorada para la institución.

Diseñar sin hacer negocio

Con tantos trabajos acumulados, Lito asegura que nunca entendió su relación con los grupos como un negocio. Al contrario, se define sin rodeos como «uno de los pocos gilipollas que quedan», subrayando que nunca cobró como tal por su trabajo. «Si me daban algo, salía del grupo, no de mí», puntualiza.

Su implicación fue mucho más allá del diseño. Fue uno de los impulsores de múltiples proyectos nacidos al amparo de sociedades culturales, especialmente en Mamelucos, que diversificó su oferta carnavalera para justificar una sede tan singular como la Casa del Miedo, con cuatro pisos y oratorio. Así surgieron iniciativas como No Tengo el Chichi Pa’ Farolillos, la habanera Habana Vieja o la rondalla Mamel’s, con el apoyo fundamental de Manolo Peña.

Recuerda especialmente el año 2013, cuando junto a las entonces noveles formaciones líricas Valkirias y los recordados Troveros de Nivaria, además de la rondalla Mamel’s, se reunieron con el alcalde José Manuel Bermúdez para reclamar el fin del veto a la entrada de nuevos colectivos en esta modalidad. Aquella decisión supuso una bocanada de aire fresco que amplió la esperanza de vida de un género genuino de Santa Cruz.

Mirada crítica al Carnaval actual

Lito Díaz observa el Carnaval actual con una mezcla de cariño, distancia y espíritu crítico. Se define hoy como «anticarnaval», aunque matiza rápidamente: lo que realmente ama es el Carnaval de calle, el de día, el de pasear unas horas y volver a casa. No reniega de ningún formato, pero reconoce sentirse cada vez menos identificado con la dinámica competitiva y con ciertos derroteros creativos.

En su análisis, el Carnaval atraviesa una etapa de estancamiento creativo, especialmente en el concurso de murgas. Reconoce el alto nivel interpretativo y el empuje de las murgas del Norte, pero echa en falta riesgo, sorpresa y letras verdaderamente novedosas. «Oigo todas las canciones y de cada concurso saco tres trocitos que me sorprenden; lo demás es más de lo mismo».

Sobre el futuro, advierte de un relevo generacional desigual y del crecimiento imparable de las murgas femeninas, que, a su juicio, acabarán dominando el concurso en las próximas décadas.

Un nombre ligado para siempre

Lito valora la irrupción de nuevas rondallas, a medio camino entre tradición y modernidad. Y aunque asegura que no volverá a salir como componente —salvo una hecatombe de última hora para auxiliar a Mamelucos—, su nombre sigue ligado a proyectos, diseños y propuestas. Al Carnaval.

En su historia personal recuerda una edición en la que llegó a diseñar para 23 grupos, acaparando la mayoría de los premios de presentación, e incluso una reina infantil. Este año, convaleciente, ‘solo’ ha diseñado o colaborado con cuatro colectivos, pero ya ‘amenaza’ con volver, tras seis años de ausencia, al Entierro de la Sardina, su acto favorito, donde —asegura— se destila la esencia del Carnaval.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents