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Una drag en el equipo de dirección del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026

Es más conocida como Exhuberancia Carey que como Javier Jiménez. El personaje se ha comido a la persona, madre de Dragnaval. Este año es la mano derecha de Paula Álvarez en las galas infantil y de mayores.

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Ya no oculta sus uñas pintadas con brillo y purpurina, que destacan cuando se lleva las manos a la camiseta que luce estampada con Exhuberancia Carey, el drag al que da vida, en tres posiciones. Antes de comenzar, como quien pregunta café o cortado, una aclaración: ¿hablamos con Javier Jiménez Fernández o con Exhuberancia Carey? Para todo el mundo —y también para su marido— es Exhu, el nombre artístico que terminó devorando a la persona. «Menos mi madre, todo el mundo me llama Exhu», admite entre risas. El personaje se comió al Javi, aunque es Javi quien sostiene todo lo que hay detrás.

El agradecimiento como bandera

Hace gala del refrán que dice que es de bien nacido ser agradecido y recuerda la confianza plena y el apoyo que recibió de Geni Afonso, por quien reconoce una profunda admiración. Con ella escribió guiones para algunas galas de mayores, en las que luego participó precisamente a instancias de la propia Geni, quien fue un baluarte para el colectivo. «Siempre que podía contaba con nosotras». Exhu habla en femenino y en plural, porque todas sus conquistas son compartidas.

Dragnaval: una deuda saldada a medias

Hace tres años, gracias al apoyo de Gladis de León al frente de la Concejalía de Igualdad en Santa Cruz, se hizo realidad Dragnaval, un proyecto que goza de gran aceptación y popularidad y que viene a saldar la deuda que tenía el Carnaval con el mundo drag frente al auge vivido en Las Palmas. Se ha ganado una batalla, pero no la guerra.

Javier se maquilla en su casa, donde tiene habilitado su espejo con su luz y los medios que requiere.

Javier se maquilla en su casa, donde tiene habilitado su espejo con su luz y los medios que requiere. / Arturo Jiménez

Ofra, raíces y orgullo

Criado en Ofra, barrio que reivindica con orgullo, Exhu es el pequeño de cinco hermanos, en una familia humilde, numerosa y marcada por los vaivenes económicos. Entiéndase lo de pequeño: nació en 1983 y mide más de un metro noventa y pico centímetros. En su casa «hubo épocas de viajar y otras en las que los vecinos nos prestaban comida». Su padre, Manuel, trabajó toda la vida en la industria cárnica y fue cocinero en la tasca de la Casa del Miedo, donde ensayan Mamelucos, Mamelones…

De veterinaria frustrada a Químicas suspendidas

De niño quería ser veterinario, como tantos otros, aunque la realidad económica lo frenó pronto. «Mis padres fueron claros: no podían costear una carrera en Gran Canaria». Buen estudiante en su infancia, pasó por el Buenaventura Bonet y La Laboral, donde comenzó Ciencias de la Salud con la idea de llegar a Veterinaria. Acabó matriculándose en Químicas, la etapa en la que más estudió… y más suspendió. Duró dos años. El segundo ya trabajaba en El Corte Inglés, desde su apertura en Tres de Mayo, y compatibilizarlo fue imposible.

Creatividad constante y punto de ruptura

La vocación artística siempre estuvo ahí: teatro, radio, cursos, colaboraciones. «Siempre hacía algo creativo, aunque trabajara de otra cosa». Durante doce años fue encargado de tienda, dirigiendo equipos en una multinacional, mientras compaginaba el empleo con Carnaval, actuaciones y proyectos personales. Hasta que llegó el punto de ruptura.

El miedo inicial al mundo drag

Paradójicamente, al principio el mundo drag le intimidaba. «Veía a una drag queen en una discoteca y pensaba que se iba a meter conmigo». No le gustaba la comedia basada en humillar. «Para mí, el humor es para distraer, no para sacar los colores». Su forma de hacer comedia siempre fue otra: reírse desde la complicidad, nunca desde el ataque.

El día que conoció a Soberbia

El cambio llegó al conocer a Soberbia, su pareja y referente. Con ella descubre el transformismo como espacio de libertad y juego. El Carnaval, eso sí, ya estaba presente mucho antes: disfraces improvisados como María Carey cantando Heartbreaker, Letizia Ortiz con anillo incluido o chapapotes durante la crisis del Prestige. «Siempre me travestía en Carnaval, todos los años».

Como si de un parto se tratara, imprescindible maquillaje a diario.

Como si de un parto se tratara, imprescindible maquillaje a diario. / Arturo Jiménez

El origen del nombre

El nombre no es casual. Carey, por Mariah Carey, una referencia inevitable. Exhuberancia, por Beyoncé y su personaje Foxy Cleopatra en Austin Powers, traducido en España como Exhuberancia. «Me gustó porque definía lo que soy: grande, exagerado, chulo. Yo no me podía llamar “Sencita Pacheco”. Exhuberancia ya te dice lo que te vas a encontrar».

La decisión de vivir del arte

Aunque llevaba años actuando, no fue hasta 2022, tras el desgaste laboral pos-COVID, cuando tomó la decisión definitiva: vivir de lo que le hacía feliz. «Te das cuenta de que te tratan como un número y dices: se acabó». Se hace autónomo y se vuelca al cien por cien en Exhuberancia Carey como objeto cultural, no solo como artista.

Proyectos culturales y compromiso social

Desde entonces desarrolla y programa proyectos culturales y sociales: Dragnaval, la Semana del Respeto en Ofra, actividades en Candelaria, la Tombodrag —que lo llevó a La Palma y El Hierro con propuestas intergeneracionales—, charlas con técnicos y antropólogos, y acciones pensadas para llegar tanto a jóvenes como a mayores.

Referentes y memoria histórica

Cuando se habla de referentes en Tenerife, Exhu lo tiene claro: Marcela Rodríguez es una figura clave de visibilidad. «Todo lo que se haga para reconocer su papel es necesario». Recuerda que las personas trans fueron quienes más violencia sufrieron en los años más duros. «Las palizas, las violaciones, la marginación… eso no se puede olvidar».

Bullying, armario y familia

Crecer en Ofra no fue fácil. Sufrió bullying, aunque no lo vivió como un trauma insuperable. «Lo peligroso es cuando el profesor lo ve y lo normaliza». Lloros, insultos, el clásico «mariquita del barrio». No había espacios seguros. «Hoy ves a niños bailando con tacones en el grupo Crews of Dream de Santa Clara y me emociona. En mi época, eso era impensable».

Salió del armario a los 18 años, al empezar la universidad. Primero con algunos hermanos, luego con su madre y, más tarde, con su padre, que lo encajó con dificultad. «Al final nos entendimos antes de que falleciera». El último en saberlo fue un hermano que hoy es uno de sus mayores apoyos.

Asumirse como escudo

Exhu no esquiva las palabras. «¿Maricón? Sí. ¿Gordo? También». Para él, asumirlo es un escudo. «Si yo ya lo tengo claro, ¿qué daño me vas a hacer?». Las uñas pintadas, el maquillaje, la línea negra que no se borra del todo al día siguiente: ya no se esconde. «Antes explicaba; ahora no. Me da igual».

Javi en pleno proceso de preparación en su casa.

Javi en pleno proceso de preparación en su casa. / Arturo Jiménez

Más allá de la etiqueta drag

Sobre etiquetas, lo tiene matizado: se siente más transformista o travesti que drag queen, aunque asume el término porque el fenómeno mediático lo ha engullido todo. «Drag queen se ha comido a las demás palabras». Reivindica el transformismo clásico y la diversidad de formas de estar en escena.

Un personaje que nace en Carnaval

Exhuberancia Carey nace en Carnaval. Su primer maquillaje en solitario fue en 2008, con un traje que hoy «le cabría en el tobillo». En 2009, una gala lo bautiza oficialmente. Desde entonces, el personaje no ha dejado de crecer.

Carnaval, crítica y futuro

Es crítico con el propio Carnaval: «Durante años fue una zona oscura para el colectivo», si bien celebra los avances recientes, aunque reclama más espacios reales y menos simbólicos.

Sobre la incorporación del formato Dragnaval, señala que no fue un proceso sencillo ni inmediato. Atribuye el avance a decisiones políticas concretas y al trabajo tanto de Gladis de León como de su equipo, del que emerge Javier Caraballero al frente de Fiestas, así como a las acciones que desarrolla en paralelo Charín González desde la Concejalía de Atención Social. La idea inicial, recuerda, no nació como un concurso, sino como un concepto distinto que fue tomando forma con el tiempo.

El engranaje desde dentro

Desde el punto de vista organizativo, describe la experiencia como intensa y emocionalmente exigente. Reconoce el desgaste físico y mental, las jornadas interminables y la presión constante de coordinación con grupos, artistas y responsables institucionales.

Exhuberancia Carey, ya lista después de dos horas de preparativos

Exhuberancia Carey, ya lista después de dos horas de preparativos / Arturo Jiménez

A nivel personal, vive una mezcla de agotamiento y felicidad. Aprender, participar activamente y formar parte del engranaje del Carnaval desde dentro le ha permitido conocer una realidad compleja y delicada, donde es necesario un equilibrio constante entre creatividad, sensibilidad y gestión.

El coste de la estética

Finalmente, detalla aspectos más íntimos de su trabajo artístico: el tiempo de preparación, el maquillaje -que puede llevar entre una y dos horas-, el vestuario a medida y la inversión económica que supone cada look. Algunos trajes, especialmente los diseñados para galas como Dragnaval, pueden superar los 600 o 800 euros, sin contar pelucas, complementos y diseño exclusivo.

Subraya que no se trata de un gasto constante, sino de inversiones puntuales que se reutilizan y adaptan a lo largo del año. Vestuario y estética no son solo imagen, sino una extensión del personaje, del mensaje y del lugar que ocupa hoy, en las entrañas del Carnaval.

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