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Reconecta2, la murga como terapia

Volverán a subir al escenario de la gala de los mayores por cuarto año. Son un ejemplo de superar daños cerebrales provocados por accidentes o enfermedades. Con una lección de vida.

Murga Reconecta2

Andrés Gutiérrez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Ocho años han transcurrido ya desde que en el antiguo centro Acamán, que regentaban cuatro Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús en Geneto, se puso en marcha un taller logomusical que fue la antesala de la creación de Reconecta2.

La experiencia estaba dedicada a los usuarios de la Unidad de Día de Daño Cerebral Adquirido y fue propuesta por Natalia Kruis y desarrollada por María García -desde 2021-, una de las tres logopedas, junto a Patricia Heras, coordinadora entonces del centro de día.

Una escuela de vida llamada Reconecta2

La murga Reconecta2 es en sí una escuela de vida. Una realidad que existe desde 2019 y que tres años después se estrenó en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, dentro de la gala de los mayores, y en la pasada edición de la mano de la murga Zeta-Zetas, que incluso les cedió algunos segundos de su actuación en la segunda fase. Su sueño es ahora ser teloneros, por méritos propios, en la final de murgas.

Crecimiento y consolidación del proyecto

Desde hace un año, el centro Acamán ha dejado paso a la Unidad de Día de Daño Cerebral Adquirido, hoy integrada en la Fundación Hospitalaria, que continúa en Geneto. La quincena de pioneros de la murga se ha triplicado hasta alcanzar el medio centenar, y usuarios y trabajadoras integran este proyecto que dirige Vicky Vera.

Especialista en deporte, cerró su etapa en la organización de eventos en Ideco para sumarse a la Unidad de Día, donde mima a esta familia.

Ensayar sin focos, pero con entusiasmo

En una sala sin focos, ni megafonía ni escenografía, habita el entusiasmo. Una televisión que, como si de un karaoke se tratara, permite aprender las letras a los 39 usuarios y quince trabajadores de Reconecta2, una murga distinta. Una murga que da vida.

Sin jurado ni premios, con otro objetivo

El grupo no compite por premios ni tiene la presión del jurado. Su objetivo es otro: reconectar con la vida y en la vida. Así se llaman, Los Reconecta2, un proyecto que aúna las historias de personas que llegaron rotas, asustadas o desorientadas y que encontraron en el Carnaval un camino inesperado de regreso a sí mismas.

Edades y procedencias diversas

Las edades de sus componentes oscilan entre los 25 y casi los 70 años, y las procedencias abarcan toda la Isla: Santa Cruz, La Laguna, Tacoronte, Los Realejos, Santa Úrsula… e incluso más allá, La Gomera o Venezuela.

Goyi, Isabel y Rocío: historias de superación

Goyi es una de las usuarias pioneras. Llegó «por el boca a boca», cuando el recurso apenas se conocía. Venía de terapia ocupacional y arrastraba una patología hepática que la obligó a parar su vida tal y como la conocía. «Me dijeron que se iba a abrir una unidad nueva, que iban a entrar quince personas más. Llamé y aquí estoy», resume con naturalidad. Hoy habla con serenidad de un proceso que, al principio, fue puro vértigo.

Isabel llegó también gracias a alguien que le habló del centro. Su vida cambió tras sufrir un ictus, una palabra que se repite con frecuencia entre los componentes. En el centro, las personas que han sufrido un ictus no son una excepción. Isabel no salía en grupos de Carnaval, pero «lo vivía desde abajo, desde la plaza de España, como espectadora». «Yo era de las que bailaban, pero no de subirse a cantar», admite. Hoy forma parte activa de la murga.

La historia de Rocío se remonta a su infancia. Con apenas tres años le detectaron un tumor cerebral. La operación le dejó una parálisis facial, pero no le robó las ganas de estar, de compartir, de cantar. Lleva cuatro años en el centro y recuerda con emoción el año pasado, cuando subió al escenario con Zeta-Zetas. «Fue una experiencia increíble».

Profesiones, vidas, recuerdos

Antes de la lesión, antes del diagnóstico, antes del accidente, hubo otra vida. Rafa, natural de Los Realejos, fue policía local durante años. Conrado es licenciado en Filología e Inglés, orgulloso de seguir comunicándose y de seguir siendo quien es, aunque nunca llegara a trabajar de lo que estudió. José Ramón fue periodista y llegó a publicar en medios digitales cuando la brecha tecnológica era un muro para muchos. Gustavo, uno de los más jóvenes, con 35 años, estudiaba electrónica cuando sufrió un traumatismo craneoencefálico a causa de una caída. Es venezolano, de Caracas, aunque con raíces canarias. Hoy es uno de los que también aporta a las letras.

Cathaysa trabajaba como administrativa. Llegó derivada por una asociación especializada en daño cerebral. Nunca había salido en una murga y el año pasado se subió por primera vez a un escenario. «Nunca había vivido algo así», cuenta todavía con asombro.

Miguel, con más de siete años en el centro, o Carlos, que no recuerda haber bailado nunca al ritmo de Celia Cruz en la plaza de España, forman parte de la memoria viva que cultiva Reconecta2.

Letras cocinadas en equipo

Aquí las letras no nacen de un autor único ni de una noche de inspiración. Se cocinan en equipo, a fuego lento, explica Vicky Vera. Se parte de músicas conocidas, se adaptan, se prueban, se ensayan en pequeños grupos y luego en conjunto. Se corrige, se quita y se vuelve a poner. El objetivo no es lucirse, sino que el mensaje se entienda.

«Personas que no querían salir ni de broma a un escenario hoy son protagonistas», pone en valor Vicky Vera. Uno de ellos fue Alejandro, que un año salió solo, con todas las luces puestas para él.

Mucho más que una murga

La murga nació como una herramienta desde la logopedia, pero pronto se convirtió en algo transversal: se trabaja la comunicación, la memoria, la autoestima, la socialización y el trabajo en grupo. «Aquí se rompen barreras que no sabíamos que existían», explican las profesionales. Barreras físicas, pero sobre todo mentales.

No todos los usuarios participan; solo quienes quieren. No hay imposición. Ensayar ya es un logro. Subirse a un escenario, un regalo.

Identidad propia en el Carnaval

Hoy, Los Reconecta2 forman parte del calendario carnavalero con identidad propia. No buscan llenar huecos ni ser un número testimonial. Quieren cantar, decir cosas, hablar de inclusión, de discapacidad y de vida. Y el tiempo siempre se queda corto.

Del medio centenar de componentes, la trabajadora que ejerce de directora pone en valor el papel de sus compañeros: «¿Ves a las que están de verde? Sin ellas sería imposible que esto fuera realidad. Ayudan a vestir, maquillar, colocar, cuidar… Sin ese equipo, nada sería posible». La unidad cuenta con 30 plazas, pero el proyecto murguero es ya de todo el centro.

Reconocimiento y futuro

Hace poco, cuando se iba a celebrar una gala específica de discapacidad prevista para el pasado mes de diciembre, llegó otro reconocimiento: un premio del Gobierno de Canarias a la murga, un gesto que confirma el intenso trabajo que realizan.

Los Reconecta2 continúan ensayando mientras se reservan el nuevo tema de este año, que sigue «en el caldero». Para sus componentes, la murga es terapia. Es identidad. Es volver a conectar con la vida. Y piden a Fiestas que les permita dar un pasito más: ser teloneros en la final de murgas. No quieren ser relleno en una gala, sino mostrar que sí se puede reconectar tras la enfermedad.

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