De izq. a dcha, el personaje de Marilyn, el director de la murga Bambones y Manuel Reyes ‘Cantinflas’. Debajo, el Sombrerero Loco, Retorciditos con su traje oficial y la fantasía de la Peluquería del Carnaval. Algunos lamentaban la ausencia de mascarillas en el público como protección, algo que es voluntario.

Las calles del centro de Santa Cruz acogieron en la tarde de ayer el reencuentro con el Carnaval de la calle, después de la edición virtual de 2021, cuando el covid impidió la celebración tradicional de los actos según el formato habitual.

Anoche, desde las 20:00 horas, los más de seis mil componentes del centenar de murgas adultas e infantiles, así como comparsas, agrupaciones musicales y coreográficas, junto a las rondallas, devolvieron la fiesta –que arrancó hace cuatro semanas en el recinto ferial– a la calle.

Como es propio de las Cabalgata, o de los actos de febrero, no faltó hasta un chipi chipi a pesar de los casi treinta grados de temperatura que se vivían al inicio del desfile, el único carrusel de estas características que se desarrolla en este Carnaval de junio; se trata de una versión concentrada de las carnestolendas. Frente a los diez días de celebraciones habituales de las convocatorias de febrero, en junio el Carnaval se limita a cuatro jornadas de programación en la calle. Y de aquella manera. Si atípico es celebrar el Carnaval de febrero en junio, más llamativo comienza arrancar la programación con el Entierro de la Sardina, que tradicionalmente es el acto que anuncia el final de la fiesta; da lo mismo el acto se realice según San Juan, como dijo la organización, al coincidir al Sardina con la víspera del 24 de junio, o porque fuera una idea del director artístico de las carnestolendas, Enrique Camacho.

Sea como fuere, después de un sensacional Entierro de la Sardina, un jueves –en junio no hay miércoles de Ceniza posible–, los grupos lideraron el reencuentro con la calle, aunque ya habían tomado carrerilla el jueves.

A las 20:00 horas, una imagen atípica, pues a pleno día, la Afilarmónica Ni Fú-Ni Fá abrió la Cabalgata en la segunda oportunidad que la encabezaba Agustín Marrero, antes componentes de Los Que Son hasta desembarcar en la murga madre de Canarias como director de la institución.

Según el lugar desde el que se viera, la percepción es desigual. Así, desde el Colegio de San Fernando Rey, en el barrio de Duggi, todo parecía funcionar a la perfección justo hasta llegar a las cámaras de Televisión Canaria.

Allí era un bloque consolidado, con nulos vacíos entre los grupos, lo que pareció ser la excepción que confirmaba la regla ya a partir de la plaza Militar. Pero desde el colegio de San Fernando fue una exhibición de Carnaval.

La Cabalgata fue una exhibición del poderío de imaginación y fantasía gracias a los más de seis mil componentes que lucieron sus fantasías. Incluso, fue día de estreno para Bambones en la primera oportunidad que todos los componentes visten la fantasía que les diseñó Sedomir Rodríguez de la Sierra y que no fue celebrada con los integrantes de la murga de El Cardonal.

La Cabalgata, que supone en encuentro del Carnaval de los concursos con la fiesta en la calle –que ya hizo boca el jueves con el Entierro de la Sardina– comenzó con la Ni Fú-Ni Fá, y detrás las comparsas ganadoras: Cariocas, primero de Interpretación, y Rumberos, segundos. En medio, algunos personajes del Carnaval, incluso llegados de la fiesta de Las Palmas de Gran Canaria, caso del presidente de EEUU, Donald Trump. Luego turno para las murgas, con la ganadora Diablos Locos. En la fila, trío de ases Carvajal. Junto al director que se estrena, Tomy Carvajal, su padre, Maxi, y su hermano, Dani. Día trónico.

Detrás Trabachones, son sabor agridulce para Yone Expósito por las mieles de la murga adulta, de nuevo en final en su segundo año, y con un accésit en Castorcitos, donde escribe las letras que le han valido dos primeros de Interpretación más otros dos con un paréntesis por medio...

Era el arranque del mayor desfile del Carnaval y, en este mes de junio, el único que se desarrolla en una edición atípica. En las aceras, menos público del habitual. La Cabalgata fue una exhibición de que el Carnaval siempre está de moda, sea en febrero o en junio.