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Angelín Merino Autor de letras del Carnaval

«La cantera de los letristas de Gran Canaria está en Tenerife»

«Es una hipocresía dar caña a un compañero y luego subirlo a cantar contigo», opina el autor de letras del Carnaval

Angelín Merino, desde su residencia en Maspalomas, está en posesión del primer Tomás Pérez de la historia del concurso de murgas de Las Palmas de Gran Canaria, y recuerda el trato recibido de los Jallaos Roniaos, que lo homenajearon el año que no les dio el pase. E. D.

Angelín Merino (Agüimes, 1962) lleva sangre andaluza. Está ligado a Serenques, donde fue presidente y letrista. Recuerda el trato que le dieron Jallaos Roniaos. El primer año los llevó a final, el segundo, no, y la murga se plantó en su casa y ‘a los pies de la montaña’ le cantó el pasacalle en Maspalomas.

¿Quién es Angelín Merino?

Una buena persona.

¿De dónde le viene la pasión por las murgas y con dosis de humor en las letras?

Mi vida a así. A todo le doy humor. Me tomo mis enfermedades con humor (padece problemas de visión y ha superado un cáncer).

¿Cómo comienza como letrista?

Serenquenquenes se funda en Agüimes en 1982 y tres años después me incorporé yo. Se marchó Alejandro Arias, que ha sido uno de los mejores que ha tenido la murga, y por casualidad me tuve que poner a hacer letras.

¿Cuándo asume la presidencia?

De mis 21 años en Serenquenquenes, once fui presidente. En 1984 llegué y al año siguiente ya era presidente. Mi abuelo, Reginito ‘el de Los Pedroches’, era poeta en Córdoba y en un reportaje publicaron que en sus tiempos mozo escribió para tunas y chirigotas. La realidad es que empecé a escribir por accidente; a veces se dice que los letristas son por vocación y lo mío fue por obligación.

¿Cómo llega a Serenques?

En 1982, que ya estaba en marcha, había otras murgas. Veía mucho a la Ni Fú-Ni Fá y a los Kika, y también chirigotas. Me gustaba mucho el pique entre islas, siempre con humor; me hacía reír muchísimo. Entré por casualidad porque Serenques entrenaban en un campo de lucha, donde había un bar, mi hábitat natural. Oí unos platillos, me acerqué y, aunque no era mi grupo de amigos, me invitó a entrar y a los diez minutos tenía un platillo en las manos.

¿Cómo asume la presidencia?

Nadie quería ser presidente y de broma le dije a un compañero que yo sí quería, y me lo adjudicaron.

¿A qué se dedicaba?

He trabajado de todo. Primero en la hostelería (camarero, relaciones públicas), luego de coordinador del polideportivo de Agüimes hasta sacarme la plaza de funcionario como notificador del Ayuntamiento de Agüimes, durante 20 años. Mi lema en la vida era ayudar a la gente y en más de una ocasión retuve la comunicación para ganar tiempo y que la persona afectada pudiera gestionar la documentación que le requerían.

¿Qué tal su relación con la gente de otras murgas?

Yo me llevo con todos, aunque soy el único que no soy políticamente correcto. Si yo doy marcha atrás no haría las barbaridades que hice de dejar a mi familia a un lado por la murga.

¿Se arrepiente?

Sí, eso es un pecado de juventud. Si hubiera delegado... hubiera sido menos duro. Yo mandaba a Javi Santana -actual director de Serenques, gracias a la elección de Angelín Merino-, que entonces era un niño, a ver si mi mujer había roto aguas mientras yo estaba en un torneo de fútbol sala. Una cosa impensable. Me he portado muy mal en ese sentido. Y te digo una cosa, luego esa gente no es agradecida. La memoria murguera se borra pronto, no se mima la historia ni a quien ha pasado por los grupos.

¿Se define serenquenquén?

Ha sido la murga en la que comencé y donde estoy, pero no me puedo olvidar de los grupos donde he estado. Aunque yo he sido letrista que ha cobrado por los repertorios, no me ha importado no cobrar cuando las murgas han estado mal. He estado en Serenquenquenes, Legañosos, Rockefellers, Totorotas, pero como los Jallaos Roniaos... Luego estuve en Melindrosos. Pero como Jallaos Roniaos... Soy su letrista honorífico, y mira que en Serenquenquenes soy Serenque de Honor e Insignia de Oro. El primer Tomás Pérez de la historia lo tengo yo, en 1997, con la ‘Razón de la sinrazón’.

Ha sido presidente, letrista y director.

Once de presidente de Serenques y seis de letrista asumiendo la máxima responsabilidad, y salí como director en Como Éramos Poco Parió La Abuela, de Agüimes.

¿Por qué las murgas han perdido protagonismo en favor de los drag?

Los drag no tienen la culpa de que estén tan mal. La culpa de que las murgas se hayan estancado y que llamemos a tan poca gente a ver un espectáculo es porque no hemos cuidado el espectáculo. Yo he respetado todo tipo de letras y de letristas, pero aquí poca gente se estruja el ñame para hacer humor, hacer reír. La gente se va a lo fácil. Debe ser por la vena andaluza de mis padres, siempre me ha gustado más el humor: me gusta más sacar una lágrima de risa que de una crítica, entendiendo que yo he ganado el Tomás Pérez con crítica.

¿Las murgas de Gran Canaria están más para reír o para llorar?

Ahora mismo todo el 70% tira por lo fácil, la crítica. Se pone la retahíla de turno y es lo mismo en todas. La cantera de los letristas de Gran Canaria está en Tenerife.

¿Cómo son sus letras?

Un reflejo de cómo soy yo. Cuando escribo me pongo en el papel del espectador y sé lo que me va a hacer reír. El que va a verlas por primera vez quiere reírse. Ahora mismo quien ve las murgas son los familiares de los componentes y los allegados más allegados, no hay un nuevo público murguero. De hecho se paga 5 euros por la final y no se llena.

Este año el concurso de murgas de la capital cumple 45 ediciones.

Una cosa bonita y a la vez triste. Siempre vamos a rebufo de las cosas y así nos va. Alejandro Arias, que fue director de Serenquenquenes, profesor jubilado y multiusos, hizo un proyecto como EduCarnaval de Diablos Locos sin ánimo de lucro para llevar taller de letras, confección de vestuarios y acercar los valores de la murga a los colegios. Se lo presentó a Inma Medina y Pepe Martín y todavía espera respuesta.

¿El covid justifica que las murgas no salgan este año?

Respeto las decisiones de todas las murgas; nosotros, los Serenquenquenes, no salimos porque así lo decidimos el cien por cien. Lo más prudente era no salir, pero respeto a quien lo ha hecho.

¿Como letrista cantaría a quien decidió salir o dejarlo?

Nunca. Ni nunca cantaría a las murgas que me cantaron. Como letristas no entro en esas jilipolleces. Los letristas no son la voz del pueblo, en todo caso sería la voz de la murga y tampoco, porque las canciones la hacen uno a dos personas... En mi vida he podido hacer más de cien letras y nunca he criticado a otro grupo; siempre he abogado por la unidad del colectivo. Yo he cantado a todo, el 90% a Tenerife con toque irónico.

¿Todo es criticable?

Todo es criticable, pero no un compañero. El aplauso fácil lo podemos conseguir todos, pero pasa a ser vulgar cuando te metes con tus compañeros, tengas más o menos premios. Jamás he permitido hablar mal de otros compañeros donde he estado.

Hay una murga que sube a la final con otra a la que criticó por no salir. ¿Lo ve correcto?

Espera que tomo un buchito (y apura el café). Una de mis primeras canciones se llamaba ‘hipocresía adulta’, y yo titularía eso ‘hipocresía murguera’, o ‘a Dios rogando y con el mazo dando’. Es una hipocresía que le des caña a un compañero y a la vez lo llevas a cantar.

¿Qué le parece que vaya Gambusinos al concurso de Las Palmas de Gran Canaria?

Perfecto, y más si aporta frescura, que es lo que ha hecho. Me encanta, y encima de la provincia.

¿Cuál es la murga que más le gustó de las fases?

Los Gambusinos.

¿Y qué echó de menos?

El murguero a veces no es murguero, sino solo de su murga. A mí me gustan las murgas e intento aprender de todas. Ahora están quienes se inventan el nombre de chirimurgas para camuflar lo verdadero, que son copias de chirigotas. Jamás verás una murga en Cádiz. Hacen chirigotas con otro nombre en Gran Canaria para ganar dinero.

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