En la calle Zinza, en la parte antigua de La Gallega -en el distrito Suroeste-, se descubre lo que podría ser el garaje de una vivienda que Joaquín Cruz ha habilitado como su particular taller para dar rienda suelta al ingenio como evidencia sus puertas, hechas con madera reciclada y tela de saco, y hasta una ventanilla que parece una farmacia. Su interior lo ha acondicionado como el taller de sus fantasías donde crear trompetas de murgas.

Joaquín Cruz tan pronto es capaz de idear y construir unas tarimas, como las que usa en la actualidad la murga Klandestinas, con sede en San Pío, o las de Marchilongas –la primera que hizo–, como de construir el atrezo para vestir las canciones: desde bombos a un carro para facilitar que Minguito, componente de La Traviata, pueda sortear la Cabalgata anunciadora, cuando no se atreve a remedar con materiales reciclados un dron para dar realce a la letra en la que se nombra al artilugio.

El desembarco en el género rey de los concursos del Carnaval se produjo de la mano de Juani Febles, en su primera etapa como director musical de La Traviata, murga que ensaya en El Toscal. La amistad entre ambos, que se remonta a la época del fútbol –Joaquín militó en El Tablero, El Rosario y el San Luis, entre otros y también conoce a Juani de la barriada de Taco– le abrió. “Vete un día al ensayo y prueba y verás que te queda”. Y así fue.

En La Traviata conoció a Juan Díaz, el presidente de la sociedad, que también lo animó a Joaquín a llevar a sus dos hijas, Míriam y Davinia, a la murga infantil Rebobinados, de El Sobradillo, donde el histórico murguero colaboraba por entonces con el montaje musical. La pasión por este género caló en las nuevas generaciones, hasta el punto que su primogénita, después de tres años con la formación infantil de Romén Soriano, pasó a sumarse a la fila de Klandestinas, mientras que Davinia continúa en Rebobinados. En la murga de El Toscal, Joaquín prestó su colaboración también a otro de los ingenieros del Carnaval, Basilio Peraza, el que fuera el manitas de La Traviata, y conoció también a Carlos Casanova, el ministro de Trabajo, porque contaba con Joaquín para construir el atrezo necesario para sus letras.

Después de militar como componente de La Traviata siguió la estela de aquellos componentes que pusieron rumbo a Mamelucos, animado entre otros por el letrista de la Casa del Miedo Airam Bazzocchi, justo el año que la murga de El Toscal había anunciado que no iba a salir por la incidencia de la pandemia (2020).

Ya en la Sociedad Mamel’s, celebró la tradicional reunión de admisión con el presidente, Manolo Peña, en la que le expone a cada aspirante a componente las condiciones para llevar el nombre de mameluco, y acordaron darse un año de prueba.

No ha vestido aún un traje de la murga más laureada en el Carnaval de Tenerife en el apartado de Presentación, y Joaquín Cruz toma el testigo en la Sociedad Mamel’s al recordado Óscar Hernández, fallecido el 18 de noviembre de 2018, todo un referente precisamente en la artesanía de la construcción de trompetas. Precisamente algunas de las joyas que se conservan del magisterio de Óscar en Mamelucos se han convertido en la hoja de ruta para aprender de forma autodidacta cómo se elaboran los instrumentos murgueros, contando también con algunas pistas dadas por Eduardo. “No soy carpintero ni cerrajero, solo una persona humilde que aprendo de todos”. Esta es la máxima que preside cada aventura en la que se mete Joaquín, convencido de que “de cualquier persona se aprende detalles que son útiles”.

El manejo con los tubos plásticos, foniles y las bobinas de hilo no le son ajenas, ya que se adentró en ese mundillo en La Traviata, donde conoció el proceso de construcción que durante el confinamiento, ha desarrollado e intentado perfeccionar, sin más ambición que facilitar el proceso Así, bajo dos grandes cabezas de los últimos disfraces de la factoría Mamels –el león y la vaca, que parecen vigilar la labor de este artesano en su sede de La Gallega–, se descubre casi una docena de moldes en los que poder trabajar los tubos plásticos una vez los llena de arena milán, mejor que la que algunos utilizan de playa, precisa. Un truco para mejorar el acabado en las curvas y evitar las arrugas. El reto: afrontar un proceso en serie, ideando la construcción de la trompeta normal –resultado de la suma de la anilla y el tubo– a otra que ha encandilado a Manolo Peña, y que garantiza el mismo sonido, resultado de hacer la deformación del tubo de un solo tiro.

Luego viene el clavijero, rematado con remaches de patas de silla, o una de las partes más delicadas: el fonil que unos utilizan para dar forma a la trompeta, mientras otros utilizan una bobina de hilo y los más diestros fabrican esa parte deformando un plástico y dándole forma tras someterlo a calor. Luego, tras los remates minuciosos, llega el acabado de pintura.

A su experiencia como trabajador en Bolsa de Aguas, Suministros Corona, repartidor de Mercería Canaria, empleado de cerrajería y de Philips Morris, Joaquín suma su condición de inventor de trompetas o cuantos utensilios precisen los repertorios de Carnaval, un artilugio tasado en unos 40 euros que atesora las miles de horas que pasa en su taller buscando un acabado mejor.

Dos cabezas de los últimos disfraces de Mamel’s parecen vigilar la labor de Joaquín, que trabaja en la producción en serie de murga con el mejor acabado.