Con dos años entre concurso y concurso cabe la cuestión en la charla de un obligado aumento de nivel en las letras de la siguiente edición. Los directores, sin embargo, lo niegan. “O al revés, porque a veces tener mucho tiempo para pensar es malo”, señala Masi. “Las mejores letras salen en dos semanas”, le apoya Lemus. “Puedes tener un gran desarrollo y el día del concurso no conectar”, matiza Xerach. Habrá, con total seguridad, Covid, “porque es lo que está en la calle” pero ninguno considera que sea “un monotema” en todas las murgas.

Ahí, casi irremediablemente, el debate gira hacia lo que es o debe ser “una buena canción”. “Ni nosotros mismo lo sabemos”, reconoce Carvajal, ya que se puede dar el caso de que “funciona la que menos pensabas”. “La Fasnia, se veía que era un temazo desde que se escribió, y cuajó; pero se pudo quedar a medio camino. Mejor que La Escuelita habrás escrito 20, pero ese le gustó a la gente”, pone sobre la mesa el director trónico mientras mira hacia Primi. El propio Rodríguez deja una clave. “Tú puedes escribir con un gusto personal, pero si para el público la mejor canción es esta o aquella, ¿por qué vamos a ser enterados y no darle la razón? Nos debemos al público”, dice.

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El debate se enriquece –y complica– con ejemplos concretos de años anteriores. “Si a gente de mi edad le preguntas por Mamelucos, te dicen el Terremoto (1990), pero ese tema lo ve Javi ahora y donde yo aprecié un pedazo de canción, él se queda sin reaccionar. Y lo mismo sucede con canciones de Singuangos, como la del nudista en el 86, que tengo idealizadas”, argumenta Primi. “Mándale un REA a los pibes de hoy en día y te preguntan ¿eso qué es?”, apostilla enseguida Masi.

Sin concurso real, el gusanillo lo matarán los murgueros con la elección del mejor tema del Siglo XXI y del mejor Premio Criticón. Ahí, la disparidad entre los directores es total. El debate pierde cualquier hilo ya que ni los implicados aciertan a decir qué canciones cuentan con los criterios necesarios. “¿El gorgorito no fue Criticón?”, pregunta Masi, cuestión que también realiza Xerach con Los bancos de 2013. “No me acuerdo”, responde sin tapujos Rodríguez, que admite tener una espina clavada. “Lo que sí recuerdo es que no lo ganamos el Criticón fue con Discapacitados, cuando siempre he dicho que es la canción más importante que hemos hecho”, revela.

A la hora de elegir por meras sensaciones, Lemus se queda con La Fasnia. “Porque me encantan las verbenas”, aclara. A Primi, por su parte, le “impactó la Posesa” de Triquis. “Me hizo reír, que mira que soy malo para eso, pero me gustó muchísimo. Eso sí, reconozco que, como los chistes, cuando la ves repetida, no te hace la misma gracia”, argumenta el de Bambones. “Pues a mí me gustó más la de los siameses”, salta Lemus, apoyado por Masi, para el que es “la mejor canción que han hecho ellos”.

Mínimamente centrados de nuevo en el galardón de mejor canción del siglo, las opiniones son diversas. “Creo que va a ganar Mamelucos porque son dos murgas y pueden tener más gente detrás”, opina Lemus, mientras que Xerach se decanta por La escuelita por el tirón que tiene Bambones. “Si hay que votar gana Fasnia”, añade Primi. “No, no”, replica de inmediato Masi. “Que sí, que ustedes son unos locos”, insiste Rodríguez. Carvajal añade un argumento final y de más peso. “Ganaríamos si hubiera sido por internet, pero los míos no pagan un duro; no van a llamar. Ellos venden lo que sea, pero no pagan”, dice entre carcajadas el responsable de Diablos. El Covid dejado a los murgueros sin concurso. Pero no ha podido robarles su humor y buen rollo.

El concurso de 2022, en el aire

No las tienen todas consigo los directores cuando se les pregunta por si dentro de un año se ven cantando de nuevo donde ayer estaban sentados. “Es complicado decir que en septiembre se van a juntar 90 personas en un local cantando uno al lado del otro y tirándose el vaho”, apunta Xerach. “Tengo mis dudas, pero sobre todo con lo lenta que va la vacunación”, opina Masi. En la misma línea se expresa Lemus, que advierte, la “facilidad con la que se pasa de un nivel a otro”. “Yo sigo disfrutando de este año sabático, y cuando nos digan que se puede ensayar, pues nos pondremos a escribir”, añade el máximo responsable de Zeta-Zetas. El que rompe la baraja es Primi. “Creo que en septiembre estamos ensayando, porque si nos creemos lo que nos dicen los gobernantes, en verano llegará la inmunidad de rebaño. Por eso Bambones empieza a ensayar el primer viernes de septiembre. Todo lo demás es pesimismo”, expresa de una manera contundente, pero también con importantes dosis de sorna.

¿Y si el concurso tuviera que ser sin público en las gradas del Recinto? Primi vuelve a tomar la palabra. “Ahora te estás dando cuenta de que el Carnaval es muy importante para los ciudadanos, y que los grupos le podemos dar un toque de alegría y ayudar a despejar la cabeza de tantas cifras y de tantos muertos. Si se puede hacer y con ello ayudo a alguien a que se lo pase bien vale la pena hacer el sacrificio, que en realidad no se trata de ningún esfuerzo para nosotros. Como si el concurso es a puerta cerrada”, argumenta el bambón en un discurso ratificado por Masi al recordar que “todas las murgas han cantado en Cortefiel ante 50 personas; y también en una fase con poca gente, y te quedas a gusto pese a que no sea la misma sensación que la de la final del concurso de siempre”. Xerach, por su parte, vaticina de una vía alternativa que, “según avance el año” y pese al “intento inicial de hacer cuatro temas como siempre”, obligará a los grupos a “adaptar las normas del concurso a la situación que haya”.