29 de febrero de 2020
29.02.2020

Más que el futuro de la fiesta

Apenas levantan un palmo del suelo y ya manejan con pericia las baquetas o el mazo del bombo. Sus problemas se basan en terminar la tarea a tiempo para llegar a los ensayos pero ya saben que en febrero toca pintarse la cara de payaso o llenarse el rostro de purpurina

28.02.2020 | 22:44
Más que el futuro de la fiesta

Robin Hood corría desesperado junto con Spiderman y una pequeña princesa. Huían de una bruja mientras un muñeco de nieve llamado Olaf vigila la escena desde la distancia. Sus gritos y sus carcajadas se mezclaban con los de otros grupos de niños y niños que correteaban por el asfalto de la calle Méndez Núñez.

Sus juegos no iban a durar mucho, pues estaban a punto de ser llamados al orden por sus padres y madres. Los adultos ya había ocupado sus sitios a lo largo de la acera, bien provistos de agua, zumo, galletas y bocatas, e incluso algunos de ellos también disfrazados. Ya estaban todos preparados para que ante sus ojos desfilara el futuro del Carnaval. Aunque más bien ya son el presente.

Es la estampa inicial del Coso Infantil, acto reservado a los más pequeños y que supone el inicio del fin de semana de Piñata. Mientras unos niños y niñas que quizá aún no son carnavaleros tuvieron que conformarse con verlos pasar, otros, los que llevan varios meses de ensayo y preparación, pasaban delante a ritmo de bombo y platillo, música muy bailable o batucada.

Precisamente, mientras el sonido típico de la comparsa retumbaba a lo lejos, los que iniciaron el trayecto fueron unas mascaritas muy chiquitas: los niños y niñas de los centros infantiles Higo Pico y Payasín que son habituales en el concurso de disfraces del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Siempre aportan su simpatía a la fiesta y en esta ocasión no podía ser menos, especialmente en el caso de los escolares de Payasín que, con fantasía de ratones realizaron el recorrido en medio de un cuadrilatero de red, provocando la risa del público ya que realmente parecían roedores de verdad correteando.

El baile de Tropicana Infantil, única comparsa de esta modalidad de la fiesta chicharrera, dio paso a los palmas de los espectadores e incluso algunos de ellos acompañaban al grupo de Candelaria marcando el ritmo con el pie. Como siempre, como una comparsa adulta, desplegaron sobre las calles del centro de la ciudad su sentido del ritmo, de la coreografía y su espíritu carnavalero. Así les respondía el público con una ovación cada vez que terminaban uno de los bloques de batucada.

Eso sí, los aplausos a Tropicana Infantil casi que se mezclaban con otro tópico de este tipo de actos: el grito de "¡guapa!". La destinataria en este caso era Violeta García, la niña de tan solo cinco años que se coronó esta edición como la Reina Infantil de Los Coquetos Años 50.

A partir de entonces se sucedió un desfile en el que se entremezclaron tanto los grupos coreográficos participantes en la fiesta como las murgas infantiles de las carnestolendas, liderados por las formaciones críticas que obtuvieron premio de interpretación en certamen celebrado en el Recinto Ferial: Castorcitos, Mamelones, Rebobinados y Redoblones.

Todos los grupos destacaron por su simpatía al interactuar con los niños y niñas que presenciaban el desfile, cabe destacar las bromas que permitió a los padres y madres la fantasía de los ganadores del primer premio de presentación. Redoblones, ataviados como el popular Ratoncito Pérez dio mucho juego a los progenitores acerca de los dientes que han ido perdiendo sus retoños.

Eso sí, mención aparte merecen las mascotas. Esos pequeñines que habitualmente desfilan en el frente de la murga y que con solo verlos aparecer es inevitable que surja una sonrisa. Pura ternura y esencia carnavalera. A valorar merece el esfuerzo en murgas como Mamelones cuyos adultos acompañantes (en su mayoría madres) lucieron un disfraz relacionado con la fantasía de la murga, aspecto que ya se mostrara en la Cabalgata del pasado viernes y el Coso del martes.

Los grupos coreográficos tampoco fallan a esta cita, generalmente ataviados con trajes alusivos al lema del Carnaval y que se metieron al público en el bolsillo gracias a para empezar a la música que les acompaña en sus desfiles pero sobre todo por las elaboradas coreografías que prepararon para este tipo de actos. Es el caso del Ballet de Loli Pérez, que asombró con sus cabriolas, o de los escolares del Echeyde, que incluso formaron varios grupos de bailes diferentes.

A los grupos oficiales del Carnaval se unieron mascaritas improvisadas que también quisieron formar parte de este Coso Infantil y que supuso un despliegue de ingenio y creatividad casi tan ágil como el desfile del pasado martes. Igual los parones, pocos pero los que había, obedecen más a la tristeza porque la Piñata anuncia que el Carnaval se acaba.

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