Tras una noche intensa de crítica, humor, simpatía y ternura, el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife conoció los premios de su primer concurso y lo hizo con consenso. El primer premio fue para Castorcitos, que revalidó el puesto más alto del podio del pasado Carnaval, gracias a su combinación entre una musicalidad y afinación casi perfectas y unas letras efectistas. Además, la segunda canción con papel de burbuja sirvió para meterse al público en el bolsillo sin dejar a un lado el contenido.

Y eso que Mamelones dio vuelco al corazón con una actuación trepidante y emocionante. Y con la ayuda de toda la estructura de la Casa del Miedo, que "actuó" desde el público, los pequeños de Antonio García protagonizaron una actuación casi perfecta que les dejó a las puertas del oro. Ambas fueron las mejores actuaciones de la tercera fase, pero el podio se completó con Rebobinados y un accésit para Redoblones.

Murga Castorcitos: pasacalles | Tercera fase del concurso de murgas infantiles del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2020

Mientras, en presentación los galardones fueron para Redoblones, que conquistó al jurado gracias a su fantasía Don Pérez el Rey diseñada por Josué Quevedo. El segundo premio fue a parar hasta Mamelones también de Quevedo y el tercero para Guachipanduzy, de Lito Díaz. Cierran los galardones al mejor disfraz la creación De oca a Oca y ahora sí me toca", de Chinchositos.

La noche arrancó poco después de las 19:00 horas cuando los componentes de Chinchositos empezaron a ocupar el escenario. Sorprendieron nada más empezar a entonar su animada presentación a ritmo de parchís. Precisamente, los colores sirvieron para hilar su primer tema: de rojo un corazón para todos incluido el jurado; el verde para reclamar "una generación que sí sepa cuidarlo", de blanco la paz que todo niño necesita... Lo mejor llegó con la dificultad para elegir el color de la charca de la Plaza de España. Y todo con una vocalización exquisita y con una euforia que a la directora, Emily García Marichal, le costó controlar.

Les costó un poco más lidiar con los arreglos musicales del segundo tema, en el que emularon una ONG (Organización de niños generosos) y en la que sin embargo desplegaron una crítica más contundente, reclamando mejores valores y solidaridad entre los propios menores. La última "para no perder la cantera", en la que más allá de arremeter contra nadie propusieron una reflexión: "¿Qué está pasando en nuestro Carnaval".

Los grandes ausentes del pasado año, Rebobinados, regresó a las tablas del Recinto Ferial con la máxima expectación. No en vano, suponía la vuelta de los ganadores de 2018. En el mundo imaginario de su primer tema animaron al público a nadar en el mar, en el que descubrieron la basura, similar a la estrofa en la que también denunciaron el poco cuidado de los montes. Pecaron de exceso de energía, si bien pocas pegas en la musicalidad.

Fue su propia afición la encargada de llevarles en volandas en su final pidiendo "lo que imaginaron en un mundo real". Una llamada a la concentración fue la excusa del segundo tema, que precisamente destacó por reflejar el mucho ensayo detrás, especialmente en materia de movimientos. En el contenido, divertido los momentos en que recordaban la excesiva actividad de niños "para ahora estar pegado al móvil". "Nos estresa ir de tiendas con mi madre", explicaron sin dejar resuello entre un asunto y otro, aunque todos de corte muy infantil y tan divertidos que las carcajadas sonaron entre las gradas, que lucieron más llenas que las dos noches anteriores.

Con semejante ambiente, le tocó el turno a Mamelones. La Casa del Miedo es sinónimo de calidad y trabajo y se dejó ver desde la presentación coreografiada incluso y con las tablas de su director, Antonio García. Una escuela de periodismo fue la apuesta inicial "para avisar al medio de las injusticias" y con una propuesta de titulares para engarzar la letra, crítica, sobre el cuidado de la naturaleza. Original el debate a cuatro entre los candidatos a delegados sirvió para denunciar la telebasura y reclamar más contenidos educativos. Los reporteros de calle se mudaron a los hospitales para cerrar con un final tan emotivo como bien cantado: homenaje a os voluntarios que cuidan de los pacientes de pediatría.

Prometían hacer un repaso por temas del Carnaval, y lo hicieron desde el principio con fuerza, lamentando la desaparición de murga infantiles de lo que culparon directamente a los padres que no ven la ventaja de estar en un grupo de este tipo. Apostaron por crear cantera también para las rondallas y contaron con una colaboración de lujo: La Sociedad Mamels desde el público. Idéntico sistema para emular una discusión típica entre hombre y mujer con la excusa de un grupo de la canción de la risa. El público puesto en pie para aplaudir hasta la creación de una comparsa de la Casa del Miedo fue su final soñado.

Salir después de la tremenda actuación de Mamelones era una papeleta complicad, pero el público quería más Carnaval y Castorcitos arrancó su actuación con creces, a capella y perfectamente afinados. Similar a la apuesta de Pita Pitos el pasado jueves, el grupo dirigido por Ángel Cabrera envolvió entre emociones su primera canción. Sin dudas en la afinación, gracias a los acordes de Óscar Gómez, cada sentimiento sirvió para realizar una denuncia siempre de contenido infantil, especialmente destacable la relacionada con el miedo por el acoso escolar que llegó al corazón y la alegría que intentó contagiar de amarillo al Recinto Ferial.

Una gran burbuja

De un canto a los sentimientos a uno acerca de la sobreprotección. Envueltos en papel de burbuja, que les sirvió además para un efecto sonoro original. La igualdad de género con un sartén envuelta para el niño y una raqueta para la niña, sirvió para captar la atención del público al que pidió explotar con ellos las burbujas ante situaciones cotidianas estresantes: la guagua que no llega, si llueve y el paraguas no has sacado o las colas en Urgencias... Una canción tremendamente trabajada con una fuerza tal en la final que se metió al público en el bolsillo.

Murgas queremos murgas. Y así durante medio siglo para Rebeldes, que se plantó en el escenario con la seguridad de Airam Hernández en la batuta. Precisamente su aniversario sirvió para engarzar el primer tema, como ancianos "historia viva de este Carnaval". Los cambios en las murgas infantiles que "ya no son como ayer" para empezar porque ahora el futuro "son las murgueras que vemos hoy aquí" o "cuando el pito era parte de mí", y es que las trompetas han empezado a desaparecer. El mejor golpe cuando dijeron que Rebeldes ha sido "cantera hasta de la Fufa".

El reciclaje, hasta de los libros del hermano, supuso la segunda apuesta de la veterana murga, en la que mostraron más dudas en cuanto a la interpretación. La letra fue ganando a medida que avanzaba, aunque el enésimo canto al cuidado del planeta no fue suficiente para conectar con la grada. Aún así una actuación decente, sobre todo teniendo en cuenta el nivel de la noche.

Si Rebeldes tiene tablas, en el caso de la siguiente murga en actuar la experiencia le sobraba a su directora. Lara Coello al frente de sus Guachipanduzy es aval para llamar la atención sobre lo que se desarrolla en el escenario. Un partido políticos de niños, una idea tan chocante como aprovechable, mostró a unos murgueros comprometidos. Con la diversión de saltar en la cama, incluido en su programa, y aceptando sobornos de chucherías aunque "se caigan los dientes porque los tengo de leche". Hicieron cantar al público lamentando todo aquello que tiene plástico y que hay que eliminar, sobre todo "los gobernantes que lo tienen en el cerebro". Final ya más contundente, con la antesala de la defensa de una educación de calidad y con un llamamiento al cuidado del futuro que salvar.

Tras intentar ganar las elecciones, se fueron de viaje por Europa, Asia y Norteamérica tras terminar el cole. La imitación del idioma en su visita a Italia o convertidos en cowboy en California entre los golpes más divertidos, sobre todo por la música elegida al cuidado, aunque sin terminar de explotar. "Mi meta es hacerte reír", cantaron y cierto es que arrancaron un buen puñado de carcajadas.