La oncología a domicilio se abre paso en Canarias con distintas vías
Cada hospital de las Islas adapta la atención extrahospitalaria a las necesidades del territorio y los pacientes, pero los especialistas plantean establecer indicadores comunes para conocer su impacto

El hospital ya no es el único lugar en el que un paciente con cáncer - o cualquier otra patología- recibe su tratamiento. Desde hace dos años, los hospitales de Canarias han comenzado a administrar fármacos a sus pacientes fuera de sus instalaciones, ya sea en el domicilio, en centros de atención especializada (CAE) o incluso, en casos concretos, en el propio puesto de trabajo del paciente. Es por esto que no existe un único circuito válido para todos los centros, ya que el modelo exige adaptarse a las necesidades de cada territorio o paciente. Ahora bien, los profesionales sanitarios coinciden en que hace falta establecer una forma compartida de medir lo qué supone esta atención para los pacientes y para el funcionamiento del sistema sanitario. Esta fue una de las principales conclusiones que se pudieron extraer del encuentro Atención sin fronteras: Canarias impulsa la innovación descentralizada, organizado por Prensa Ibérica y EL DÍA, en colaboración con Roche Farma.
Bajo el título El paciente en el centro: experiencias prácticas de descentralización en los hospitales canarios, responsables de los servicios de Oncología Médica de cuatro hospitales de las Islas y una enfermera especializada debatieron sobre la puesta en marcha de estos programas y las dificultades que han encontrado.
Y es que después de que este nuevo modelo haya logrado consolidarse en los cuatro hospitales de Tenerife y Gran Canaria, el siguiente paso pasa por saber qué está ocurriendo con estos pacientes una vez que el tratamiento sale de las instalaciones, aunque, en realidad, los centros ya recogen parte de esta información -solo que con sistemas diferentes-.
Por este motivo, los profesionales consideran que compartir una metodología permitiría conocer mejor el impacto real de la descentralización.
«Deberíamos hacer algo entre todos los hospitales para recoger cuál es el impacto real en calidad», planteó Delvys Rodríguez, jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Insular de Gran Canaria. En cierto modo esto ya se lleva a cabo de forma individual, así cada centro se encarga de evaluar a sus propios pacientes. Por ejemplo, en El Insular realizan una llamada a la persona que se le ha administrado el tratamiento al día siguiente de para comprobar cómo se encuentra.
Por otro lado, en el Hospital Universitario de Canarias (HUC), donde el programa comenzó en diciembre de 2024, ya se han realizado tres encuestas de satisfacción a los pacientes atendidos en sus domicilios.
María José Martín, enfermera experta en Oncología y miembro del equipo de atención domiciliaria del HUC, aseguró que el resultado obtenido hasta ahora es del 100% de satisfacción. «Incluso hay pacientes que no están dentro del programa y que nos están reclamando los servicios porque cuando van a consulta ya saben que existe esa posibilidad», explicó Martín.
La atención fuera del centro libera puestos del hospital de día y reduce desplazamientos
No obstante, Rodríguez propone ahora unificar criterios para crear un marco común de evaluación. «Los resultados de satisfacción que hemos obtenido son positivos, pero hay que recogerlo de alguna manera porque lo que no se evalúa no existe», apuntó.
En este contexto, la jefe de Servicio de Oncología Médica del HUC, Juana Oramas, propuso que las encuestas que ya utilizan los centros podrían servir como punto de partida para establecer una herramienta común. «La nuestra está protocolizada dentro del sistema de calidad y podríamos pulirla y usarla todos los hospitales», señaló.
En el Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, donde el programa lleva alrededor de cuatro meses, Ruth Afonso, jefe de Servicio de Oncología Médica, considera que todavía es pronto para extraer conclusiones. «Realmente el impacto inicial todavía es difícil de medir porque llevamos pocos meses», apuntó. Sin embargo, el seguimiento ya aporta algunos datos: «El 100% de los pacientes que hemos iniciado siguen tratamiento y lo quieren mantener».
Por su parte, la médico adjunta del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, Saray Galván, explicó que el programa todavía se encuentra en su fase inicial y que estaba previsto comenzar con los primeros pacientes en domicilio en los días posteriores al encuentro.
Más allá de la satisfacción de los pacientes, este modelo también tienen genera efectos sobre la actividad hospitalaria. En el HUC, por ejemplo, ya se han realizado alrededor de 450 administraciones fuera del centro a 52 pacientes. «Si hacemos 440 sesiones fuera del hospital, esas 440 sesiones quedan libres en el hospital de día», explicó Oramas. Por lo tanto, quedan operativos unos puestos pueden destinarse a pacientes que sí necesitan recibir el tratamiento dentro del hospital.
En el Insular, las cifras son mayores. Desde abril de 2025 se han realizado 752 administraciones fuera del hospital y, según Rodríguez, el número se ha multiplicado por tres en lo que va de 2026.
A estos efectos sobre el hospital de día se suman los relacionados con el transporte sanitario y los desplazamientos de los pacientes y sus acompañantes. «Muchos de nuestros pacientes también vienen tanto en ambulancias o en otros dispositivos colectivos del Servicio Canario de Salud (SCS) que se pueden aprovechar y que tan limitados y caros son», señaló Afonso.
Inversión con beneficio en las personas
Y precisamente este asunto fue lo que llevó a los especialistas a discutir sobre ampliar el concepto de coste. Y es que no solo está el precio del fármaco o de los recursos que utiliza el hospital, sino también el tiempo que pierde el paciente o su familia y los desplazamientos que se evitan.
«Cuantificamos lo que cuesta una cama de hospital de día, una enfermera, un médico y un fármaco, pero ¿cómo cuantificamos el día laboral del hijo que viene a traerlo al hospital?», planteó Oramas. «Hay que tenerlo en cuenta y hay que humanizar la cuantificación», subrayó.
Una opinión que compartió Rodríguez. «Canarias es una de las regiones con mayor índice de pobreza y nosotros tenemos pacientes que les cuesta llegar al hospital, que no tienen familiares que les traigan y deben venir en guagua», explicó.
El programa tampoco se plantea como una fórmula obligatoria para todos los pacientes. La posibilidad de recibir el tratamiento fuera del hospital depende de que el fármaco pueda administrarse con seguridad en ese entorno y de las circunstancias de cada persona, pero también de su propia decisión. «Todos los pacientes a los que podamos hacerles la vida un poco más fácil, que podamos mejorar su calidad de vida, pueden beneficiarse», indicó Galván.
En el HUC, por ejemplo, las primeras tres administraciones se realizan en el hospital de día para comprobar que no aparecen reacciones y, después, se ofrece al paciente la posibilidad de continuar en su domicilio. «Es una propuesta para el paciente y el paciente que la acepte o no», señaló Oramas.
Esta flexibilidad permite que los programas se adapten a perfiles muy diferentes. Los pacientes que viven lejos del hospital son uno de los grupos que pueden beneficiarse especialmente, pero también quienes tienen dificultades para desplazarse, carecen de familiares que puedan acompañarlos o necesitan compatibilizar el tratamiento con su actividad laboral. En estos casos, los CAE, el domicilio o incluso el puesto de trabajo pueden convertirse en alternativas al hospital de día.
Este modelo exige la coordinación entre Oncología, Farmacia y Enfermería
Aunque los programas parten de una misma idea, su funcionamiento no es idéntico en todos los hospitales. Mientras La Candelaria ha dividido su área de atención en diferentes zonas y ha comenzado por el sur de Tenerife, el HUC inició el programa en el área metropolitana y está ampliándolo progresivamente hacia otros municipios. En Gran Canaria, el Insular combina el domicilio con los CAE y el Doctor Negrín prepara un circuito que inicialmente se desarrollará en su entorno más cercano.
Por otro lado, la puesta en marcha de estos programas también ha obligado a coordinar a distintos profesionales y servicios. Oncología, Farmacia y Enfermería intervienen en el diseño de los circuitos, a los que se suman otros recursos en función de las características de cada hospital y de su área sanitaria. En La Candelaria, por ejemplo, Afonso explicó que el análisis del circuito contó con oncólogos, enfermería, supervisión, dirección de Enfermería, pacientes y personal encargado de los sistemas informáticos.
«La finalidad de todos es la misma, pero aquí está la muestra de que podemos llegar por diferentes caminos», resumió Oramas. Asimismo, defendió que compartir las experiencias permite conocer qué funciona en cada entorno y adaptar después el modelo a los recursos disponibles.
En este proceso, Rodríguez destacó también el impulso recibido por Roche Farma para poner en marcha el programa: «Sin ellos esto no hubiese sido posible, han sido un socio estratégico y han respaldando el valor de este modelo ante distintos agentes».
Otra disciplina que clave es la Enfermería. Y es que todos los participantes insistieron en la importancia de que Enfermería esté formadas específicamente en Oncología, ya que son quienes se encargan de administrar los tratamientos en el domicilio y mantienen el contacto con el paciente durante la atención fuera del hospital. «No es solamente la administración del tratamiento, sino que en ese momento, que tienes para ponerlo hay un contacto con el paciente que el hospital de día no ofrece, en su ámbito, en su cama, mirando por su ventana», explicó Martín.
Así, son ellas quienes pueden detectar posibles efectos adversos o cambios en su estado. «La especialización de la Enfermería en Oncología permite manejar mejor los efectos secundarios, mejorar la adherencia al tratamiento y, en definitiva, la calidad de vida del paciente», señaló Galván.
La ampliación de estos programas pasa ahora por contar con más recursos y extenderlos a nuevos pacientes y tratamientos. En el Doctor Negrín, por ejemplo, Galván planteó la necesidad de incorporar una enfermera gestora de casos que pueda coordinar las distintas vías de atención y facilitar el seguimiento de los pacientes. Así como ampliar progresivamente la administración fuera del hospital a otros tratamientos que puedan realizarse con seguridad en el domicilio o en los CAE.
Para los especialistas, el objetivo no es reproducir un mismo circuito en todos los hospitales, sino compartir una base que permita evaluar los resultados y, a partir de ahí, adaptar cada modelo a su territorio y a las circunstancias del paciente. «Es enriquecedor contar lo que hacemos cada uno y luego cada uno llega por la vereda que le toque», concluyó Oramas.
Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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