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Arte

Luz Sosa lleva a PHotoESPAÑA el paisaje que desaparece de Teno Alto

La fotógrafa tinerfeña participa en la colectiva ‘Modos de ver’ con ‘Volumen del vacío’, una instalación sobre la memoria, el arraigo y las huellas que deja el abandono del campo

Luz Sosa junto a su instalación.s

Luz Sosa junto a su instalación.s / El Día

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Almudena Cruz

Almudena Cruz

Santa Cruz de Tenerife

Miles de bancales vacíos se extienden por el paisaje de Teno Alto. Donde antes crecían cereales y legumbres quedan ahora terrazas de cultivo que todavía conservan las huellas de quienes las trabajaron. Ese vacío, y sobre todo todo lo que esconde, es el que la fotógrafa y artista tinerfeña Luz Sosa lleva a PHotoESPAÑA con Volumen del vacío, una instalación que utiliza la imagen, el vídeo y las voces de los habitantes del lugar para reconstruir la memoria de un territorio que se transforma.

La obra forma parte de Modos de ver, la exposición colectiva que reúne los proyectos de medio centenar de artistas visuales vinculados al Máster PHotoESPAÑA y que se inaugura este jueves, 3 de septiembre, en el Centro de Arte Complutense de Madrid. La muestra, abierta hasta el día 27, gira precisamente alrededor de cuestiones como la identidad, la memoria y el sentido de pertenencia en un mundo sometido a constantes cambios.

Una imagen de la instalación de la fotógrafa tinerfeña en Madrid.

Una imagen de la instalación de la fotógrafa tinerfeña en Madrid. / El Día

Sosa llega hasta esta cita después de una trayectoria ligada al fotoperiodismo y la fotografía documental, pero también de una búsqueda personal por encontrar otras formas de contar. «Llevo muchos años queriendo buscar otras maneras de narrar las historias», explica. Su intención era alejarse de la inmediatez de la noticia, profundizar en los asuntos que le interesan y explorar lenguajes más expositivos y menos sujetos a una representación estrictamente documental de la realidad. El Máster PHotoESPAÑA le abrió esa posibilidad y su proyecto final desembocó en su presencia en la colectiva.

Una cartografía de la ausencia

Volumen del vacío nace de un trabajo mucho más amplio que Sosa desarrolla desde hace cinco años en Teno Alto. Su propósito es retratar a largo plazo esta comunidad y documentar tanto a quienes viven en ella como el devenir de un territorio que ha sufrido un profundo retroceso de la actividad agrícola y un progresivo éxodo de población. La fotógrafa concibe el proyecto sin una fecha de cierre próxima: puede acompañarla durante diez, quince o incluso veinte años.

Dentro de esa investigación, la pieza que viaja ahora a Madrid pertenece a lo que denomina una «cartografía de la ausencia». La imagen de partida es aparentemente sencilla: extensiones de antiguos bancales de cultivo hoy vacíos. Durante décadas, el secano permitió cultivar cereal y legumbres en este enclave del noroeste de Tenerife, pero la menor presencia de lluvias y el abandono de la actividad agrícola fueron borrando progresivamente ese paisaje productivo.

Sosa, sin embargo, no fotografía únicamente lo que queda. Busca también aquello que ya no puede verse. De ahí que una frase de Max Aub, extraída de La gallina ciega, se haya convertido en una de las claves del proyecto: «Soy un turista al revés y vengo a ver lo que ya no existe». Frente a la representación de Canarias como una sucesión de postales paradisíacas, la artista reivindica otro paisaje: el de la niebla, el frío, la tierra de cultivo y los lugares que explican la relación histórica de los isleños con el territorio.

La pieza forma parte de un proyecto más amplio en el que la artista lleva cinco años documentando esta comunidad rural

Escuchar lo que hubo

Por eso Volumen del vacío no es únicamente una fotografía. La gran imagen del paisaje se combina con un monitor en el que una pieza audiovisual permite escuchar las voces de personas que habitan o habitaron ese espacio y que cuentan qué había allí. Fotografías de archivo y testimonios reconstruyen también una época en la que aquellos terrenos estaban cultivados y la comunidad tenía una población muy superior a la actual. La instalación obliga así al espectador a contemplar un espacio vacío mientras escucha la vida que una vez lo ocupó.

Esa tensión entre presencia y ausencia atraviesa todo el trabajo de Sosa. La fotógrafa investiga una docena de «huellas» que permanecen de una u otra manera en Teno Alto: desde los antiguos cultivos comunitarios hasta las historias vinculadas a las brujas, los animales que convivieron con sus habitantes o el agua. Entre todas ellas hay una que considera esencial: la lluvia.

La ausencia de precipitaciones no es para ella simplemente un dato climático. Supone la desaparición de una forma de cultivar y, con ella, de una manera de habitar el territorio. Entre los relatos recopilados aparece incluso el recuerdo de habitantes que aprendían a nadar en los charcos que se formaban en los barrancos de Teno Alto, una imagen difícil de conciliar con la sequedad que caracteriza hoy algunos de esos espacios.

El dolor por un paisaje que cambia

En esa relación emocional con la tierra aparece otro concepto fundamental en el trabajo de Sosa: la solastalgia. El término, acuñado por el filósofo ambiental australiano Glenn Albrecht, define el malestar que provoca contemplar cómo se transforma o degrada el entorno que una persona reconoce como su hogar. A diferencia de la nostalgia, no requiere haberse marchado: el dolor aparece mientras se continúa viviendo en el propio territorio.

Sosa reconoce esa sensación en Canarias y la convierte en uno de los motores de su obra. A su juicio, existe un dolor compartido ante la transformación de un territorio al que la población de las Islas mantiene un fuerte vínculo emocional. En su caso, esa reflexión se cruza además con una crítica al peso que ha adquirido el turismo y a las consecuencias que, considera, puede tener un modelo volcado en esa actividad sobre el patrimonio cultural y natural.

El interés por Teno Alto tampoco termina en esta instalación. La isla de más allá se ha ido extendiendo a otros lenguajes. Junto al cineasta Miguel Ángel Roland, Sosa realizó previamente una pieza documental sobre un cabrero de la zona y trabaja ahora en Baladero, un largometraje que pone el foco en la fiesta y el baile como una forma de resistencia de una pequeña comunidad rural frente a su posible desaparición. El proyecto se encuentra en una fase avanzada y sus responsables han puesto en marcha una campaña de financiación colectiva para poder concluirlo.

La colectiva

Comisariada por Ana Berruguete, la exposición Modos de ver reúne trabajos que reflejan la diversidad de miradas, lenguajes y preocupaciones que atraviesan la creación visual contemporánea, con la participación de: Alma Medina, Álvaro Cachero, Álvaro Torres Vallejo, Ana Cabrero, Doca Wolf, Ana Garrido Santos, Areli Vargas Colmenero, Beatriz Mínguez de Molina, Carlos Barrios Cachazo, Charlotte Mallat, Claudia Leal, Cindy Durán, Clara Garcia - Villalba, Daniel Vázquez, Daphne Carlos, David Santamaría, Esperanza Merino, Francesca Franchini Maestri, Gonzalo Fontana, Iñaki Aldatz, Jaime Partida, Johanna Ekonen, Johanna Z. Granados Alcalá, Juan Glassford, Álex Bascuas, Laura RDGZ, Leticia Golfarini, Luis Varela, Luz Sosa Contreras, Mar De Luna, María Rojo Tomillo, María Villamayor, Mariela Soldano, Marta Vela Raso, Marta Villa, Maiki García, Mónika Aranda, Noboru Yurugi, Sandra Pereznieto, Simone Strijk, Telmo Meana, Ian Mont, Elsa Suárez.

Mientras, con cerca de cuarenta de exposiciones en su Sección Oficial, el festival internacional de fotografía PHotoESPAÑA celebra su 29ª edición hasta el próximo 27 de septiembre bajo el lema Volver a imaginar, expandiéndose en cerca de 100 exposiciones y sedes con un 65% de artistas mujeres en uno de los encuentros de fotografía más relevantes de la escena internacional.

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