Ciencia
El director del TMT confirma que los socios quieren seguir adelante y estudian la oferta canaria: "Lo que más nos importa es construirlo"
Robert Kirshner, el director ejecutivo del Consorcio TMT, afirma que los socios están estudiando la propuesta de La Palma muy de cerca, aunque aún no han tomado ninguna decisión

El director ejecutivo del consorcio del TMT, Robert Kirshner, en una conferencia en el IAC. / IAC

"Los socios estamos de acuerdo en un punto: construir el Telescopio de Treinta Metros (TMT) es lo más importante". Así de contundente se ha mostrado el director ejecutivo del TMT, Robert Kirshner, en declaraciones exclusivas a EL DÍA, en las que también ha adelantado que aún no hay decisión sobre la suculenta oferta de La Palma para albergar al gigante astronómico. De esta manera, Kirshner ha disipado uno de los miedos que pesaban sobre el futuro del telescopio: que los continuos retrasos, recortes y la presión social acabaran por desilusionar a alguno de los socios y dinamitar el ambicioso proyecto internacional.
Y es que, tras más de diez años de retraso, algunos miembros del consorcio –formado por instituciones científicas de Canadá, Estados Unidos, Japón e India– habían mostrado sus reticencias a seguir financiando un telescopio que no para de encontrar obstáculos en su construcción. Era el caso, según confesó en una entrevista el director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Valentín Martínez Pillet, de Canadá. "El problema fundamental ahora es que la comunidad canadiense está desilusionada con el proyecto. Ha decidido que prefiere entrar el Observatorio Austral Europeo, en la ESO", relataba Martínez Pillet, que insistía en que, de tomar esa decisión, "podría ser la puntilla final" al Consorcio y al TMT.
Aún queda la duda, sin embargo, de si el emplazamiento final del telescopio será o no La Palma. Con apenas quince días de plazo para decantarse, Kirshner afirma que "los socios del TIO están estudiando detenidamente" la ambiciosa propuesta de España y Europa que llega después de diez años de negociaciones entre el IAC y el Consorcio.
Una oferta redonda
La oferta española que ha acercado más que nunca el TMT a España consta de varias piezas. Por un lado, el Gobierno de España ha reservado, a través del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI), un total de 400 millones de euros. A esta financiación se sumarán 600 de Europa: 300 millones de un préstamo del Banco Europeo de Inversiones y otros 300 del Instituto de Crédito Oficial (ICO).
Con esos 1.000 millones de euros, España estaría en la posición de sufragar los sobrecostes que se han ido acumulando durante los últimos años debido a los retrasos que ha sufrido el telescopio y el aumento de costes asociados a la inflación. La última pieza del puzle son los permisos ambientales, con los que cuenta Canarias desde 2019 y que caducarán este septiembre.
España apremia al Consorcio a tomar la decisión antes del 20 de septiembre
Los permisos ambientales ponen ahora el límite a una decisión que el Consorcio lleva toda una década posponiendo. Y es que si bien aún se podrían renovar por más años, España ha querido dar un ultimátum a los socios. "O se construye en La Palma, o no se construirá", sentenció Martínez Pillet.
Kirshner admite que La Palma es un lugar privilegiado para la observación astronómica: "El Roque de los Muchachos se encuentra por encima de las nubes, a casi 2.400 metros de altitud, bajo unos cielos que la legislación española protege de la contaminación lumínica desde hace casi cuarenta años". Sin embargo, la montaña de Mauna Kea, en Hawái –sitio preferente del proyecto– es algo más alto y disfruta más días al año de cielos despejados.
Choque con la comunidad nativa
El único –y no poco importante– problema para los promotores es que los nativos hawaianos no quieren el telescopio en su montaña sagrada. La oposición ciudadana es tan fuerte y arraigada que han conseguido aplazar o detener las obras en diversas ocasiones desde 2014. Además, el proyecto se ha enfrentado en las islas estadounidenses a impugnaciones legales, procedimientos administrativos contenciosos y acciones directas del colectivo Kū Kia’i Mauna (que se traduce literalmente como Guardianes de la Montaña).
El último paso que han dado los nativos hawaianos, a través de la plataforma ciudadana Puʻuhonua o Puʻuhuluhulu, ha sido dar toque de atención a los promotores e inversores del proyecto. En concreto, han reenviado un aviso legal en el que exigen el cese inmediato a cualquier esfuerzo destinado a construir el TMT en la montaña sagrada de Mauna Kea. Una misiva en la que advierten que, de no ser así, pondrán en marcha todas las medidas legales y jurídicas que tengan en su mano para frenar su desarrollo. "El TMT nunca verá su primera luz si mantiene su construcción en Hawái", retan.
En dicha comunicación, los hawaianos –que se apoyan en una petición de Change.org con más de 500.000 firmas– recuerdan que la población de la isla nunca ha firmado el consentimiento "libre, previo e informado" a la construcción del TMT en Mauna Kea y que, a día de hoy, el rechazo es lo suficientemente profundo y amplio como para considerarlo representativo. No en vano, la isla la habitan un total de 1,4 millones de habitantes, por lo que esta campaña está respaldada por el equivalente a un tercio de la población, aunque muchos de los firmantes no vivan directamente en la isla.
Los promotores nunca han renunciado a Hawái pese a las dificultades
Pese a todas las dificultades que se han encontrado durante los últimos 15 años, los promotores no han renunciado nunca a Hawái. La propuesta actual del Consorcio es que, en lugar de instalarlo en lo alto de la montaña sagrada de Mauna Kea; se instale en alguna ubicación en el que hubiera telescopios fuera de servicio para evitar un impacto mayor al medioambiente.
El telescopio que cambiará la comprensión del universo
Estos tiras y aflojas han puesto más de una vez al TMT en entredicho. La última vez, a principios del año pasado, cuando la Administración Trump decidió recortar su presupuesto.
Este telescopio servirá para "detectar las primeras galaxias que se formaron después del Big Bang hasta buscar planetas habitables alrededor de estrellas cercanas", insiste el director ejecutivo, que recalca que "estas grandes preguntas de la ciencia requieren un gran telescopio capaz de captar la débil luz y concentrarla para obtener imágenes nítidas".
En este sentido, el TMT tiene una ventaja frente a los otros grandes telescopios que se van a construir en las próximas décadas: "Es el único telescopio que el cielo del hemisferio norte".
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