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La era del ‘Homo suplementum’

La vida moderna se sirve en cápsulas

El consumo creciente de complementos vitamínicos empieza a erigirse como la vía rápida para mantenerse saludable. La cultura de la solución más inmediata, cultivada al detalle en las redes sociales, pone en jaque la capacidad para esforzarse en dormir ocho horas, hacer ejercicio, comer bien o gestionar el estrés

La vida moderna se sirve en cápsulas

La vida moderna se sirve en cápsulas / La Provincia

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Christian Cárdenes

Hacer deporte, dormir bien o comer pescado ya pueden sustituirse por tomar una pastilla. Es la premisa bajo la que el negocio de los suplementos, un atajo a la salud que pone en jaque los buenos hábitos, está sosteniendo su imperio de más de 2.000 millones de euros en España. Pero los expertos advierten: el mejor multivitamínico es tener un estilo de vida saludable

«¿Alguna vez has soñado con una mejor versión de ti mismo? Más joven, más bello, más perfecto». Podría parecerse a cualquier anuncio que venda los milagros de la cosmética, pero es el comienzo de La sustancia, la película protagonizada por Demi Moore y Margaret Qualley que trata sobre una celebridad del mundo del espectáculo obsesionada con el eterno bienestar. Sí, es una distopía y es ciencia ficción, pero no hay que ser el cinéfilo más empedernido de la sala para entender el mensaje: ¿hasta dónde está el ser humano dispuesto a llegar para alcanzar su mejor versión? Porque el camino hacia la perfección no siempre se esconde detrás de inyecciones, sino también de fórmulas encerradas en cápsulas que prometen mejorar el rendimiento, el descanso o la energía. El mismo sistema, que genera dinámicas vitales y laborales asociadas al estrés y a la necesidad de máxima productividad, ofrece soluciones químicas que mitiguen los efectos nocivos de su propio funcionamiento para, a la vez, seguir operando con ficticia normalidad.

El consumo de suplementos vitamínicos en Canarias no para de crecer. Según la Encuesta de Nutrición de Canarias, el 22% de los isleños los toman, un dato que aumenta hasta el 63% en los runners canarios -más de la mitad, sin orientación profesional- según un estudio de Nutrición Hospitalaria. Entre los preferidos se encuentran los compuestos de vitaminas y minerales, con casi un 50%, seguido de los complementos para el hierro, los polivitamínicos y la vitamina C.

Paradójicamente, al mismo tiempo, se viene percibiendo un descenso del consumo de alimentos que contienen algunos de estos nutrientes. Datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación revelan que Canarias es la comunidad con menor consumo de carne y que el 80% no alcanza la ingesta adecuada de legumbres -dos de las principales fuentes de hierro recomendadas en una dieta equilibrada-. ¿Se han convertido los suplementos una vía rápida para llegar a los niveles óptimos de vitaminas?

¿Y si el mejor multivitamínico fuera dormir ocho horas?

A la sustitución de alimentos naturales por cápsulas se suma la modificación de los hábitos de vida. La cultura del esfuerzo ha sido sorpasada por la inmediatez. Juan Toral, médico de familia y autor del libro El negocio de hacernos creer que estamos enfermos, donde se analiza en profundidad el debate sobre los complementos, cree que la sociedad actual busca soluciones rápidas para todo: «Dormir siete u ocho horas, hacer ejercicio tres veces por semana, cocinar alimentos frescos o aprender a gestionar el estrés requiere esfuerzo. En cambio, tomarse una cápsula parece una solución sencilla y atractiva». También coincide en esta tesis Leticia Zoé, dietista-nutricionista, que asegura que «manteniendo unos hábitos de vida sanos, en general, la mayoría de los suplementos probablemente serían prescindibles».

Entre los hábitos más machacados por la sociedad moderna se encuentra la higiene del sueño. En Canarias, el promedio diario se sitúa en unas 7,2 horas, pero más del 7% duerme menos de seis horas. Además, más del 30% ha consumido hipnosedantes alguna vez en su vida, según la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (Edades). Frente a las dificultades para dormir, muchos canarios han encontrado la solución en suplementos como la melatonina, cuya venta se ha disparado en las Islas. Así lo confirma Iván Rodríguez, farmacéutico y experto en suplementación deportiva. Pero el uso prolongado de melatonina ha sido asociado al riesgo de fallo cardíaco. Un estudio de la Asociación Americana del Corazón pone en alerta a los consumidores y sitúa la probabilidad en un 90% más que quienes no consumen este suplemento.

La Encuesta de Nutrición de Canarias indica que el 22% de los isleños toman suplementos: más de la mitad sin orientación profesional, según un estudio de nutrición hospitalaria

En este sentido, Toral apunta a la medicalización de la vida cotidiana, que fomenta el consumo masivo e indiscriminado de productos químicos para procesos de la vida diaria que tendrían solución. A su juicio, también existe un «enorme interés económico» por parte de la industria farmacéutica. Según datos de la Asociación Española de Complementos Alimenticios, el sector factura más de 2.100 millones de euros anuales. Tras varias solicitudes de contacto a distintas farmacéuticas del país, ninguna ha dado respuesta en el momento de la publicación de este artículo.

Complementos vitamínicos: de las redes a la farmacia

Las farmacias del Archipiélago son testigos directos del auge de estos suplementos. Rodríguez asegura que el aumento del interés por estos productos se remonta incluso a antes de la pandemia. No obstante, confirma que ahora hay una mayor segmentación de complementos particulares que han dejado a un lado a los «típicos multivitamínicos que siempre hemos tenido». Algunos de los pacientes, matiza, vienen preguntando por suplementos que han visto en Internet: «Las redes influyen en qué pedir, pero la farmacia sigue siendo la que filtra y aconseja». Detrás del mostrador también se detectan otros errores comunes, desde la automedicación hasta la toma de suplementos sin mirar las alteraciones, pasando por los fallos en el momento y forma de la toma.

A la consulta de Zoé también acuden cada vez más personas sin la prescripción de ningún especialista: «Diría que el 98%. Lo vieron en Instagram, lo toma su vecino, lo promociona su influencer favorito…». Además, admite que el techo del negocio de los suplementos queda todavía muy alto, dado que el público general apenas conoce «tres o cuatro opciones» y esto, a su juicio, da un profundo margen a las empresas para probar nuevas formulaciones: «Mientras a las personas les siga cautivando la idea de que tomando una pastilla van a estar más sanas, el emporio de los suplementos será eterno».

Entre cuatro y cinco suplementos al día

Suena el despertador en casa de María. Después de preparar a los niños para ir al colegio, comienza su ritual vitamínico: «Los que forman parte de mi rutina habitual son el omega-3, la berberina, el magnesio, la creatina y la proteína». Esta joven grancanaria de 31 años asegura que, al principio, siguió las recomendaciones de una nutricionista para recibir orientación. La decisión de empezar a tomarlos llegó cuando quiso mejorar su rendimiento en los entrenamientos: «Me interesaba cuidar mi salud a largo plazo y prevenir, en la medida de lo posible, ciertas patologías o deficiencias nutricionales».

Pero María admite que no siempre toma los mismos suplementos, ya que los adapta a cómo se encuentre en cada etapa: «Si estoy atravesando una época de mucho estrés o síntomas relacionados con un exceso de cortisol, puedo tomar durante unas semanas rhodiola o ashwagandha; si noto las defensas más bajas, incorporo vitamina C o zinc». En este sentido, los especialistas recomiendan individualizar el tratamiento: «No todo el mundo necesita lo mismo», asegura Iván Rodríguez. Y es que, a pesar de ser suplementos naturales, su reacción puede no ser inocua. El consumo de complementos vitamínicos puede chocar con el consumo de medicación habitual, principalmente en caso de tomar anticoagulantes, antidepresivos o anticonceptivos, entre otros.

Hacer deporte, dormir bien o comer pescado ya pueden sustituirse por tomar una pastilla.

Hacer deporte, dormir bien o comer pescado ya pueden sustituirse por tomar una pastilla. / La Provincia

A pesar de ello, quienes los consumen aseguran haber notado varios cambios positivos. María relata que se siente «con más energía y vitalidad tanto en el día a día como durante los entrenamientos». Y va más allá: «Uno de los cambios que más he notado es una disminución de la inflamación, lo que hace que me sienta más ligera y con una mejor sensación de bienestar general». Eso sí, cuando se le pregunta si los suplementos pueden ser un atajo en el intento por alcanzar una salud plena, desconfía: «Evidentemente, no atribuyo todos estos cambios únicamente a los suplementos. También influyen una alimentación equilibrada y unos buenos hábitos de vida. Sin embargo, considero que la suplementación ha sido un complemento importante para alcanzar esos resultados».

Los más apoyados por la ciencia

Aunque la evidencia científica no es lo suficientemente sólida como para recibir el respaldo de todos los expertos, algunos estudios sí confirman los beneficios de algunos suplementos. Un estudio de la revista Nature Medicine, hecho tras un ensayo clínico, analizó el potencial de un multivitamínico y del extracto de cacao contra el deterioro celular causado por el tiempo. Tras varias comprobaciones, detectaron que un suplemento vitamínico diario podría tener un pequeño efecto protector contra el envejecimiento biológico. Por ello, bajo el paraguas de la prudencia, los expertos no buscan demonizar la suplementación, sino educar en su consumo responsable.

Si tuviera que recomendar varios de ellos basados en la evidencia científica, el doctor Juan Toral se quedaría con la creatina, los suplementos de vitamina B12 y el omega-3, todo bajo la supervisión profesional. Rodríguez coincide especialmente en la creatina, uno de los más apoyados por la ciencia: «Es de mis favoritos, aunque la forma de tomarlo es muy importante. Evita la pérdida de músculo y hay estudios fiables de su uso en la función cognitiva para la memoria y la fatiga». Además, añade el magnesio como otro de sus complementos de cabecera, también entre los más vendidos, cuyos beneficios residen en su utilidad en casos de estrés, calambres, mal descanso o dietas pobres en frutos secos o legumbres.

Datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación revelan que las Islas son la comunidad con menor consumo de carne y que el 80% no alcanza la ingesta adecuada de legumbres

Por otro lado, hay grupos sociales más propensos a necesitar la suplementación. Leticia Zoé apunta, en primer lugar, a las embarazadas, quienes suelen padecer un déficit de ácido fólico y yodo. Siempre en función de cada caso concreto, recomienda mantener los complementos durante el posparto y la lactancia, dado que es «una etapa con una gran demanda de micronutrientes para la mujer». El otro grupo más numeroso de consumidores es la población vegana y vegetariana. No comer ciertos alimentos de origen animal por motivos éticos puede requerir de una pauta vitamínica extra: «La vitamina B12 es indispensable y el omega-3 probablemente también».

Sin embargo, la industria de los suplementos ha tentado a otros colectivos a los que se asocia la falta de nutrientes o vitaminas por razón de edad: «Durante años se ha insistido muchísimo en que las personas mayores tomaran calcio para prevenir fracturas», advierte Toral. «A pesar de ello, hoy sabemos que uno de los factores que más influye en evitar fracturas no es solo la cantidad de calcio, sino mantener la masa muscular». Es donde entra en juego la importancia del hábito de practicar deporte, aunque sea de forma adaptada a la edad: «Probablemente, hacer pesadas tenga un impacto mucho mayor sobre la prevención de caídas y fracturas que añadir comprimidos de calcio», concluye.

Cereales, bífidus y el origen de los suplementos

El auge de estas pastillas mágicas para sustituir algunos hábitos es reciente, no así el uso de alimentos alterados para añadirle un extra de vitaminas. Los suplementos nacieron a principios del siglo XX al calor del descubrimiento de los micronutrientes esenciales. Un bioquímico polaco demostró que algunas enfermedades se debían a deficiencias nutricionales. Poco después, entre 1912 y 1940, se consiguieron sintetizar artificialmente gran parte de las vitaminas que hoy se conocen. De hecho, en 1938, Kellogg’s lanzó al mercado el cereal Pep. Era el primer alimento consumido por un público masivo en ser suplementado, sobre todo con vitaminas B y D.

Algunos estudios sí confirman los beneficios de algunos suplementos.

Algunos estudios sí confirman los beneficios de algunos suplementos. / La Provincia

Ya en el siglo XXI, otro de los productos más codiciados en los lineales de los supermercados han sido los yogures. En particular, el bífidus irrumpió en el ecosistema de la nevera española como un avance de época. La idea de añadir un ejército bacteriano con sabor a plátano, macedonia o frutas del bosque que actuara como caballo de Troya intestinal cautivó a millones de consumidores. Ahora, los especialistas coinciden en que son más caros, pero no son ni mejores ni más sanos. Pero ya era tarde. Estos yogures representan el segmento líder en el mercado de leches fermentadas en España, con un volumen superior al 20%, asociado popularmente a la mejora de la flora intestinal y los probióticos.

En yogures, cereales o en cápsulas modernas, todas estas fórmulas tienen algo en común: la elección del camino recto, cómodo y aparentemente sin obstáculos para llegar al objetivo.

La tentación del camino fácil ha sido argumento de cientos de relatos y fábulas a lo largo de la historia. Desde la liebre y la tortuga hasta el asno cargado de sal, estos cuentos buscan reflejar la importancia de la constancia y el esfuerzo frente a la falsa ilusión de lo inmediato. Y es que la propia ciencia confirma que el cerebro siempre tiende a los atajos. Ahora, la lucha contra la ley del mínimo esfuerzo se libra entre pastillas vitamínicas.

Una de las ventanas más amplias de rentabilidad para las empresas es la nutricosmética.

Una de las ventanas más amplias de rentabilidad para las empresas es la nutricosmética. / La Provincia

Un boom con rostro de mujer

El negocio de los suplementos ha posado su mirada más afilada en las mujeres. La industria sabe que la exigencia por estar radiante es más pesada en ellas que en ellos. Según cifras del Ministerio de Igualdad, casi el 60% de las mujeres españolas de entre 18 y 30 años sienten presión por ser más guapas y por acercarse lo máximo posible a los estándares de belleza que ven en redes sociales. En este contexto, una de las ventanas más amplias de rentabilidad para las empresas es la nutricosmética. Este fenómeno fomenta la idea de que conseguir una piel joven es posible desde el interior a través del consumo de suplementos, alejando el concepto de la cosmética tradicional a base de cremas.

Los datos del Instituto Canario de Igualdad son reveladores: el 82,2% de las mujeres isleñas cambiaría alguna parte de su cuerpo. Parece el filón soñado para quienes se lucran a través de los complejos ajenos, especialmente cuando se fijan estándares de belleza tan altos. El grupo de edad donde más cala este mensaje comprende a las mujeres de entre 26 y 35 años, con un perfil de consumidora marcado por un poder adquisitivo medio-alto y estudios universitarios. Los expertos advierten: el exceso de información no basada en evidencia científica es la piedra angular del auge de las píldoras mágicas.

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