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Suplementos para dormir ¿mejor?

El insomnio crónico afecta a entre un 6% y un 14% de la población española. Se trata de un problema de salud que se agrava por el ritmo de vida actual 24/7 y el uso excesivo de las pantallas

Suplementos para dormir ¿mejor?

Suplementos para dormir ¿mejor? / La Provincia

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El insomnio crónico es un problema de salud. Una de cada dos personas en España se levanta con la sensación de no haber dormido bien. Se considera insomnio crónico cuando una persona duerme mal al menos tres días a la semana durante tres meses o más. Es decir, cuando el problema se ha cronificado en el tiempo. Diversos estudios indican que esto afecta entre un 6% y un 14% de la población.

Según explica Carmen Bellido, coordinadora de la Alianza por el Sueño, hay varios factores que lo explican. Por un lado, la luz artificial ha cambiado nuestras vidas. Actualmente dormimos aproximadamente una hora y media menos que antes. También influye mucho el ritmo de vida que llevamos, el modelo de sociedad 24/7. Se habla de la «pobreza de tiempo»: vamos con prisa y cuando tenemos que quitarle tiempo a algo, normalmente se lo quitamos al sueño. Es lo más fácil y a ello se suma la adicción a las pantallas, la falta de desconexión digital y el teletrabajo, que hace que mucha gente prolongue la jornada porque ya está en casa y no tiene un horario fijo.

Un paciente con problemas de sueño debería acudir a un especialista cuando el problema empieza a afectar a su vida diaria. «Muchas veces la gente se obsesiona con las horas que duerme. Por ejemplo, se piensa que todo el mundo tiene que dormir siete horas, pero no es así. Cada persona tiene unos requerimientos diferentes y además cambian a lo largo de la vida».

No duerme lo mismo un bebé que una persona de 80 años. Además, también cambia la estructura del sueño. Un bebé tiene mucho más sueño REM que una persona anciana. «Por eso, más que fijarse en las horas, hay que fijarse en cómo se está al día siguiente». Una persona puede dormir seis horas, pero al día siguiente funcionar correctamente, sin irritabilidad ni dar cabezadas. Al contrario, alguien puede dormir muchas horas, pero el sueño no es de calidad. Esto ocurre por ejemplo con personas que tienen apneas del sueño. Duermen ocho horas, pero hacen pausas en la respiración y no llegan a entrar en las fases profundas del sueño. Por eso su sueño no es reparador. Esto se manifiesta en síntomas como levantarse con dolor de cabeza, boca seca y somnolencia durante el día. Además, estas personas multiplican por seis el riesgo de tener un accidente, porque pueden quedarse dormidas al volante.

Se habla mucho de los suplementos para dormir. Los más populares son la melatonina, el magnesio y la valeriana. Bellido recalca que «muchos de estos productos no cuentan con una evidencia científica sólida que respalde su eficacia real en el tratamiento del insomnio». Por eso recomiendan que, antes de comprar cualquier suplemento, lo más adecuado sea consultar con un especialista en medicina del sueño, que pueda evaluar si realmente existe un trastorno y cuál es el tratamiento más adecuado.

Benzodiacepinas

Benzodiacepinas / La Provincia

Las benzodiacepinas

Cuando el insomnio se vuelve persistente y afecta a la vida diaria, los especialistas pueden recurrir a distintos tratamientos farmacológicos. Sin embargo, los expertos insisten en que los medicamentos no siempre son la primera opción y que deben utilizarse con supervisión médica.

Las benzodiacepinas son los medicamentos más conocidos y durante décadas han sido los más utilizados para tratar los problemas de sueño. Estos fármacos actúan deprimiendo el sistema nervioso central, lo que produce relajación y facilita el sueño. También se utilizan para tratar la ansiedad, las crisis epilépticas y los espasmos musculares.

Cuando se utilizan para el insomnio, las guías clínicas «recomiendan no utilizarlas más de cuatro semanas, ya que están pensadas para insomnio agudo o situaciones puntuales». Sin embargo, en la práctica muchas personas las toman durante meses o incluso años. De hecho, España es uno de los países con mayor consumo de benzodiacepinas en Europa.

También están los llamados fármacos Z, que son medicamentos más modernos que actúan de forma similar a las benzodiacepinas pero con una estructura química diferente. Se utilizan sobre todo para ayudar a conciliar el sueño. Aunque inicialmente se pensó que eran más seguros, también pueden provocar dependencia y somnolencia residual. Por eso, al igual que las benzodiacepinas, se recomienda un uso corto, generalmente menos de cuatro semanas.

Un bol de nueces.

Un bol de nueces. / Shutterstock

Nueces de noche para mejorar la calidad del sueño

La dieta y los hábitos son dos de los principales factores que afectan al sueño y, recientemente, un estudio publicado en la revista científica Food & Function llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Barcelona (UB) y dirigido por la doctora María Izquierdo-Pulido ha determinado que el consumo diario de nueces mejora de manera «medible y significativa» la calidad del sueño, además de aumentar los niveles de melatonina. «Hay que recordar que los alimentos no son medicamentos. Si hay una patología es necesario el medicamento», aclara la doctora.

Según el estudio, comer una porción diaria de aproximadamente 40 gramos de nueces con la cena podría contribuir a mejorar las medidas de calidad general del sueño y reducir la somnolencia diurna en adultos jóvenes sanos, tal y como se ha podido extraer del ensayo controlado llevado a cabo en jóvenes. La investigación surgió a raíz de un estudio más amplio acerca del sueño en el que identificaron ciertos hábitos que se repetían entre la población joven que afirmaba tener una buena calidad de sueño. En ese estudio previo detectaron que los que mejor dormían consumían frutos secos de forma habitual y decidieron estudiarlos aparte.

La investigación terminó decantándose por las nueces por su perfil nutricional rico en ácidos grasos, proteínas y triptófano, que es un precursor de la serotonina, así como la cantidad de melatonina que contienen. Hasta ahora, las nueces habían sido siempre relacionadas con la salud cardiovascular por su elevado contenido de omega-3 ALA, pero posteriores investigaciones han determinado que su elevado contenido en triptófano, melatonina de origen vegetal, magnesio y vitaminas del grupo B podría favorecer también de forma natural la regulación del sueño.

De este modo, pudieron demostrar cómo el consumo regular de estos frutos secos acortó el tiempo que los participantes tardaban en conciliar el sueño, mejoró las puntuaciones generales de calidad del sueño y redujo la somnolencia diurna autoinformada comparada con un periodo de control sin consumo de frutos secos. «Cómo comemos determinará en cierta manera cómo dormimos y a la inversa. Un descanso pobre suele empujar a consumir alimentos de mayor palatabilidad y peor calidad para reconfortarnos al día siguiente por un simple tema emocional. Asimismo, una dieta inadecuada provoca un peor descanso y de este modo el ciclo se retroalimenta. Por eso las personas que duermen mal tienen una mayor tendencia al sobrepeso», añade la especialista, que destaca también la importancia del ejercicio físico.

Begoña Gómez

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