Corazones de Tejina
"Pedimos trabajo, amor y...¡alegría!": Tejina se encomienda a San Bartolomé con la fruta, flores y confraternidad de sus Corazones
Una marea tricolor formada por más de 5.000 personas se congrega en la plaza de la Iglesia de Tejina para celebrar la fiesta grande del pueblo lagunero y conservar una tradición centenaria a través de las nuevas generaciones y el fervor de quienes sienten Los Corazones desde todos los rincones del mundo

Andrés Gutiérrez

Tres grandes estructuras ornamentales de madera, flores, torta y fruta que emulan la figura de un corazón se alzan sobre los hombros de varios hombres en una abarrotada plaza de la Iglesia de Tejina, en La Laguna. "Este año le pedimos a San Bartolomé trabajo, amor y...¡alegría!", resume Néstor Hernández (apodado como El Pájaro) que se ha encargado de leer la Ofrenda a San Bartolomé ante el fervor de un pueblo que, como cada año (y sin falta), se reúne alrededor de la imagen del santo en una peculiar marea humana tricolor: verde, amarilla y naranja. Las palabras del pregonero parecen despertar el fervor de las más de 5.000 personas que acuden a la cita, pues el éxtasis de inmediato se apodera de la plaza entre vítores y cánticos. No en vano, después de un año de espera, por fin ha llegado el día más esperada por todo este pequeño pueblo lagunero: la fiesta de los Corazones de Tejina.
A las 11:30 de la mañana, con un peculiar repique de las campanas –que demuestra una cierta autoconsciencia musical– , los miles de vecinos, curiosos y turistas que se congregan en la plaza se suman a una avalancha de vítores y aplausos. Lo hacen tan pronto como comienza a sonar el tambor y las panderetas de la comitiva de Calle de Abajo, una de las tres protagonistas de esta historia de piques fraternales y tradición centenaria. Decenas de personas con camisas amarillas descienden por el Camino de la Cruz, aledaño a la pequeña plaza de la iglesia con un ritmo festivo.
Manuel González les espera como todos los años a la entrada de la plaza. "Lo celebro desde el año 1950, desde que tenía tres años", rememora el hombre ataviado con una camiseta amarilla en la que se puede leer "calle Abajo" y un sombrero de paja. Los recuerdos que atesora de su niñez muestran una Tejina muy diferente al moderno pueblo que hoy se alza en uno de los rincones más singulares de La Laguna. "Todo esto era tierra –asegura mientras señala la plaza bien asfaltada frente a la iglesia–, en el centro teníamos un quiosquito donde algunas personas cantaban", relata este tejinero nacido, precisamente, en la calle Abajo. Pese a los cambios, la tradición sigue siendo exactamente la misma –con algunas mínimas variaciones–, y eso es gracias al interés de los tejineros por preservarla a toda costa.
Cuando un surtido grupito amarillo ya viste la plaza, las campanas de la iglesia vuelven a repicar con un pegadizo ritmo, y del mismo Camino de la Cruz empieza a emerger una nueva comitiva, esta vez con camisas de color verde y una consigna clara: "El Pico es cojonudo, como El Pico no hay ninguno". Se trata de los segundos protagonistas de esta arraigada tradición: los vecinos de la calle El Pico.

Tejina se vuelca con la fiesta de los Corazones / Andrés Gutiérrez
Y es que la festividad de los Corazones de Tejina –una tradición que se inició a mediados del siglo XIX– se caracteriza por una amistosa rivalidad entre los nacidos o criados en una de las tres arterias principales del pueblo: calle Arriba, calle Abajo y calle El Pico.
Pero en Tejina no hay imposiciones y el pique nunca se lleva a los extremos. De hecho, Lucy Vera lleva su camiseta verde –y por ende, defenderá a ultranza al corazón de El Pico–, podría también corear a cualquiera de las otras calles. "Tanto mi marido como mi hijo son de la calle de Arriba, así que a mi hijo siempre le he inculcado que sea del corazón que quiera, pero que siga la tradición", explica esta vecina tejinera, que insiste que lo importante es mantener viva la tradición. "No se trata de religiosidad, si no de costumbres, legado y compartir algo juntos", resume la mujer.
Un año de trabajos
Durante todo un año, los vecinos se agrupan en estos tres grupos para confeccionar las grandes estructuras en forma de corazón, decoradas con flores y una pieza de fruta característica de cada facción. "Hablar de Corazones es hablar de historia, tradición y de la escenificación de la unidad del pueblo de Tejina, que es único", resumió el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez. El presidente del Gobierno, Fernando Clavijo, que no quiso perderse la cita, alabó estas "fiestas hechas por el pueblo" y recordó que todos ellos "están un año trabajando y recaudando fondos".

Tejina se vuelca con la fiesta de los Corazones / Andrés Gutiérrez
Los últimos en alcanzar la ya casi intransitable plaza portan camisas naranjas, un corazón formado por piñas y muchas ganas de fiesta. Son los vecinos de la calle de Arriba, que este año han decidido ir "más suave" con el pique entre calles. "Ni siquiera en la camisa han puesto mucho", afirma Samuel Hernández que viste, junto a su mujer y su hijo pequeño, una de color naranja. Sin embargo, adelanta: "En las coplas de las parrandas ya saldrá alguna chanza más".
Una cita que nadie se quiere perder
Hernández no se perdería esta cita por nada del mundo. "Siempre esperamos que llegue este día y, de hecho, me cojo vacaciones para poder disfrutarla", expresa Hernández. No es el único. Una fiesta tan única como los Corazones de Tejina es un imperdible para muchos. "Esto no ocurre en ninguna fiesta. Aquí hay gente que vive en Australia y viene a ver los Corazones", explica Beatriz Jiménez.
Una vez las tres comitivas en la plaza, se alzan los corazones. Aunque a simple vista pueden resultar similares, al examinarlos con detenimiento se puede vislumbrar que la diferencias entre los corazones se manifiesta en la fruta que los corona: piña para el corazón de la Calle Arriba, pera para los del Pico, y limones para los de Calle Abajo.
Cuando la imagen de San Bartolomé aparece las puertas de la iglesia, el pueblo enloquece. El fervor no solo lleva a los tejineros a disfrutar de la fiesta, sino también a todos los demás. El santo es recibido entre vítores, cantos, aplausos y los tres grandes corazones que se alzan frente a él se convierten en el estandarte para quienes gozarán de un nuevo año de buena fortuna.
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