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Interrogatorios íntimos, aislamiento social y doble vida de sus líderes: el control con la fe de los Testigos de Jehová en Canarias

Narzalíes Romero, un antiguo miembro, rompe su silencio para contar la realidad que vivió durante los cinco años que formó parte de la agrupación

El control tras la fe de los Testigos de Jehová.

El control tras la fe de los Testigos de Jehová. / Adae Santana

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Santa Cruz de Tenerife

Charles Taze Russell, un pastor cristiano, creó a finales de 1870 en Estados Unidos un modesto grupo de estudio de la biblia con el objetivo de analizar las escrituras fuera de las iglesias tradicionales. Medio siglo después, esa pequeña agrupación se ha convertido en una organización con más de nueve millones de adeptos agrupados en casi 120.000 congregaciones de 240 países, un presupuesto de cientos de millones de dólares anuales y un vasto patrimonio inmobiliario: los Testigos de Jehová.

A lo largo de este año, han sido múltiples las ocasiones que han estado bajo el foco mediático, no por su fervor religioso, sino por los métodos que sus antiguos miembros denuncian entre bambalinas. Interrogatorios íntimos disfrazados de comités eclesiásticos, castigos para disidentes a través del ostracismo absoluto y dobles vidas de sus líderes son algunos de los hechos que Narzalíes Romero, un ex Testigo de Jehová de Gran Canaria, revela al contar sus vivencias en la orden.

Cuando entré a los Testigos de Jehová, sentí que había encontrado, por fin, a la familia que nunca tuve: un subidón de adrenalina que me hizo sentir imparable

Narzalíes Romero

— Ex testigo de Jehová

«Felices para siempre» es el eslogan sobre el que se vertebró la última asamblea regional de la agrupación en el Archipiélago, en la que más de 7.000 fieles procedentes de las más de 50 congregaciones existentes en la geografía canaria se dieron cita durante el mes de julio en el Gran Canaria Arena.

Cada vez son más las voces discordantes con la organización que afirman que, a pesar de estos lemas incentivando el amor por el prójimo y la dicha ante la vida, los métodos que emplean tras este biombo de fe están orientados a ejercer control sobre los fieles, en contra del bienestar de aquellos adeptos que se salen de una senda marcada por una estructura jerárquica orientada a la anulación del criterio propio.

Viví mi expulsión como la muerte de un familiar. Lo que sientes es un luto. Dejé de existir para la gente con la que había compartido cinco años de mi vida: era como el viento, que se siente, pero no lo puedes ver

Narzalíes Romero

— Ex testigo de Jehová

En febrero de este año, la plataforma HBO Max estrenó la serie documental Sobrevivir al Paraíso: Más allá de los Testigos de Jehová, que revela las normas ocultas, abusos y el control que ejercen mediante el miedo a través de las palabras de antiguos miembros en España. Dos meses después, la Audiencia Provincial de Madrid ratificó que es lícito referirse a la agrupación como «secta destructiva», tras una denuncia interpuesta contra la Asociación de Víctimas de los Testigos de Jehová por menoscabar su derecho al honor. Apenas unos días antes de la Asamblea Regional de Gran Canaria, el periodista David Jiménez dio voz en su canal de Youtube a Abigail, una mujer que logró abandonar el grupo después de 38 años.

Narzalíes Romero nunca tuvo un ambiente familiar modélico. La separación de sus padres durante su infancia y la vida de su madre, inestable y turbulenta, derivó en que tuviera que hacerse cargo de sus hermanos desde una edad muy temprana. «Mi madre siempre tuvo una vida bastante turbia y, durante muchos días, estábamos yo y mis hermanos, a los que tuve que sacar adelante», relata. Esta infancia difícil derivó en unas carencias afectivas que serían el terreno fértil del que brotaría su captación posterior por los Testigos de Jehová.

Primer contacto

Todo comenzó en el año 2018, cuando comenzó a trabajar en un restaurante muy conocido del sur de Gran Canaria. El detonante de su acercamiento a la agrupación fue el propio dueño del local, un hombre joven que, un domingo cualquiera, llegó al negocio junto a su familia. «Iban todos superbien vestidos, los niños incluidos, de traje y corbata», recuerda. Narzalíes, bajo su ignorancia, le preguntó si venían de alguna reunión de empresa. «No. Somos Testigos de Jehová», respondió su jefe.

La sorpresa de Narzalíes fue mayúscula, y rompió de un plumazo la idea preconcebida que tenía de los miembros de la agrupación. «Venga ya, pero si tú no tienes pinta de testigo. Siempre estamos hablando de cachondeo», le dijo Narzalíes a su jefe. «Sí, pero es que los testigos somos personas normales de la calle», respondió. Esa chispa prendió la curiosidad del joven grancanario, que empezó a hacerle preguntas sobre aspectos vitales complejos y cuya respuesta siempre tenía dos matices: estaba relacionada con la Biblia y acertaba en el centro de la diana de lo que Narzalíes necesitaba escuchar.

Todo comenzó con un curso bíblico

Así, entre dudas y réplicas fueron pasando los días hasta que la curiosidad de Narzalíes hizo que su jefe le hiciera una propuesta: «Veo que tienes mucha sed espiritual. ¿Te gustaría que te hicieran un curso bíblico?». El joven aceptó y, sin saberlo, había comenzado a andar por el sendero que le conduciría a experimentar unas de las peores situaciones de su vida.

El curso fue impartido por uno de los líderes de la congregación, conocidos como ancianos. Dentro de la estructura de los Testigos de Jehová, estas figuras representan la máxima autoridad local. Siendo un puesto exclusivo para hombres, se encargan de supervisar, pastorear y tomar todas las decisiones cruciales sobre las medidas de disciplina interna y las expulsiones.

La primera reunión

Volviendo a 2018, Narzalíes continuó con sus clases de estudios bíblicos junto al anciano, hasta que le consideró preparado para asistir a su primera reunión oficial. El joven recuerda que, al asistir a su primera reunión, todos los allí congregados comenzaron a prestarle toda su atención, inmiscuyéndole en una vorágine de amor, simpatía y complicidad que lo desarmó por completo: «Sentí que había encontrado, por fin, a la familia que nunca tuve: un subidón de adrenalina que me hizo sentir imparable», explica.

A partir de este momento y hasta su bautizo, comenzó a adentrarse cada vez más en el mundillo. Asistía a las reuniones y continuaba con sus estudios, deseoso de volverse uno de ellos. Antes de convertirse oficialmente en un Testigo de Jehová, se vio obligado a tomar una difícil decisión: Narzalíes estaba saliendo con una chica que no pertenecía a la agrupación, algo prohibido, por lo que se vio obligado a cortar su relación por motivos de fe. Justo antes de la llegada de la Covid-19, tuvo lugar su bautizo y, oficialmente, Narzalíes Romero era testigo de Jehová.

Estafa de 19.000 euros

Antes de ese momento, tuvo lugar un favor que, posteriormente, se convertiría en pesadilla. El dueño del restaurante en el que trabajaba Narzalíes se aprovechó de la confianza y el vínculo espiritual que se estaba gestando y le pidió ser el avalista para alquilar un BMW que quería regalarle a su mujer por su aniversario, a lo que el joven aceptó de buena fe.

Al tiempo, Narzalíes sufrió un accidente en el que se fracturó las costillas y tuvo que pedir la baja laboral. El dueño le presionó repetidamente para que volviera a trabajar en Navidad por el alto volumen de cenas de empresa, a lo que el joven se negó apelando a los propios principios bíblicos que había aprendido. Ante su negativa, el jefe retuvo pagos que le correspondían durante su baja laboral y, al reincorporarse, le despidió.

La estocada final llega en el año de su bautismo, cuando Narzalíes recibe una llamada de su madre llorando por una notificación judicial: el dueño del restaurante había dejado de pagar las cuotas del vehículo y se había quedado con él, lo que generó una condena judicial y una orden de embargo contra Narzalíes por un valor acumulado de 19.000 euros.

Al contárselo al anciano que le daba clases, este le instó a que no denunciara ni tomara medidas teocráticas internar para «facilitar el pago». En realidad, el anciano estaba reformando una nueva casa que se había comprado el empresario en secreto, utilizando el dinero de una herencia oculta, beneficiándose directamente del hecho.

Hipocresía y vida en pecado

Esta fue la primera prueba de una tendencia común que observó Narzalíes en su tiempo en la agrupación: la doble vida de los ancianos. Mientras que de cara a los fieles son los máximos valedores de la vida en la fe, responsables de que su rebaño siga la senda correcta, confesores y expiadores de los pecados que cometen los fieles, son varios los que por detrás llevan una vida muy distinta a la que imponen al resto de miembros de su misma doctrina.

El mismo anciano que estudiaba con él, además de formar parte de la estafa, mantenía un hábito semanal de reunirse en casa de Narzalíes para emborracharse —algo severamente castigado dentro de los testigos— y le contaba pecados del resto de la congregación, algo que, en teoría, debe ser secreto, como que otro de los líderes fue expulsado tras descubrirse que mantenía una relación de adulterio con otra testigo casada.

Sin ir más lejos, esta misma persona le confesó durante una de las quedadas que solía flirtear activamente con una monitora de gimnasio, a pesar de estar casado. El punto máximo llegó cuando, al abandonar el lugar de encuentro bajo los efectos del alcohol, el líder chocó su vehículo contra una rotonda: un incidente que fue completamente encubierto por los allí presentes.

El principio del fin

Narzalíes continuó su periplo en los testigos de Jehová durante varios años, haciendo su vida junto a otros hermanos espirituales que ahora eran parte de su familia, llegando hasta estar trabajando en una empresa de un testigo en la que sólo trabajaban otros miembros de la agrupación. Sin embargo, en 2023 todo se desmorona cuando empieza a conocer a una chica ‘del mundo’ —que no es testigo—. Con el paso de los meses, se va enamorando de ella hasta que, llegado un momento, mantienen relaciones sexuales.

Consumido por la culpa y las enseñanzas de la organización, que obliga a sus adeptos a confesar sus pecados para alcanzar la paz eterna, confesó el hecho apenas 16 horas después. Esta confesión desencadenó un comité judicial: un proceso de disciplinario en el que, al menos tres ancianos, se reúnen para decidir qué medidas tomar. «Es lo peor que he experimentado en mi puta vida», confiesa el joven.

Tres horas de interrogatorio

El tribunal teocrático lo sometió a un durísimo interrogatorio de tres horas y media de duración, exigiéndole detalles extremadamente explícitos y morbosos sobre su intimidad. «¿Dónde eyaculaste?» o «¿en qué pensabas mientras la penetrabas?» son algunas de las preguntas que recuerda Narzalíes.

La hipocresía del sistema quedó al descubierto en los propios integrantes del tribunal: uno de los tres ancianos que lo estaba juzgando era su propio compañero de borracheras, el que llevaba una doble vida de pecado y al que Narzalíes había encubierto. Finalmente, le comunicaron la decisión final: la expulsión de la agrupación.

Aislamiento social

En los Testigos de Jehová, cuando un miembro es expulsado, el resto de la congregación, ya sean amigos, familiares cercanos o incluso pareja, están obligados a practicar el ostracismo absoluto: sea cuál sea el lazo que les une, deben aislar al pecador y no volver a relacionarse con él. Antes del anuncio oficial en el Salón del Reino —donde se celebran las reuniones—, Narzalíes se despidió de sus amigos más cercanos.

El día del anuncio público, Narzalíes besó a sus amigos en la cabeza y abandonó el salón antes de que pronunciaran su nombre. El vacío, desde ese día, fue absoluto. «Lo viví como la muerte de un familiar. Lo que sientes es un luto. Desde ese momento, dejé de existir para la gente: era como el viento, que se siente, pero no lo puedes ver», relata el grancanario.

Tras pasar por momentos muy difíciles al haber perdido la que fue su familia durante cinco años, Narzalíes consigue rehacer su vida junto a otra ex testigo. Cuando la agrupación se enteró de la unión, revela el joven, fueron acosados hasta en tres ocasiones por ancianos de distintas congregaciones. Hoy en día, Narzalíes se dedica al activismo contra la organización, dándole voz en redes a otras víctimas de esta y otras sectas. «Cuando sales de un grupo coercitivo, aprendes algo que no se olvida: la verdad nunca teme a las preguntas», concluye a modo de lección final.

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